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China resucitó una tecnología secreta que Alemania utilizó en la Segunda Guerra Mundial para sobrevivir sin petróleo y ahora produce plástico a partir de carbón a una escala que ningún otro país puede igualar.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 15/04/2026 a las 23:38
Actualizado el 15/04/2026 a las 23:39
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China convirtió el proceso Fischer-Tropsch, creado por Alemania en la Segunda Guerra, en una operación industrial que fabrica plástico con carbón en lugar de petróleo, apoyada por una innovación de la Universidad de Pekín que redujo las emisiones de CO₂ a casi cero y ya supera el consumo total de carbón de los Estados Unidos.

Se habla mucho de China como líder global en energía solar y coches eléctricos, pero poco se comenta sobre la jugada industrial que puede ser la más ambiciosa de todas: fabricar plástico y productos petroquímicos en masa usando carbón como materia prima. La operación se apoya en el proceso Fischer-Tropsch, técnica de síntesis que la Alemania nazi desarrolló para mantener su industria funcionando cuando perdió acceso al petróleo durante la Segunda Guerra. Pekín no se limitó a copiar el método. Sus científicos lo transformaron hasta el punto de hacerlo viable en proporciones que ningún otro país siquiera intentó reproducir.

La preparación no fue improvisada. Un reportaje del The New York Times señala que China comenzó a construir esta independencia industrial aún durante el primer gobierno de Trump, cuando Xi Jinping impuso como directriz nacional la total autonomía frente a cadenas de suministro extranjeras. El conflicto armado en Irán, que hizo que el petróleo se disparara en los mercados globales, sirvió como prueba de concepto: mientras refinerías asiáticas tradicionales vieron sus costos explotar, China siguió produciendo con carbón doméstico a costos decrecientes.

La innovación científica que viabilizó el plástico hecho de carbón en China

China resucitó el proceso Fischer-Tropsch para fabricar plástico con carbón en lugar de petróleo. La escala industrial ya supera el consumo total de EE. UU.

El proceso Fischer-Tropsch original tenía una falla grave que impedía su uso a gran escala: la cantidad brutal de CO₂ liberada durante la conversión. Científicos de la Universidad de Pekín resolvieron esta limitación con un ajuste mínimo en el proceso catalítico, según reportó la agencia Xinhua.

La inclusión de bromuro de metilo en concentración de solo cinco partes por millón bloquea selectivamente la reacción que genera dióxido de carbono. El resultado: la tasa de emisión cayó de un nivel alrededor del 30% a un nivel inferior al 1%.

Con esta ganancia, el camino quedó libre para escalar la producción a través de Fischer-Tropsch. La conversión transforma gas de síntesis extraído del carbón en olefinas, que son los bloques básicos a partir de los cuales se fabrica plástico.

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Además, investigaciones publicadas por la ACS Sustainable Chemistry & Engineering investigan cómo aplicar el mismo principio para reciclar químicamente residuos plásticos, convirtiéndolos en gas de síntesis y luego nuevamente en olefinas ligeras, lo que crearía un ciclo parcialmente cerrado de reaprovechamiento.

Los números que muestran el tamaño de la apuesta de China en el carbón

La escala de esta operación creció a un ritmo que sorprendió incluso a analistas especializados. Según datos del The New York Times, el volumen de carbón destinado a la fabricación de químicos en el país era de 155 millones de toneladas en 2020; cuatro años después, en 2024, el número ya había escalado a 276 millones.

En 2025, hubo un nuevo avance del 15%, lo que hizo que el carbón consumido por la industria química china, por sí solo, superara la suma de todo lo que los Estados Unidos queman anualmente del mineral.

Del lado de las inversiones, Bloomberg reveló que China Shenhua Energy, la principal minera del país, redujo su presupuesto general en un 16%, pero elevó los recursos asignados a la conversión química de 2,5 mil millones de yuanes a 4,1 mil millones hasta 2026.

El centro de investigación CREA estima que la utilización de carbón en el sector químico avanzó un 20% en comparación anual solo en los seis primeros meses de 2025. En Xinjiang, según el South China Morning Post, se está construyendo la mayor unidad del planeta destinada a transformar carbón en etilenglicol, con una producción proyectada de 2,4 millones de toneladas anuales.

