Separadas por una línea en el suelo, Itambé y Pedras de Fogo comparten orígenes, nombres y tradiciones que resisten a la división entre estados.
Separadas por una línea en el suelo, Itambé (PE) y Pedras de Fogo (PB) forman un caso curioso en el mapa del Nordeste. Las dos ciudades ya fueron un solo poblado y comparten más que una frontera: dividen orígenes, nombres y hasta costumbres.
El nombre “Itambé” viene del tupí y significa “piedra de fuego” o “piedra afilada”. Ya “Pedras de Fogo” es la traducción literal. Esto se debe a la presencia de pedernales, piedras que sueltan chispas al ser friccionadas. Este detalle geológico dio origen a los nombres y marcó la historia de las dos localidades.
Originalmente, el territorio donde está Pedras de Fogo pertenecía a Itambé.
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La capilla de Nuestra Señora del Desterro, construida en el siglo XVII por André Vidal de Negreiros, fue el punto de partida para la ocupación. Con el tiempo, las dos se convirtieron legalmente en entidades separadas. Itambé permaneció en Pernambuco. Pedras de Fogo fue anexada a Paraíba.
Cultura que atraviesa fronteras
A pesar de la separación política, los habitantes de ambas mantienen lazos fuertes. Costumbres, fiestas y tradiciones siguen compartiéndose, como si la frontera no existiera.
El rasgo común está en el día a día y en las memorias de la población.
Las piedras que dan nombre a las ciudades simbolizan más que fuego: representan la fuerza de sus habitantes. Itambé se destaca en la producción de caña de azúcar. Pedras de Fogo, en el cultivo de piña. En ambos lados de la línea, hay trabajo e identidad.
A pesar de ser estados diferentes y tener legislaciones distintas, Itambé y Pedras de Fogo continúan próximas. Lo que fue un solo poblado aún pulsa como una sola alma, dividida solo por adoquines.

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