El cierre de la fábrica Tia Maruca en Albardón interrumpe la cadena productiva ligada a empleos, proveedores y comercios locales, mientras los altos costos, la caída del consumo y el crédito difícil amplían los efectos de la crisis industrial argentina
La fábrica de galletas Tia Maruca en Albardón, en la provincia argentina de San Juan, confirmó su cierre el 28 de abril de 2026, afectando a trabajadores, proveedores y negocios locales vinculados a la operación. La noticia fue divulgada en portales como Estado de Minas y Lacapitalmdp.
El cierre afecta a una cadena regional
La unidad era considerada un polo industrial importante para Albardón, con generación de empleos directos e indirectos.
La paralización de la planta afecta no solo a la empresa, sino también a la red que dependía de su movimiento diario.
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Panaderías, transportistas, proveedores de embalajes, productores de insumos y comercios de barrio empiezan a sentir la caída en la circulación de ingresos.
El cierre muestra cómo una única industria puede provocar un efecto dominó en economías locales más vulnerables.
La fábrica de galletas movilizaba servicios, compras, transporte y consumo en los alrededores. Con la interrupción de la actividad, decenas de familias y pequeños negocios enfrentan incertidumbre sobre ingresos, demanda y continuidad de sus propias operaciones.
Costos, ventas y crédito presionaron a la empresa
El cierre definitivo resultó de factores económicos y estructurales acumulados en los últimos años. La empresa operaba bajo presión de costos, caída de ventas y dificultad de financiación, sin lograr ajustar precios a la misma velocidad que los gastos.
Entre los puntos que pesaron están el escenario macroeconómico adverso, cambios en el comportamiento del consumidor y una fuerte competencia con grandes grupos y marcas de bajo costo.
La estructura de gastos dejó de ser sostenible frente a los ingresos proyectados.
La caída del consumo interno de alimentos industrializados, principalmente ítems considerados superfluos, redujo el espacio para el crecimiento.
Al mismo tiempo, la harina, el azúcar y otros insumos se encarecieron, sin un traspaso integral al precio final.
La dificultad de acceso a crédito en condiciones favorables también frenó la modernización e innovación tecnológica.
La elevada carga tributaria comprimió los márgenes, mientras que las marcas más baratas avanzaron entre los consumidores más sensibles al precio.
La historia comenzó en 1998
Tia Maruca surgió en 1998 como un negocio familiar y ganó presencia nacional con galletas dulces y saladas.
A lo largo de los años, amplió sabores, canales de distribución y presencia en el mercado argentino de galletas.
En 2017, la empresa invirtió en una nueva planta, elevó la capacidad industrial y abrió puertas para las exportaciones.
En un ambiente estable, este crecimiento significaría un fortalecimiento productivo y un mayor alcance comercial.
Con la desaceleración del consumo y el aumento de los costos, la expansión se convirtió en un riesgo. La capacidad instalada pasó a exigir mayores volúmenes de venta y crédito accesible, condiciones que no se concretaron en medio de la crisis prolongada.
Albardón siente los efectos inmediatos
Para Albardón, el cierre de la fábrica de galletas interrumpe una cadena productiva formada por empleos directos, servicios tercerizados y negocios de apoyo.
Conductores, mantenimiento, proveedores de cajas y etiquetas ya enfrentan una menor demanda.
La pérdida de salarios reduce el consumo local y afecta a supermercados, tiendas de comestibles y servicios urbanos. También aumenta la presión sobre el mercado laboral regional, con más personas buscando vacantes al mismo tiempo.
Otro punto de preocupación es el riesgo de que el inmueble industrial quede ocioso, si ningún nuevo proyecto productivo ocupa la estructura. Esta posibilidad amplía la incertidumbre sobre el futuro económico de la región.
El futuro de la marca sigue indefinido
Con la planta de Albardón cerrada y la actividad industrial paralizada, el futuro de Tia Maruca permanece indefinido.
La marca aún tiene reconocimiento entre los consumidores, lo que podría atraer a inversores interesados en licencias o compra.
También existe la posibilidad de subcontratación de la producción, pero no hay anuncios concretos en ese sentido.
Hasta ahora, la empresa no ha presentado una solución capaz de reanudar la operación industrial cerrada.
La región necesita actuar rápido para evitar la ociosidad prolongada del parque industrial y el empobrecimiento de la comunidad.
Gobiernos, sindicatos, empresarios y sociedad civil son exigidos por la reindustrialización, la cualificación profesional y la atracción de nuevos proyectos productivos.
El caso de Tia Maruca revela cómo los costos, el menor consumo, el crédito difícil y la competencia pueden llevar una marca consolidada al límite.
Para Albardón, el impacto va más allá de las galletas y alcanza ingresos, empleos y negocios locales.
Con información de Estado de Minas.

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