Kiribati, archipiélago en el Pacífico, recibe solo 9.500 turistas al año, abarca los cuatro hemisferios y enfrenta un riesgo creciente de desaparición con el avance del mar
Kiribati es el país menos visitado del mundo y el único presente en los cuatro hemisferios. Con alrededor de 9.500 turistas al año y un territorio amenazado por el avance del mar, el archipiélago combina aislamiento y riesgo de desaparición.
Kiribati reúne récords raros
En medio del Océano Pacífico, infinito y misterioso, se encuentra Kiribati, un archipiélago poco conocido que concentra dos récords curiosos.
El primero es turístico. El país recibe solo alrededor de 9.500 visitantes al año, un número muy bajo en comparación con otros destinos de la región.
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El segundo es geográfico. Kiribati es el único Estado del planeta con presencia simultánea en los hemisferios norte, sur, este y oeste.
El país está formado por 32 islas de coral. Muchas de ellas tienen playas inmaculadas, aguas turquesas y paisajes prácticamente intactos, pero siguen fuera de las rutas turísticas conocidas.
Aunque la superficie terrestre no supera los 811 km², el dominio marítimo alcanza unos 3,5 millones de km², lo que le otorga una de las mayores áreas oceánicas del mundo.
Las islas están divididas en tres grupos: Gilbert, Phoenix y La Línea. En su territorio también se encuentra Kiritimati, descrito como el atolón más grande del mundo.
Viaje largo, acceso difícil y turismo controlado
La dificultad para llegar ayuda a explicar el bajo flujo turístico. El viaje puede durar más de 24 horas en avión, con escalas en ciudades como Los Ángeles, Hawái o Singapur.
El país no cuenta con rutas marítimas comerciales ni transbordadores internacionales. Además, dispone de solo dos aeropuertos internacionales, lo que limita el acceso.
Las autoridades han seguido un modelo de turismo controlado. La prioridad es conservar el medio ambiente natural y preservar los ecosistemas de las islas.
Quien llega encuentra un modo de vida fuertemente ligado a la tradición. En muchas áreas, la población vive de la pesca, el cultivo de coco y el árbol del pan.
En la capital, la mayoría de los habitantes vive en casas tradicionales. Al mismo tiempo, comienzan a aparecer señales de modernidad, como internet, vehículos y pequeños negocios.
A pesar de la imagen de paraíso, Kiribati enfrenta aislamiento, infraestructura limitada y los crecientes efectos del cambio climático, que agravan las dificultades en las islas.
Población pequeña y presión creciente en Tarawa
Solo unas 20 islas están habitadas. En total, aproximadamente 140.000 personas viven en el país, y la mayor parte enfrenta condiciones muy precarias.
La situación más crítica se encuentra en Tarawa del Sur, una franja estrecha donde vive casi la mitad de la población. El crecimiento urbano descontrolado ha ampliado la densidad y la presión sobre los recursos naturales.
En este tramo del país, el hacinamiento se suma a la falta de servicios básicos. La concentración poblacional provoca una sobrecarga en la estructura disponible y agrava problemas ya existentes.
La escasez de agua potable figura entre los desafíos más urgentes. Muchos pozos están contaminados por agua salada y residuos, lo que empeora las condiciones de vida y salud.
Organizaciones como Médicos Sin Fronteras actúan en la atención de necesidades, en la salud materno-infantil, en medio de limitaciones en el acceso a servicios médicos.
El país también convive con altas tasas de tuberculosis, lepra y diabetes. El acceso a la asistencia sanitaria sigue siendo muy limitado para una parte importante de la población.
La Segunda Guerra dejó huellas en el archipiélago
Además del presente de aislamiento y dificultades, Kiribati tuvo un papel relevante en la historia del siglo XX durante la Segunda Guerra Mundial.
En la isla de Tarawa tuvo lugar una de las batallas más sangrientas del frente del Pacífico. En el islote de Betio, casi 6.000 personas murieron en el enfrentamiento que terminó con la victoria de las fuerzas aliadas.
Ese pasado hoy convive con acuerdos internacionales que ayudan a sustentar la economía local, incluyendo iniciativas ligadas a la pesca sostenible y al comercio con la Unión Europea.
Kiribati se hunde con el avance del mar
El dato más preocupante sobre Kiribati está ligado a la altitud de sus atolones. La mayor parte de ellos se eleva a solo seis metros sobre el nivel del mar.
En algunos casos, como Tarawa, esa elevación no supera los tres metros. Esto convierte al país en uno de los más vulnerables del mundo ante la subida del océano.
Estimaciones recientes señalan que el 81% de la población ya ha sufrido directamente los efectos de este avance, con situaciones que van desde inundaciones hasta la pérdida de tierras habitables.
El mar también provoca salinización del agua dulce, degradación de los suelos y dificultades cada vez mayores para mantener la agricultura y la pesca, actividades esenciales en el archipiélago.
La crisis ambiental se suma a la superpoblación, la escasez de recursos y la precariedad de los servicios. El resultado es un panorama cada vez más difícil para la población.
Las proyecciones indican que, para 2030, el país necesitará al menos un 50% más de alimentos. Esta necesidad crece en un escenario donde los recursos disponibles ya son escasos.
Entre aislamiento, baja visitación, presión urbana y avance del mar, Kiribati reúne vulnerabilidad extrema y un riesgo inminente de desaparición que ya afecta hoy la vida cotidiana de la población.
Con información de Tempo.

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