ESA prepara misión LISA con tres naves separadas por 2,5 millones de km para detectar ondas gravitacionales e investigar agujeros negros gigantes.
Mientras Estados Unidos y China disputan cohetes gigantes, bases lunares y dominio orbital, la Agencia Espacial Europea prepara una máquina científica tan extrema que ni siquiera estará cerca de la Tierra. Bautizada como LISA, la misión usará tres naves espaciales separadas por 2,5 millones de kilómetros para transformar el propio espacio en un detector cósmico capaz de medir distorsiones minúsculas en el tejido del Universo.
La ESA afirma que el observatorio espacial será lanzado en 2035 por un cohete Ariane 6 y operará en órbita heliocéntrica, a unos 50 millones de kilómetros detrás de la Tierra. El objetivo es detectar ondas gravitacionales invisibles a los instrumentos terrestres y abrir una nueva era de la astronomía, basada no en luz, sino en vibraciones del propio espacio-tiempo.
Misión LISA usará tres naves espaciales gigantes conectadas por láseres en un triángulo de 2,5 millones de km
El núcleo de la misión LISA estará formado por tres naves espaciales volando en formación triangular permanente mientras orbitan el Sol. Cada lado de este triángulo tendrá aproximadamente 2,5 millones de kilómetros, distancia equivalente a más de seis veces la separación media entre la Tierra y la Luna.
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Dentro de cada nave existirán masas metálicas en caída libre absoluta. Fejes de láser serán disparados continuamente entre las naves espaciales para medir alteraciones microscópicas en la distancia entre ellas.
Cuando una onda gravitacional atraviese la constelación, el espacio será deformado levemente, alterando esas distancias en escalas menores que el diámetro de un átomo.
Según documentos científicos de la misión, el sistema intentará detectar variaciones inferiores al tamaño de un átomo de helio a lo largo de millones de kilómetros de separación. Esto transforma al LISA en uno de los instrumentos de medición más precisos jamás planeados por la humanidad.
ESA quiere escuchar colisiones de agujeros negros gigantes invisibles para telescopios terrestres
La misión fue creada para detectar ondas gravitacionales de baja frecuencia, algo prácticamente imposible para observatorios terrestres como LIGO y Virgo debido a las vibraciones sísmicas, interferencias atmosféricas y ruidos del planeta.
Estas ondas gravitacionales son producidas por algunos de los eventos más violentos del Universo, incluyendo fusiones entre agujeros negros supermasivos, colisiones de estrellas ultradensas y posibles fenómenos ligados a los primeros instantes después del Big Bang.

La ESA afirma que el observatorio podrá ver regiones cósmicas completamente inaccesibles a los telescopios convencionales.
Los científicos involucrados en el proyecto creen que el LISA podrá ayudar a explicar cómo surgieron los primeros agujeros negros gigantes del Universo y cómo grandes estructuras cósmicas comenzaron a formarse pocos millones de años después del nacimiento del cosmos.
Misión espacial europea fue oficialmente aprobada y ya entró en fase industrial
Después de décadas de estudios conceptuales, la ESA aprobó oficialmente la misión en enero de 2024, autorizando la transición a la fase de construcción de los sistemas espaciales e instrumentos científicos.
La misión es liderada por la ESA en colaboración con NASA y decenas de instituciones científicas europeas. Según los documentos más recientes del programa, la NASA proporcionará componentes críticos como sistemas láser, telescopios y dispositivos de control electrostático extremadamente precisos.

En junio de 2025, la ESA y la OHB System AG formalizaron el inicio de la construcción industrial de las naves espaciales, mientras se firmaron contratos adicionales para el desarrollo de los sistemas ópticos y de propulsión de la misión.
LISA intentará medir deformaciones menores que un picómetro en pleno espacio profundo
La escala tecnológica de la misión se considera extrema incluso para los estándares espaciales modernos. Los láseres de LISA necesitarán mantener suficiente estabilidad para detectar alteraciones de distancia en el rango de picómetros, equivalentes a billonésimas de metro, mientras las naves espaciales viajan por el espacio profundo.
Para validar parte de esta tecnología, la ESA lanzó en 2015 la misión LISA Pathfinder. El pequeño laboratorio orbital operó hasta 2017 y demostró que sería posible mantener masas en caída libre prácticamente perfecta en el espacio, algo fundamental para el funcionamiento del observatorio principal.

La propia ESA afirmó que los resultados del Pathfinder fueron tan precisos que superaron los requisitos mínimos originalmente previstos para la futura misión LISA, allanando el camino para la aprobación definitiva del observatorio espacial.
Ariane 6 lanzará observatorio que intentará abrir una nueva forma de observar el Universo
Según los cronogramas más recientes de la ESA y del DLR alemán, el lanzamiento está previsto para 2035 utilizando una versión Ariane 6.4 desde Kourou, en la Guayana Francesa.
Tras el lanzamiento, las tres naves espaciales tardarán aproximadamente un año y medio en alcanzar la configuración orbital definitiva.
La formación triangular estará aproximadamente a 50 millones de kilómetros detrás de la Tierra mientras sigue al planeta alrededor del Sol.
La misión nominal deberá durar al menos cuatro años, con posibilidad de extensión operativa superior a seis años dependiendo del rendimiento de los sistemas espaciales.
ESA quiere transformar el espacio en un detector cósmico mayor que cualquier laboratorio terrestre
La diferencia del LISA es que no observará el Universo de la forma tradicional. En lugar de captar luz visible, radio o rayos X, el sistema intentará literalmente “escuchar” deformaciones en el espacio-tiempo causadas por eventos cósmicos extremos.
Esto significa que fenómenos invisibles para telescopios convencionales podrán finalmente ser estudiados directamente.
Los científicos esperan detectar fusiones de agujeros negros supermasivos ocurridas hace miles de millones de años, rastrear sistemas binarios compactos dentro de la Vía Láctea e incluso investigar pistas sobre los primeros momentos del Universo primitivo.
Si funciona como se planea, la LISA no será solo otro telescopio espacial europeo. Podría inaugurar una nueva astronomía basada en ondas gravitacionales y transformar el propio espacio profundo en un observatorio colosal más grande que cualquier estructura ya construida en la Tierra.


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