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Mujeres viven una “jornada 7×0” en el trabajo de cuidados, dedican casi 10 horas más por semana al hogar y a la familia y mantienen una rutina invisible que atraviesa feriados, fines de semana y la salud mental

Escrito por Carla Teles
Publicado el 02/05/2026 a las 20:29
Actualizado el 02/05/2026 a las 20:31
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Las mujeres siguen en el centro del trabajo de cuidado en Brasil incluso en feriados y días de descanso, acumulan casi 10 horas semanales más que los hombres en las tareas del hogar y la familia y exponen una sobrecarga histórica que mezcla desigualdad, agotamiento y falta de red de apoyo

Las mujeres siguen asumiendo la mayor parte del trabajo de cuidado en Brasil, incluso en días en que gran parte de los trabajadores logra descansar, como el feriado del 1º de mayo. Según datos oficiales del IBGE, ellas dedican casi diez horas más por semana al cuidado de otras personas y del entorno doméstico, en una rutina que involucra niños, ancianos, limpieza del hogar, compras y organización de la vida familiar.

El tema fue destacado en Brasilia, en el Día del Trabajador, a partir del análisis de la profesora de Trabajo Social de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Cibele Henriques, quien estudia el cuidado desde hace años y define esta realidad como una especie de escala 7×0. Para la investigadora, esta sobrecarga tiene raíces históricas, afecta la salud física, psíquica y social de las mujeres y además ayuda a mantener un engranaje invisible que sostiene a las familias y a la propia sociedad.

Qué significa decir que las mujeres viven una escala 7×0

La expresión utilizada por Cibele Henriques resume una realidad en la que el descanso rara vez llega por completo para las mujeres. Incluso cuando hay un día libre en el trabajo remunerado, el tiempo libre suele ser ocupado por tareas domésticas y de cuidado que siguen exigiendo esfuerzo, atención y disponibilidad.

En la práctica, lo que debería ser una pausa se convierte en más jornada. La investigadora cita la escena común de un feriado soleado que, para muchas mujeres, no representa descanso, sino una oportunidad para lavar ropa, ordenar la casa y adelantar compras. Esto ayuda a explicar por qué la idea de escala 7×0 tiene sentido: el trabajo cambia de forma, pero no se detiene.

Los números que explican la desigualdad en el cuidado

El dato central presentado en el texto es directo: las mujeres dedican casi diez horas más por semana al cuidado de otras personas y del hogar, según el IBGE. Este número da una dimensión concreta a una desigualdad que a menudo parece naturalizada en la vida cotidiana.

La diferencia pesa tanto para quienes trabajan exclusivamente dentro del hogar como para quienes enfrentan la doble jornada. Es decir, la sobrecarga afecta tanto a las mujeres que concentran su tiempo completo en el cuidado familiar como a aquellas que tienen una ocupación remunerada fuera de casa y, aun así, siguen siendo responsables de gran parte de la rutina doméstica.

Por qué el cuidado sigue recayendo principalmente en las mujeres

Para Cibele Henriques, esta distribución desigual no surge por casualidad. Se construye históricamente a través de discursos y símbolos que asocian el cuidado a la figura femenina desde la infancia. La investigadora señala que este proceso comienza temprano, cuando niños y niñas ya reciben estímulos diferentes en los juegos y en las expectativas sociales.

Al niño, la esfera pública. A la niña, la esfera privada. Esta separación, según ella, refuerza la idea de que todo lo doméstico debe recaer bajo la responsabilidad de la mujer. Con el tiempo, este patrón se suma a otros discursos sociales que alivian la exigencia sobre los hombres y aumentan la presión sobre ellas.

El cuidado como trabajo no remunerado que sostiene a la sociedad

Uno de los puntos centrales del análisis de Cibele es que el cuidado no puede ser tratado solo como un gesto de amor o afecto. Para ella, este sentimiento frecuentemente funciona como justificación simbólica para la explotación de una mano de obra femenina que permanece sin remuneración, aunque sea esencial para la reproducción de la vida social.

La profesora resume este razonamiento con una frase contundente: lo que muchas veces se llama amor, en la práctica también es trabajo no remunerado. Este trabajo mantiene a niños, ancianos y familias funcionando, pero cobra un precio alto en tiempo, ingresos, salud mental y posibilidad de autonomía.

Cómo la sobrecarga afecta el tiempo, los ingresos y la salud de las mujeres

Cuando el tiempo de las mujeres es consumido casi integralmente por el cuidado, el efecto va más allá del cansancio. Según Cibele, hay una expropiación real de tiempo y de dinero, porque horas que podrían ser usadas en descanso, estudio, trabajo remunerado o vida social terminan siendo dirigidas al cuidado de los demás.

