Ceremonia histórica en Durazno puso fin a casi cinco décadas de operación de los A-37 Dragonfly en Uruguay y abrió espacio para los nuevos A-29 Super Tucano de Embraer, elegidos para modernizar la vigilancia aérea, el entrenamiento avanzado y las misiones de ataque ligero de la Fuerza Aérea Uruguaya.
Después de casi cinco décadas de operación continua, la Fuerza Aérea Uruguaya cerró oficialmente el ciclo de los Cessna A-37B Dragonfly, aeronaves de ataque ligero que atravesaron diferentes generaciones de la aviación militar del país y se convirtieron en un símbolo histórico del Escuadrón Aéreo N° 2.
La ceremonia de despedida tuvo lugar en la Brigada Aérea II, en Durazno, el 11 de mayo de 2026, coincidiendo con las conmemoraciones por los 75 años de la unidad responsable de la operación de los jets a lo largo de prácticamente toda su trayectoria operacional.
Con la retirada definitiva de los Dragonfly, la FAU inicia una nueva etapa basada en la incorporación de los Embraer A-29B Super Tucano, seleccionados para modernizar misiones de entrenamiento avanzado, vigilancia aérea y ataque ligero dentro de la actual estructura militar uruguaya.
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Además de las seis aeronaves previstas en el contrato, el paquete incluye simulador de vuelo, equipos de misión, soporte técnico y una estructura logística orientada a la adaptación operacional del nuevo modelo dentro de la fuerza aérea uruguaya.
El A-37 Dragonfly deja la aviación uruguaya después de 49 años
Cuando los primeros A-37B llegaron a Uruguay, el 31 de octubre de 1976, la aeronave rápidamente asumió una posición central en la capacidad de ataque ligero de la aviación militar local, permaneciendo activa en entrenamiento avanzado, misiones tácticas y tareas limitadas de defensa aérea.
Desde entonces, el modelo fue utilizado en entrenamiento avanzado, misiones de defensa aérea limitada y actividades tácticas del Escuadrón Aéreo N° 2.
Originalmente derivado del entrenador T-37 Tweet, el Dragonfly fue adaptado para operaciones de contrainsurgencia y apoyo cercano, combinación que permitió al modelo operar durante décadas incluso en un escenario de presupuesto restringido y renovación limitada de equipos.
En el caso uruguayo, la simplicidad de operación y el costo más bajo en relación con cazas más complejos ayudaron a prolongar su permanencia en servicio.
A lo largo de las décadas, la FAU reforzó la flota con aeronaves recibidas de Estados Unidos y ejemplares de segunda mano provenientes de países como Chile y Ecuador.
Parte de estas células fue incorporada a la operación, mientras que otras sirvieron como fuente de piezas para mantener los jets en condiciones de vuelo.
Registros especializados indican que Uruguay operó alrededor de 16 aeronaves A-37 durante la vida útil del modelo.
Algunas se perdieron en accidentes, y otras fueron retiradas de la línea de vuelo debido al desgaste estructural, la edad avanzada y la creciente dificultad de mantenimiento.
CRUZEX mantuvo los Dragonfly activos en ejercicios multinacionales
Aunque ya considerado un modelo veterano, el A-37B continuó presente en ejercicios multinacionales y preservó la integración operacional de la FAU con otras fuerzas aéreas de América del Sur a lo largo de los últimos años de actividad.
Entre estas actividades estuvo la CRUZEX, realizada en Brasil, que reúne aeronaves de diferentes países en escenarios combinados de entrenamiento.
En las participaciones uruguayas, los Dragonfly actuaron en misiones compatibles con su perfil, como ataque ligero, entrenamiento táctico y empleo coordinado con otras plataformas.
La presencia del modelo en estos ejercicios reforzó su papel como aeronave limitada por la edad, pero aún útil dentro de misiones específicas.
La permanencia del A-37 durante 49 años también reflejó las restricciones presupuestarias enfrentadas por Uruguay para renovar su aviación de combate.
Mientras otras fuerzas reemplazaron aeronaves antiguas por sistemas más modernos, la FAU mantuvo los Dragonfly activos con apoyo técnico, reutilización de piezas y planificación gradual de transición.
Embraer A-29 Super Tucano inaugura nueva fase de la FAU
La transición a la nueva fase operacional comenzó a concretarse en febrero de 2026, cuando los dos primeros A-29B Super Tucano entregados por Embraer llegaron oficialmente a la Base Aérea de Durazno.
La escena de la llegada a Durazno tuvo un simbolismo especial porque los nuevos turbohélices fueron escoltados por aeronaves A-37, en un paso directo entre generaciones.
El contrato con Embraer fue estructurado para alcanzar seis aeronaves A-29 Super Tucano.
El pedido incluye servicios logísticos integrados, simulador de vuelo y equipos de misión, elementos considerados esenciales para la adaptación operativa de la FAU al nuevo sistema.
Aunque no es un jet, el A-29 ofrece características más alineadas con el perfil actual de las misiones uruguayas.
La aeronave combina aviónica moderna, menor costo operativo, buena autonomía y capacidad de emplear armamentos convencionales y guiados, además de operar en misiones de entrenamiento avanzado y patrulla.
Vigilancia aérea y patrulla de fronteras entran en el foco operacional
Dentro de la planificación de la FAU, el nuevo modelo deberá ampliar las capacidades de vigilancia del espacio aéreo, patrullaje de fronteras y respuesta a amenazas de baja intensidad, áreas consideradas prioritarias para el actual perfil operacional uruguayo.
Este cambio reduce la dependencia de una flota envejecida y permite concentrar recursos en una aeronave más reciente, con mayor disponibilidad esperada.
La despedida de los A-37B también tuvo un peso institucional al coincidir con los 75 años del Escuadrón Aéreo N° 2.
La unidad fue responsable de mantener el Dragonfly en operación durante generaciones de pilotos, mecánicos y equipos de apoyo ligados a la aviación de caza uruguaya.
Con la jubilación de los jets, Uruguay cierra una etapa marcada por la longevidad de una aeronave que sostuvo capacidades básicas de combate por casi cinco décadas.
A partir de ahora, el foco se traslada a la consolidación del A-29B Super Tucano como plataforma principal de entrenamiento armado, patrulla y ataque ligero.
La transición no solo cambia el equipo utilizado por la FAU. También reorganiza las prioridades operativas, desplazando el centro de la capacidad aérea hacia misiones de vigilancia, respuesta rápida y empleo de menor costo, dentro de las necesidades actuales del país.

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