Escultura de la CIA, obra de arte criptográfica instalada en la sede de la agencia norteamericana en Langley, tuvo el enigma final descifrado por dos periodistas; artista reconoce el descubrimiento y anuncia subasta del significado evaluado en hasta R$ 2,7 millones.
La Escultura de la CIA volvió a atraer atención mundial tras el anuncio de que su último código, mantenido en secreto durante más de tres décadas, fue finalmente descifrado. La obra, llamada Kryptos, está instalada en el patio central de la sede de la agencia de inteligencia de los Estados Unidos, en Virginia, y se hizo famosa por contener cuatro mensajes criptografiados. Hasta hoy, solo tres de ellos habían sido resueltos.
De acuerdo con el portal Uol, la revelación fue hecha por un dúo de periodistas, que encontró la solución de la cuarta parte conocida como K4 en registros archivados en el Instituto Smithsonian. El escultor Jim Sanborn, creador de la obra, confirmó la autenticidad de la deciframiento y anunció que pretende subastar el texto y su significado simbólico por hasta US$ 500 mil, el equivalente a R$ 2,7 millones.
La historia detrás de Kryptos y el desafío de la CIA

Instalada en 1990, la escultura Kryptos combina arte y criptografía, con 865 letras cortadas en una chapa de cobre curvada.
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Desde el inicio, el artista proyectó la obra para ser un enigma a largo plazo, desafiando agentes, criptógrafos y aficionados de todo el mundo.
Las tres primeras secciones conocidas como K1, K2 y K3 fueron descifradas entre las décadas de 1990 y 2000. Traían mensajes poéticos y referencias geográficas. La cuarta y última parte, K4, permaneció como uno de los mayores misterios no resueltos de la criptografía moderna, alimentando foros y competiciones de decodificación durante más de 30 años.
Cómo se descubrió el código final
Los periodistas Jarett Kobek y Richard Byrne descubrieron el mensaje de forma inesperada. En lugar de recurrir a supercomputadoras, analizaron documentos del Instituto Smithsonian, donde estaban almacenados los archivos personales de Sanborn.
Entre diagramas y anotaciones, encontraron fragmentos de papel con las palabras “Reloj de Berlín” y “Este Noreste”, pistas que ya habían sido divulgadas parcialmente por el artista en años anteriores.
Según Kobek, los registros contenían el texto original no criptografiado, o “texto plano”, de la última sección.
El descubrimiento permitió reconstruir los 97 caracteres de K4 y transformar la secuencia en un mensaje comprensible. Sanborn admitió que los papeles fueron a parar al archivo por error, cuando organizaba sus materiales durante el tratamiento de un cáncer.
El conflicto entre los descifradores y el escultor
Tras confirmar el hallazgo, Sanborn se puso en contacto con Kobek y Byrne para proponer un acuerdo de confidencialidad, ofreciéndoles una parte de las ganancias de la subasta a cambio del silencio hasta el cierre de la venta.
Los periodistas rechazaron la oferta, alegando que la propuesta podría caracterizar una “fraude”, ya que la subasta dependería de la ineditismo del contenido.
El impasse evolucionó a una disputa jurídica. La casa de subastas RR Auction, responsable de la venta, envió un aviso formal a los periodistas alertando sobre posibles acciones por violación de derechos de autor e interferencia contractual, en caso de que divulgaran el texto antes del evento.
La institución también afirmó que, si mantenían el secreto, serían “reconocidos como héroes” por la comunidad de criptografía.
El valor simbólico y financiero del mensaje
A pesar de la controversia, Sanborn mantuvo la subasta, marcada para el 20 de noviembre, incluyendo en el paquete documentos originales, anotaciones y artefactos relacionados con Kryptos.
El escultor declaró que pretende usar el dinero para cubrir gastos médicos y apoyar programas para personas con discapacidad.
El Smithsonian, por su parte, bloqueó el acceso a los archivos tras el descubrimiento, impidiendo nuevas consultas hasta 2075.
La decisión refuerza el carácter histórico y misterioso de la obra, que se ha convertido en un hito de la cultura criptográfica contemporánea y símbolo de la relación entre arte, secreto y poder.
Un enigma que trasciende el arte
Más que un desafío intelectual, la Escultura de la CIA representa una reflexión sobre el control de la información y el papel del conocimiento en tiempos de vigilancia digital.
El hecho de que el código final haya sido resuelto no cierra el fascinación por la obra, por el contrario, consolida su posición como uno de los enigmas más icónicos del siglo XX.
La combinación de misterio, estética y narrativa política convierte a Kryptos en un objeto cultural raro, capaz de unir arte, tecnología y curiosidad humana.
La subasta del mensaje promete reabrir el debate sobre quién tiene derecho a interpretar y revelar el significado de una obra que nació para nunca ser totalmente comprendida.
La revelación del último código de la Escultura de la CIA cierra una búsqueda que ha atravesado generaciones, mezclando ciencia, arte y periodismo investigativo.
Al mismo tiempo, la subasta del significado plantea cuestiones sobre propiedad intelectual, ética y el valor del secreto en una era de transparencia forzada.
¿Crees que el artista tiene el derecho de vender el significado de Kryptos o que el misterio debería permanecer accesible para todos?

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