Investigadores de la Universidad del Sudeste, en China, desarrollaron un cemento capaz de mantener edificios más fríos que el aire ambiente, reduciendo el consumo de energía y emisiones.
Un descubrimiento científico realizado en China puede cambiar la forma en que construimos y habitamos las ciudades. Un nuevo tipo de cemento, desarrollado por investigadores de la Universidad del Sudeste, fue diseñado para mantener edificios naturalmente más fríos. La tecnología reduce el consumo de energía eléctrica, corta emisiones y puede convertirse en una alternativa real al uso masivo de aire acondicionado.
¿Cómo afecta el cemento tradicional a los edificios?
El cemento convencional presenta un problema conocido: absorbe radiación solar y acumula calor.
Esta característica aumenta la temperatura interna de las construcciones, volviendo los ambientes más cálidos y dependientes de climatización artificial.
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El impacto es doble: eleva los gastos energéticos y contribuye a mayores emisiones de gases de efecto invernadero.
Para superar este desafío, el equipo liderado por Wei She modificó la composición del material. Se añadieron diminutos cristales reflectantes de etringita, que funcionan como barreras contra el calor.
Estos cristales permiten que el cemento refleje la luz solar y, al mismo tiempo, emita calor en lugar de retenerlo. Según los investigadores, “transformamos de manera innovadora materiales de cemento de absorbedores de calor en reflectores de calor”.
Resultados prácticos en pruebas internacionales
El rendimiento del nuevo material fue puesto a prueba en diferentes escenarios. En el techo de la Universidad de Purdue, en Estados Unidos, el cemento alcanzó temperaturas 5,4 °C más bajas que el propio aire ambiente en condiciones de sol intenso.
Además, mostró durabilidad y resistencia en análisis mecánicos, ambientales y ópticos, indicando viabilidad para aplicaciones a gran escala.
Impacto en el consumo de energía y sostenibilidad
La investigación también utilizó algoritmos de aprendizaje automático para proyectar el impacto del material a lo largo del tiempo.
Las simulaciones mostraron que el cemento puede alcanzar una huella de carbono neta negativa en hasta 70 años, un hito importante para una de las industrias más contaminantes del mundo.
Si se adopta de forma amplia, esta innovación tiene el potencial de reducir drásticamente el consumo de energía en edificios, que representan hoy cerca del 40% de la demanda global, además de hacer que las ciudades sean más frescas, habitables y sostenibles.
