En busca de ampliar el agro y reducir la dependencia de alimentos importados, Guayana intenta atraer inversores de Brasil con áreas disponibles, incentivos al campo y planes para fortalecer la soja, el maíz y la proteína animal.
Guayana ha colocado la agricultura entre las prioridades de los próximos años y ha comenzado a buscar productores brasileños para ocupar áreas de sabana con un fuerte potencial de cultivo. La propuesta llama la atención porque el gobierno ofrece tierras sin costo, siempre que sean efectivamente cultivadas.
El movimiento ha ganado fuerza en un país que se enriqueció con el petróleo y ahora intenta transformar esos ingresos en expansión en el campo. Para quienes miran la frontera norte de Brasil, el llamado mezcla espacio disponible, promesas de crédito y un corredor logístico en construcción.
Al mismo tiempo, la oportunidad aún viene rodeada de limitaciones prácticas. Falta un mapeo preciso de las áreas cultivables, hay dudas sobre la lluvia y el drenaje, y el modelo de asociación aún necesita madurar.
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Sabana con 300 mil hectáreas y concesión de 99 años

La apuesta de Guayana está concentrada en alrededor de 300 mil hectáreas aptas para granos como soja y maíz. La siembra ocurriría en áreas de sabana, sin avanzar sobre el bosque, que cubre la mayor parte del territorio del país.
Quien quiera participar necesita presentar un proyecto y financiar la operación, máquinas, semillas e insumos. A cambio, el gobierno ofrece concesiones rurales de hasta 99 años, con posibilidad de renovación.
Este formato atrae por el costo inicial más bajo de la tierra, pero también deja claro que el país quiere productores con capacidad de invertir y poner la área en funcionamiento desde el principio.
Carretera de 680 km aún depende de 400 km de asfalto
La conexión entre Lethem, en la frontera con Brasil, y Georgetown es vista como pieza central de este cambio. La carretera tiene 680 km, avanza rápidamente, pero aún depende de alrededor de 400 km de asfalto para estar lista.
La expectativa es de más tres a cuatro años de obras. Hasta entonces, el transporte sigue siendo un punto sensible para cualquier plan agrícola de mayor escala.
Además de la carretera, los productores que visitaron la región encontraron otros obstáculos inmediatos. La barrera del idioma pesa, ya que Guayana es el único país sudamericano de habla inglesa, y aún faltan mapas georreferenciados y análisis pluviométricos más sólidos.

Meta de cortar el 25% de las importaciones hasta 2030
Según Gazeta do Povo, periódico brasileño de cobertura nacional y regional, la meta presentada por el gobierno es reducir en 25% las importaciones de alimentos hasta 2030 y transformar al país en plataforma de exportación para los 15 miembros de la Comunidad del Caribe.
Dentro de este plan, la experiencia brasileña con maíz y soja aparece como activo estratégico. La urgencia mayor está en los granos, ya que Guayana necesita ampliar la producción de pollo, proteína muy consumida en la región.
El gobierno también ve espacio para la ganadería con sacrificio halal, acuicultura, frutas, hortalizas y agua de coco. La lectura es clara: usar el dinero del petróleo para acelerar la seguridad alimentaria y crear una nueva frente de negocios en el campo.
Crédito del 0,5% al año y exención para máquinas aumentan el atractivo
Uno de los puntos que más llaman la atención es el diseño financiero prometido para el sector. La estructura en formación incluye un banco de inversiones al estilo del BNDES y ya hay reportes de crédito rural con intereses de apenas 0,5% al año.
Además, Guayana no cobra impuestos sobre maquinaria agrícola ni sobre la producción rural. Para quienes quieren entrar más rápido, otra salida debatida es la asociación con productores locales que ya poseen área disponible.
Este paquete ayuda a explicar el creciente interés de los brasileños. El problema es que el incentivo financiero, por sí solo, no resuelve las incertidumbres de mercado y logística que aún frenan una decisión mayor.
Ausencia de trading y una trituradora asegura el avance de la soja
El mayor cuello de botella hoy está después de la cosecha. Guayana aún no cuenta con grandes trading agrícolas ni con una trituradora de soja para producir aceite y harina, lo que plantea una duda decisiva sobre a quién vender.
Este vacío frena proyectos de quienes ya pensaron en plantar en el país. Sin comprador estructurado y sin cadena industrial montada, el riesgo comercial aumenta, incluso con tierra disponible y apoyo oficial.
Al mismo tiempo, parte de los inversores ve en esto una ventana rara. La evaluación es que, si una trituradora sale del papel, el efecto puede atraer a varios productores de una vez y acelerar la ocupación agrícola de la región.
Río Berbice, silos para 11 mil toneladas y corredor para el Caribe
En la práctica, la operación aún depende de soluciones que están lejos de ser completas. Una granja ya en actividad cerca de Linden utiliza el río Berbice como corredor para recibir insumos y proyectar el desagüe de la producción.
El problema es que el sedimento limita la navegación en algunos tramos y obliga al almacenamiento en silos. Hoy, la estructura disponible puede almacenar alrededor de 11 mil toneladas de soja, señal de que la logística aún opera por debajo del potencial.
A pesar de este panorama, hay quienes ven a Guayana como el futuro corredor regional para atender el Caribe. La combinación entre petróleo, obras viales y tierras disponibles mantiene viva la apuesta y refuerza el interés de quienes buscan llegar primero.
Si la carretera avanza, el mapeo de las áreas sale del papel y la industria de procesamiento aparece, Guayana puede ganar escala en poco tiempo. Para los productores brasileños, el atractivo está en entrar temprano en un mercado aún poco ocupado, pero rodeado de incertidumbres.
Por eso, el país aparece hoy como una promesa y una prueba al mismo tiempo. El plan agrícola abierto por Guayana presiona la región, amplía el peso de la frontera norte de Brasil y cambia la lectura estratégica de América Latina.
Con información de Gazeta do Povo

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