La iglesia de madera de Kiruna recorrió 5 km para huir de la subsidencia, situación en la que el terreno pierde firmeza cerca de la mina de hierro. La operación preservó una construcción histórica, pero reveló el costo humano de la minería subterránea, que exige el cambio de casas, edificios y rutinas de miles de personas en la ciudad sueca.
En 2025, una iglesia de madera con cerca de 600 toneladas salió de su fundación y atravesó 5 km por las calles de Kiruna, en el norte de Suecia. La construcción fue colocada sobre una gran estructura de transporte para escapar del área donde el suelo comenzó a perder estabilidad.
La información fue publicada por Reuters, agencia internacional de noticias con cobertura mundial. La iglesia no fue llevada a otro punto por elección estética o turismo, sino porque la expansión de la minería subterránea de hierro colocó parte de la ciudad en un área de riesgo.
El viaje preservó una construcción importante para Kiruna. Al mismo tiempo, expuso una realidad difícil para quienes viven en la ciudad: la mina avanza, el terreno cambia y barrios enteros necesitan ser reorganizados.
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Iglesia histórica de madera salió del lugar donde permaneció por más de un siglo
La iglesia de Kiruna permaneció en el mismo punto por más de un siglo. En 2025, trabajadores elevaron la estructura sobre la base y la colocaron sobre un remolque preparado para llevar un edificio entero.
La operación exigió cuidado porque la construcción está hecha de madera y tiene cerca de 600 toneladas. No bastaba con retirar paredes, ventanas y techo para montar todo después. La decisión fue transportar la iglesia completa.
Llevar el edificio entero ayudó a mantener la apariencia y la estructura del lugar. Aun así, el cambio sacó la iglesia del espacio donde formó parte de la vida de la ciudad por muchas generaciones.
Mina de hierro hace que el suelo ceda y obliga a Kiruna a cambiar parte de la ciudad
El problema que afecta a Kiruna se llama subsidencia. En lenguaje simple, esto ocurre cuando el terreno pierde firmeza y puede ceder debido a las actividades realizadas debajo de la superficie.
La expansión de la mina subterránea de hierro hizo necesario alejar a los residentes, edificios y servicios de áreas donde el suelo puede volverse inestable. El riesgo no está solo dentro de la mina, ya que alcanza calles y construcciones de la ciudad.
Algunos edificios públicos y comerciales necesitan ser desmontados. Otros pueden ser trasladados enteros, como ocurrió con la iglesia. El cambio urbano implica la protección de las personas, la preservación de edificios importantes y la continuidad de la actividad minera.
La carretera fue ampliada y el viaje de la iglesia tomó dos días
La iglesia recorrió una ruta preparada para soportar el peso de la estructura. La carretera tuvo que ser ampliada para permitir el paso seguro del edificio hasta la nueva área de Kiruna.
Reuters, agencia internacional de noticias con cobertura mundial, detalló que el viaje tomó dos días. La iglesia avanzó lentamente sobre un remolque especial, en un trayecto de 5 km hasta el nuevo centro urbano.
Mover una iglesia no funciona como transportar una casa común. La estructura necesita permanecer equilibrada durante todo el camino para evitar daños a la madera, al techo y a las partes internas.

La operación llamó la atención por el tamaño del edificio y el cuidado requerido. Sin embargo, el desplazamiento es solo una parte de una transformación mayor que afecta a toda la ciudad.
Cerca de 3.000 casas y 6.000 personas forman parte del cambio en Kiruna
En agosto de 2025, el proyecto de cambio urbano involucraba cerca de 3.000 casas y aproximadamente 6.000 personas. Las familias necesitan dejar áreas cercanas a la mina y trasladarse a nuevos lugares dentro de la ciudad.
La transferencia no ocurre toda de una vez. Casas, tiendas, edificios públicos y servicios pasan por cambios en etapas, porque una ciudad no se resume a edificios. También necesita mantener caminos, trabajo, comercio y acceso a los servicios básicos.
El nuevo centro de Kiruna recibió cientos de viviendas, tiendas y una nueva alcaldía. Mientras tanto, la parte antigua de la ciudad pierde estructuras que han estado en el mismo lugar durante décadas.
Para muchos residentes, el cambio significa cambiar de dirección y alejarse de calles, vecinos y espacios conocidos. La iglesia llevada por 5 km se convirtió en una imagen visible de esta separación entre la ciudad antigua y la nueva.
La comunidad sámi teme impactos sobre la cría de renos
La minería también afecta a la comunidad sámi, pueblo indígena de la región que mantiene la cría de renos como parte de su vida y de su cultura. Áreas utilizadas por los animales están en el centro de las preocupaciones.
Lars Marcus Kuhmunen, presidente de la comunidad sámi Gabna, alertó que la región reúne áreas de pastoreo y lugares donde nacen crías de renos. La expansión de la minería puede reducir los caminos utilizados por los animales en diferentes épocas del año.
Aún hay un plan para una nueva mina cerca de la operación actual. La preocupación es que nuevas áreas de extracción puedan dificultar el paso de los renos entre áreas de verano e invierno.
El traslado de la iglesia preserva un patrimonio urbano, pero no resuelve los impactos enfrentados por comunidades que dependen del territorio para trabajar y mantener prácticas tradicionales.
Iglesia transportada revela el peso de la minería sobre una ciudad entera
La historia de la iglesia de Kiruna muestra que la minería puede afectar mucho más que el área donde se extrae el mineral. Cuando el terreno pierde estabilidad, la ciudad necesita lidiar con vivienda, patrimonio, comercio, calles y servicios públicos.
Llevar una iglesia entera por 5 km preserva una construcción histórica. Aun así, no elimina la necesidad de trasladar personas y alterar la rutina de barrios enteros.
El desafío de Kiruna involucra encontrar espacio para la minería y, al mismo tiempo, proteger a quienes viven en la ciudad. La operación dejó claro que un cambio urbano de este tamaño exige planificación, obras y atención a los impactos sociales.
La iglesia de madera sigue en pie, pero en otro punto de Kiruna. El edificio fue salvado del suelo inestable, mientras la ciudad continúa reorganizando casas, calles y servicios cerca de la mina de hierro.
La imagen de una iglesia de 600 toneladas atravesando la ciudad impresiona, pero también revela una decisión que va mucho más allá de la ingeniería. El desplazamiento representa el intento de preservar parte de la historia local en medio de una transformación que afecta a miles de residentes.
¿Cómo debe una ciudad proteger a sus residentes y su historia cuando la minería exige nuevas áreas? Comenta y comparte este reportaje.

