BRICS expandió su poder y amenaza la hegemonía de EE.UU. Trump quiere retaliar con tarifas agresivas, pero puede acabar fortaleciendo aún más el bloque.
La expansión del BRICS en enero de 2024 representó uno de los momentos más significativos de la geopolítica reciente.
La adhesión de seis nuevos miembros — Arabia Saudita, Argentina, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán — amplió el peso económico y estratégico del bloque, convirtiéndolo en una fuerza aún más relevante en el escenario global.
Brasil, bajo la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva, desempeña un papel fundamental en esta nueva fase del grupo, reforzando lazos comerciales y defendiendo un sistema financiero multipolar, menos dependiente del dólar.
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Brasil se estancó en el tiempo: mientras el PIB per cápita global se disparó un 675% desde 1980, el país creció solo un 428%, perdió posición desde 2015 y hoy podría tener un ingreso un 42% mayor, con US$ 13,4 mil más por habitante.
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El alza del petróleo dispara la tensión global y amenaza la economía mundial con un efecto dominó que encarece combustibles, alimentos, transporte y presiona la inflación en varios países.
Por el contrario, Estados Unidos, liderados por Donald Trump, adoptan una postura agresiva y proteccionista ante el crecimiento del BRICS.
Recientemente, Trump amenazó con imponer tarifas de hasta el 100% sobre las importaciones provenientes de los países del bloque, en caso de que avancen en los planes de sustitución del dólar en las transacciones internacionales.
Según él, EE.UU. no se quedará de «brazos cruzados» ante esta «amenaza» a la hegemonía del dólar.
No obstante, la realidad puede ser mucho más compleja y desafiante de lo que Trump imagina.
El nuevo BRICS y su creciente poder económico
Con la entrada de los nuevos miembros, el BRICS representa más del 45% de la población mundial y un PIB combinado superior a 30 billones de dólares.
Además, con la adhesión de grandes exportadores de petróleo, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán, el bloque se fortalece en el mercado de energía, tradicionalmente dominado por transacciones realizadas en dólares.
Esta dinámica desafía directamente el monopolio de la moneda americana y refuerza la posibilidad de adopción de monedas locales para el comercio internacional.
China y Rusia, miembros influyentes del BRICS, ya avanzan en acuerdos bilaterales para comerciar en yuanes y rublos, reduciendo la dependencia del sistema financiero occidental.
Brasil, bajo el liderazgo de Lula, también defiende la creación de mecanismos que permitan transacciones sin intermediación del dólar, lo que puede impactar significativamente la economía global.
La amenaza de Trump y sus posibles efectos
La estrategia de Trump de imponer tarifas exorbitantes contra el BRICS puede tener consecuencias inesperadas para los propios Estados Unidos.
Primeramente, una guerra comercial a gran escala puede perjudicar sectores industriales americanos que dependen de insumos y materias primas de esos países.
Además, muchos aliados históricos de EE.UU., como la Unión Europea, ya han demostrado interés en diversificar sus relaciones comerciales para reducir su exposición a la política exterior impredecible de Washington.
Además, si Trump realmente implementa tarifas masivas, puede impulsar aún más los esfuerzos del BRICS para fortalecer sus lazos internos y acelerar la transición hacia un sistema financiero menos dependiente de EE.UU.
Tal acción podría llevar a los países afectados a buscar alianzas con otras naciones y fomentar aún más el multipolarismo económico.
El papel de Brasil y de Lula en el nuevo orden global
Desde que reasumió la presidencia, Lula ha adoptado una postura activa en la diplomacia global, fortaleciendo las relaciones de Brasil dentro del BRICS y ampliando asociaciones estratégicas con diferentes regiones del mundo.
Brasil tiene un gran peso en la seguridad alimentaria global, siendo uno de los mayores exportadores de commodities como soja, carne y mineral de hierro.
Esta posición coloca al país como un actor relevante en cualquier conflicto comercial global.
Además, Lula ha defendido abiertamente una mayor cooperación entre los países en desarrollo, promoviendo inversiones en infraestructura, tecnología y energía limpia dentro del BRICS.
También enfatiza la necesidad de reformar organismos internacionales, como el FMI y el Banco Mundial, que actualmente favorecen economías desarrolladas en detrimento de las naciones emergentes.
El futuro de la disputa entre BRICS y Estados Unidos
Ante este escenario, el intento de Trump de debilitar el BRICS puede resultar ineficaz y contraproducente.
El crecimiento del bloque no es solo una cuestión política, sino también un reflejo de los cambios estructurales en la economía mundial.
Las naciones emergentes buscan alternativas viables para asegurar mayor autonomía económica, y las medidas punitivas por parte de EE.UU. pueden solo acelerar este proceso.
El éxito del BRICS dependerá de su capacidad de mantener la cohesión entre sus miembros y superar desafíos internos, como diferencias políticas e intereses divergentes.
No obstante, si logra consolidar su influencia y establecer nuevos mecanismos financieros eficaces, el bloque puede convertirse en un pilar fundamental del nuevo orden global, reduciendo el poder unilateral de EE.UU.
Según especialistas, la expansión del BRICS y su creciente integración económica representan un desafío real para la hegemonía americana.
En este sentido, mientras Trump cree que tarifas y amenazas económicas serán suficientes para contener el bloque, la realidad indica que derrotar al BRICS será mucho más difícil de lo que él imagina.
El mundo camina hacia una multipolaridad económica, y países como Brasil, China y Rusia se han mostrado cada vez más preparados para lidiar con las presiones externas y construir una nueva dinámica global.
Brasil, bajo el liderazgo de Lula, ocupa una posición central en este nuevo escenario, consolidando lazos dentro del BRICS y promoviendo alternativas al sistema financiero dominado por Occidente.
De todos modos, analistas destacan que, en un mundo cada vez más interconectado, Trump puede descubrir que las amenazas no son suficientes para detener un cambio que ya está en curso.

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