Los astronautas estuvieron 288 días en la ISS tras una misión de 8 días y regresaron con pérdida muscular, ósea y alteraciones en la visión causadas por la microgravedad.
Según la Universidad de Florida, que acompañó a los astronautas antes, durante y después de la misión, la permanencia prolongada en el espacio altera profundamente el sistema nervioso central, el equilibrio, la movilidad y la función cerebral, con efectos que pueden tardar meses o incluso años en revertirse. Lo que era inicialmente una misión de ocho a catorce días se transformó en uno de los experimentos involuntarios más completos jamás registrados sobre los límites del cuerpo humano en microgravedad. El 5 de junio de 2024, los astronautas de la NASA Sunita Williams y Barry Wilmore abordaron la cápsula Starliner Calypso, de Boeing, con destino a la Estación Espacial Internacional. La misión tenía como objetivo validar el sistema de transporte tripulado de la empresa.
Durante la aproximación a la estación, fallas en cinco de los 28 propulsores comprometieron el control de la nave. Tras semanas de análisis, la NASA decidió que no era seguro utilizar la cápsula para el regreso.
La Starliner regresó a la Tierra sin tripulación en septiembre de 2024. Los astronautas permanecieron en órbita.
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La permanencia prolongada en la ISS expone al cuerpo humano a 288 días de microgravedad continua
La Estación Espacial Internacional orbita a unos 354 kilómetros de altitud, completando una vuelta alrededor de la Tierra cada 90 minutos.
Para los astronautas, esta órbita se convirtió en residencia durante 288 días, hasta el regreso el 18 de marzo de 2025 a bordo de una cápsula Dragon de SpaceX.
Durante este período, el cuerpo humano fue sometido a una condición continua de ausencia de gravedad, alterando profundamente funciones fisiológicas fundamentales.
La microgravedad elimina la acción de la gravedad y altera el funcionamiento del cuerpo humano en múltiples sistemas
En la Tierra, la gravedad actúa constantemente sobre el organismo, influyendo en la circulación sanguínea, densidad ósea, fuerza muscular y equilibrio.

En ausencia de esta fuerza, ocurre una redistribución inmediata de fluidos hacia la parte superior del cuerpo. El volumen sanguíneo total disminuye entre un 10% y un 15%, reduciendo la carga de trabajo del corazón, que comienza a perder masa muscular con el tiempo.
Este proceso altera el funcionamiento de diversos sistemas simultáneamente, creando un ambiente fisiológico completamente diferente al terrestre.
Pérdida muscular acelerada en la ISS reduce la fuerza de las piernas e impide la sustentación del propio peso
Sin la necesidad de sostener el cuerpo contra la gravedad, los músculos de las piernas entran en un proceso acelerado de atrofia.
Los astronautas pueden perder hasta un 20% de la fuerza muscular en pocas semanas. En misiones prolongadas, esta pérdida puede alcanzar niveles aún más altos, comprometiendo la capacidad de locomoción al regresar a la Tierra.
Después de 288 días, los astronautas necesitaron soporte físico inmediato, ya que no podían permanecer de pie sin asistencia.
Pérdida de densidad ósea en el espacio ocurre hasta 12 veces más rápido que en la osteoporosis
Los huesos también sufren con la ausencia de carga mecánica. Sin estímulo gravitacional, ocurre una reducción continua de la densidad mineral ósea, con tasas mensuales entre el 1% y el 2%. Este ritmo puede ser hasta 12 veces superior al observado en casos severos de osteoporosis en la Tierra.
Esta pérdida compromete la resistencia estructural del esqueleto y aumenta el tiempo necesario de recuperación tras el regreso.
Redistribución de fluidos en el cuerpo altera la presión intracraneal e impacta la visión de los astronautas
La microgravedad provoca el desplazamiento de fluidos corporales hacia la cabeza, elevando la presión intracraneal. Este fenómeno está asociado a la Síndrome Neuro-Ocular Asociado al Vuelo Espacial, que causa alteraciones en la estructura del ojo, aplanamiento del globo ocular y reducción de la capacidad visual.
Estudios indican que una parte significativa de los astronautas presenta cambios visuales durante misiones prolongadas, con algunos casos persistiendo por años.
Ejercicios diarios en la ISS reducen los efectos de la microgravedad, pero no impiden la pérdida física
Para minimizar los impactos de la microgravedad, los astronautas siguen una rutina de aproximadamente dos horas diarias de ejercicios físicos.
«`A pesar del uso de equipos avanzados que simulan resistencia, la pérdida muscular y ósea continúa ocurriendo, aunque a un ritmo reducido. La microgravedad altera procesos fisiológicos fundamentales que no pueden ser completamente compensados solo con actividad física.
Tras el regreso, se inicia un proceso estructurado de rehabilitación física. El programa incluye ejercicios de fortalecimiento, recuperación cardiovascular y reacondicionamiento neuromotor, con una duración inicial de aproximadamente 45 días.
Para funciones más complejas, como equilibrio, cognición y estructura cerebral, el tiempo de recuperación puede extenderse por meses o incluso años.
La exposición prolongada a la radiación espacial aumenta el riesgo de daños al sistema nervioso y enfermedades futuras
Durante la permanencia en la ISS, los astronautas están expuestos a niveles elevados de radiación cósmica. Esta exposición ocurre fuera de la protección total del campo magnético terrestre y puede causar daños al sistema nervioso central, además de aumentar el riesgo de desarrollar cáncer a lo largo de la vida.
Los efectos a largo plazo aún son objeto de estudio.
El caso Starliner se convierte en uno de los estudios más completos sobre los límites del cuerpo humano en el espacio
La permanencia prolongada de los astronautas generó un volumen significativo de datos científicos sobre los efectos de la microgravedad.
La información recopilada incluye análisis de sangre, exámenes de imagen, pruebas cognitivas y monitoreo fisiológico continuo.
Estos datos son considerados fundamentales para la planificación de futuras misiones de larga duración, incluyendo viajes tripulados a Marte.
La experiencia de 288 días en la ISS reveló limitaciones importantes de la fisiología humana en entornos sin gravedad. Ante esto, surge una cuestión central para el futuro de la exploración espacial.
En su opinión, ¿la tecnología actual será suficiente para proteger el cuerpo humano en misiones aún más largas o aún se deben superar nuevos riesgos?

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