Esta dinámica produce sobrecarga física, psíquica y social. Al perder tiempo para sí mismas, muchas mujeres también pierden espacio para construir independencia, preservar la salud mental y ejercer elecciones con más libertad. El impacto, por lo tanto, no es solo doméstico. Es económico, emocional y social.

¿Por qué esta realidad pesa aún más sobre mujeres negras y periféricas?

La investigadora destaca que esta escala 7×0 afecta especialmente a mujeres negras y periféricas. Según ella, las mujeres de clase media alta a menudo logran transferir parte de este trabajo, mientras que las mujeres negras y pobres suelen recibir esta obligación de forma más dura y sin alternativas de apoyo.

Esto hace que la desigualdad sea aún más profunda. El peso del cuidado no recae de la misma manera sobre todas las mujeres, y la combinación entre género, clase y raza amplifica la sobrecarga precisamente para quienes ya enfrentan más barreras de ingresos, movilidad y acceso a redes de apoyo.

Divorcio, maternidad en solitario y relaciones desiguales amplían la carga

Cibele también señala ejemplos prácticos de esta desigualdad en el día a día de las familias. Uno de ellos aparece tras el divorcio, cuando a menudo la mujer asume íntegramente el cuidado de los hijos, mientras que la responsabilidad del padre se reduce al pago de la pensión alimenticia.

Ella resalta, sin embargo, que en muchos casos esta diferencia ya existía incluso antes de la separación. Muchas mujeres son madres solas dentro del propio matrimonio, lo que ayuda a mostrar cómo el cuidado ya venía siendo distribuido de forma desigual mucho antes de cualquier ruptura formal de la familia.

Cómo el trabajo de cuidado también se conecta con la violencia de género

La concentración del cuidado en las mujeres no solo produce sobrecarga. También fortalece situaciones de dependencia que pueden prolongar relaciones violentas. Según la investigadora, muchas mujeres permanecen en vínculos abusivos porque no tienen ingresos propios y necesitan seguir cuidando de sus hijos o de otros familiares.

Este punto amplía la gravedad del problema. El cuidado deja de ser solo un tema de rutina doméstica y pasa a conectarse directamente con la autonomía, la supervivencia y la posibilidad de salir de contextos de violencia.

Lo que el envejecimiento de la población puede agravar en los próximos años

Cibele advierte que Brasil deberá enfrentar una situación aún más delicada en los próximos años, porque la población está envejeciendo. Esto significa que más personas mayores necesitarán cuidados al mismo tiempo que el país seguirá conviviendo con muchos niños que también exigen atención permanente.

Sin una política más estructurada, el peso tiende a seguir recayendo sobre las mujeres. Si la demanda de cuidado aumenta y la red pública de apoyo no acompaña, la sobrecarga femenina se profundiza aún más.

¿Por qué la solución también pasa por el Estado?

Según la investigadora, la solución no depende solo de un cambio cultural dentro del hogar. También exige una participación más fuerte del Estado, con una política de cuidados que organice una red de apoyo más amplia y reduzca el peso concentrado en las mujeres.

Hoy, según ella, el sistema de protección social actúa mucho más para evitar o reparar violencias y violaciones de derechos. Sin embargo, el cuidado cotidiano, en situaciones normales, sigue siendo tratado como un problema privado de las familias y, dentro de ellas, como una obligación femenina. Para Cibele, una política de cuidados estructurada podría invertir esta lógica y desahogar a esta mujer.

¿Por qué este debate va mucho más allá del Día del Trabajador?

El hecho de que el tema gane fuerza precisamente el 1º de mayo expone una contradicción importante. Mientras parte de los trabajadores puede descansar, millones de mujeres siguen en actividad dentro del hogar, manteniendo un engranaje que rara vez entra en las estadísticas del trabajo remunerado.

Esto demuestra que la discusión sobre el trabajo no puede detenerse en el empleo formal. Si el cuidado sigue invisible, la desigualdad también permanece oculta. Y mientras esta rutina sea tratada como una obligación natural de las mujeres, el descanso pleno seguirá siendo un privilegio que no todas logran alcanzar.

Si tantas mujeres siguen viviendo una jornada 7×0 dentro de casa, ¿hasta cuándo el trabajo de cuidado seguirá siendo tratado como una obligación silenciosa y no como una responsabilidad que debería ser realmente compartida?

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Carla Teles

Produzco contenido diario sobre economía, curiosidades, el sector automotriz, tecnología, innovación, construcción y el sector de petróleo y gas, con enfoque en lo que realmente importa para el mercado brasileño. Aquí, encontrará oportunidades laborales actualizadas y los principales movimientos de la industria. ¿Tiene una sugerencia de tema o quiere promocionar su vacante? Contácteme: carlatdl016@gmail.com

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