Por primera vez en la historia, una misión aterrizará en la luna de Marte que orbita a solo 6 mil kilómetros del planeta — y si todo sale bien, Japón traerá de vuelta a la Tierra un pedazo de Fobos en 2031
La humanidad ya ha aterrizado robots en Marte, ha recolectado muestras de asteroides y ha enviado sondas a los confines del Sistema Solar. Pero nadie ha tocado nunca las lunas de Marte. La misión MMX — Martian Moons eXploration — de la agencia espacial japonesa JAXA pretende cambiar esto, aterrizando en Fobos y trayendo muestras de vuelta a la Tierra.
El lanzamiento está previsto para finales de 2026. Si todo sale según lo planeado, la sonda regresará con material de Fobos en 2031 — cinco años después de dejar Japón.
Será la primera vez que la humanidad recolecte muestras de una luna de otro planeta. Y si todo funciona, podría ser la clave para entender cómo se formó Marte — y quizás la vida — en el Sistema Solar.
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Fobos: la luna misteriosa que orbita Marte a solo 6 mil kilómetros
Marte tiene dos lunas: Fobos y Deimos. Ambas son pequeñas, irregulares y oscuras — muy diferentes de nuestra Luna.
Fobos es la mayor de las dos, con unos 22 kilómetros de diámetro. Orbita Marte tan cerca — a solo 6 mil kilómetros de la superficie — que completa una vuelta alrededor del planeta en menos de 8 horas.
Para comparar, nuestra Luna está a 384 mil kilómetros de la Tierra. Fobos está 64 veces más cerca de Marte de lo que la Luna está de nosotros.
Y nadie sabe con certeza de dónde vino. Fobos es tan oscura que refleja menos del 7% de la luz solar que recibe — más oscura que el carbón. Su superficie está cubierta de cráteres, y el mayor de ellos, Stickney, tiene casi la mitad del diámetro de la propia luna.
Una teoría dice que Fobos es un asteroide capturado por la gravedad de Marte. Otra sugiere que se formó a partir de escombros de una colisión gigante con el planeta.
La misión MMX pretende resolver esta cuestión trayendo muestras de vuelta a la Tierra para su análisis en laboratorio.

Qué hará la MMX — y por qué es tan difícil
La sonda MMX es un proyecto ambicioso que involucra múltiples fases a lo largo de cinco años.
Después del lanzamiento a finales de 2026, la nave viajará durante aproximadamente un año hasta la órbita marciana.
Una vez allí, pasará meses orbitando Fobos y Deimos, mapeando la superficie, analizando la composición y seleccionando el punto de aterrizaje ideal.
El aterrizaje en sí es extremadamente desafiante. Fobos tiene una gravedad casi inexistente — aproximadamente mil veces menor que la de la Tierra. Un astronauta en Fobos pesaría menos de 100 gramos.
En estas condiciones, aterrizar sin rebotar de vuelta al espacio exige un control absoluto de velocidad y orientación.
La sonda recolectará muestras de la superficie usando un brazo robótico y un mecanismo de perforación. El material será almacenado en una cápsula que será enviada de vuelta a la Tierra.
12 instrumentos científicos a bordo
La MMX lleva instrumentos de cuatro agencias espaciales: JAXA (Japón), NASA (EE. UU.), ESA (Europa) y CNES (Francia).
- Cámaras de alta resolución para mapear Fobos y Deimos
- Espectrómetros para analizar la composición mineral de la superficie
- Radar para estudiar la estructura interna de las lunas
- Instrumentos para medir polvo, radiación y campo gravitacional
Es la primera vez que una misión a Marte cuenta con la participación directa de cuatro agencias espaciales — un nivel de cooperación internacional raro en la exploración del espacio profundo.
La NASA contribuye con un instrumento llamado MEGANE, que medirá la composición elemental de la superficie de Fobos usando rayos gamma y neutrones.

Por qué traer un pedazo de Fobos puede cambiar lo que sabemos sobre Marte
Fobos puede contener algo extraordinariamente valioso: material eyectado de Marte.
A lo largo de miles de millones de años, los impactos de asteroides en la superficie marciana lanzaron fragmentos de roca al espacio. Parte de ese material pudo haber caído en Fobos.
Esto significa que las muestras de Fobos pueden contener, literalmente, pedazos de Marte — incluyendo material de épocas en las que el planeta tenía agua líquida en la superficie.
Encontrar materia orgánica o minerales formados en agua en ese material sería una evidencia poderosa de que Marte ya albergó condiciones favorables para la vida.
Y todo esto sería analizado con equipos de laboratorio en la Tierra — infinitamente más precisos que cualquier instrumento que una sonda pueda llevar.

El camino de vuelta: traer muestras de 300 millones de kilómetros
Recolectar muestras es una cosa. Traerlas de vuelta es otra completamente diferente.
La MMX necesitará despegar de Fobos, entrar en órbita alrededor de Marte y luego iniciar el viaje de regreso a la Tierra — una jornada de cientos de millones de kilómetros.
La cápsula de retorno reentrará en la atmósfera terrestre a velocidad extrema y necesitará ser recuperada intacta.
La JAXA tiene experiencia con este tipo de operación. En 2020, la misión Hayabusa2 trajo muestras del asteroide Ryugu con éxito — demostrando que la agencia japonesa domina el arte de ida y vuelta en el espacio profundo. Pero Ryugu estaba a “solo” 300 millones de kilómetros. Marte puede estar a más de 400 millones, dependiendo de la posición orbital.
La misión MMX no es solo sobre ciencia. Según la JAXA, es “un paso extremadamente importante en la adquisición de nuevas tecnologías de exploración” para futuras misiones al espacio profundo.
Sin embargo, el proyecto enfrenta incertidumbres. En 2024, la JAXA pospuso el lanzamiento de 2024 a 2026 debido a problemas con el cohete H3. La ventana de lanzamiento para Marte es limitada — si pierden la de 2026, tendrán que esperar hasta 2028.
Si todo sale bien, en 2031 científicos de todo el mundo tendrán en sus manos algo que la humanidad nunca ha tenido: un fragmento real de una luna de Marte.
Si todo sale bien y las muestras de Fobos llegan en 2031, ¿encontraremos vestigios de que Marte ya albergó vida — o solo más preguntas sin respuesta?

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