El petróleo caro validó la estrategia de China

La guerra en Irán funcionó como una prueba en tiempo real. Con el barril en las alturas, Rongsheng Petrochemical, una de las mayores refinerías de Asia, perdió hasta un 27% en valor de mercado, según Reuters.

En contraposición, Ningxia Baofeng Energy, que opera millones de toneladas en capacidad de conversión química a partir del mineral, vio sus acciones subir un 30% desde que comenzó el conflicto.

La razón es estructural: mientras el petróleo se encareció para todo el planeta, el carbón extraído dentro de las fronteras chinas permaneció barato. Análisis compilados por Carbon Brief muestran que la prensa estatal china repite un mensaje único: en situación de crisis real, el carbón sigue siendo el recurso sobre el cual el país ejerce control absoluto.

Un ejemplo concreto de esta independencia es el sector de fertilizantes: el 80% de todo el abono nitrogenado producido en China, parte que responde por un tercio de la oferta mundial, ya sale de fábricas que operan con carbón en lugar de derivados de petróleo y gas. El costo final queda por debajo de la mitad del practicado internacionalmente.

El precio ambiental que China aceptó pagar

La ofensiva industrial cobra una cuenta climática considerable. El borrador del 15º Plan Quinquenal (2026-2030) fijó como meta cortar la intensidad de carbono en un 17%, nivel que expertos del CREA y del Financial Times consideraron insuficiente.

En la práctica, este margen permite que las emisiones reales del país suban entre un 3% y un 6% a lo largo del quinquenio.

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El plan sustituye la antigua promesa de reducción gradual en el uso de carbón por un concepto de estabilización del consumo, protegiendo de forma explícita la expansión petroquímica basada en el mineral. Solo los proyectos químicos con construcción prevista hasta 2029 pueden añadir un 2% a las emisiones anuales de CO₂ del país.

La meta final, según Bloomberg, es que China alcance una autonomía del 85% en materiales y químicos avanzados para 2030, reduciendo al mínimo cualquier dependencia externa de petróleo o derivados.

La inundación de productos baratos y el impacto en el resto del mundo

El mercado interno chino, con consumidores aún cautelosos desde la pandemia, no tiene capacidad para absorber toda esta producción adicional de plástico y químicos.

El think tank europeo MERICS advierte que las fábricas chinas vierten sus excedentes en el comercio internacional con márgenes de precio que ningún competidor occidental puede igualar. El superávit comercial del país alcanzó los 1,2 billones de dólares en 2025, alimentado en parte por esta ola petroquímica.

Las consecuencias para otros países son severas. Según MERICS, la Unión Europea pierde hasta 500 puestos industriales por día por no poder competir con los precios establecidos por China. Las compañías chinas sostienen márgenes negativos porque operan con líneas de crédito protegidas y subsidios de gobiernos locales y del gobierno central.

Expertos clasifican el fenómeno como una crisis de sobreproducción con potencial para rediseñar cadenas manufactureras enteras alrededor del globo.

La dualidad que define a China del siglo 21

Beijing opera dos estrategias simultáneas que, a primera vista, parecen contradictorias. En la vitrina global, China bate récords en la instalación de energía renovable y exporta millones de vehículos eléctricos.

Tras bambalinas, ha consolidado su base industrial sobre la misma materia prima que el mundo intenta abandonar: el carbón. La coexistencia de estas dos caras es deliberada y funcional.

El conflicto en el Golfo y el agravamiento de la guerra tarifaria con Washington solo han reforzado la convicción estratégica de Xi Jinping. El resto del mundo puede enfrentar un colapso energético con la escasez de petróleo, pero China ya ha asegurado, dentro de sus propias minas, la materia prima necesaria para que el mayor parque industrial del planeta continúe funcionando.

El proceso Fischer-Tropsch, nacido en Alemania en los años 1930, encontró en el carbón chino del siglo 21 su versión más ambiciosa y más controvertida.

¿Y tú, crees que la estrategia de China de cambiar petróleo por carbón es genialidad industrial o irresponsabilidad climática? ¿Otros países deberían seguir el mismo camino? Deja tu opinión en los comentarios.

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Bruno Teles

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