Con la pobreza cayendo al 16% y la extrema pobreza retrocediendo al 2,4% en 2025, Paraguay acelera el giro social y refuerza su posición entre los países con menores índices de escasez de América Latina
Paraguay volvió al centro del debate económico y social de la región con un número que llama la atención de inmediato. La pobreza monetaria cayó del 19,6% al 16% en solo un año, mientras que la extrema pobreza retrocedió del 3,7% al 2,4%. En la práctica, el país pasó a ser presentado por el gobierno como uno de los países con menor tasa de pobreza de América Latina, en medio de un escenario regional aún marcado por la desigualdad, la recuperación lenta y la presión sobre los ingresos de las familias.
La caída también fue fuerte en números absolutos. El total de personas en situación de pobreza disminuyó de 1.198.290 a 985.126, lo que representa 213.164 paraguayos fuera de esa condición en solo 12 meses.
Es el tipo de retroceso que cambia el debate interno, influye en la política y recoloca a Paraguay en el mapa de las discusiones sobre crecimiento con impacto social.
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La caída se produjo con fuerza en las ciudades y en el campo
El movimiento no se concentró en una única parte del país. En las áreas urbanas, la pobreza cayó del 16,9% al 13,6%. En el campo, donde la presión social suele ser más dura, el índice retrocedió del 26,3% al 22,1%.
La extrema pobreza, por su parte, se situó en el 2,4% en el resultado nacional de 2025, lo que equivale a unas 147 mil personas. Según el INE, hubo una reducción de la pobreza en todos los departamentos y también en la capital, Asunción.
El peso de los programas sociales se hizo imposible de ignorar
Los datos oficiales muestran que la caída no ocurrió en el vacío. El propio Instituto Nacional de Estadística señaló el impacto directo de los programas Tekoporã, Hambre Cero y Adultos Mayores en la contención de la pobreza monetaria.
Según el organismo, sin estas iniciativas la pobreza total habría llegado al 19,9%, lo que significa que unas 239 mil personas dejaron de caer por debajo de la línea de pobreza gracias a la asistencia estatal.
Este punto ayuda a explicar por qué la reducción se convirtió en un escaparate político. El presidente Santiago Peña celebró las cifras y afirmó que el gobierno adoptó medidas desde el primer día para retomar el crecimiento, generar empleo y ampliar la protección social.
Al mismo tiempo, la propia comunicación oficial de Paraguay comenzó a utilizar el resultado como prueba de que el país se consolidó entre los menores índices de pobreza de la región.
El dato impresiona aún más cuando entra en la comparación regional
Aun con metodologías nacionales diferentes entre los países, el resultado de Paraguay llama la atención cuando se compara con el panorama latinoamericano más reciente. La CEPAL informó que la pobreza por ingresos en América Latina se situó en el 25,5% de la población en 2024.
Es decir: el índice paraguayo del 16% en 2025 aparece muy por debajo de la media regional conocida, reforzando la imagen de un país que avanzó más rápido que buena parte de los vecinos en el post-pandemia.
Hay aún otro elemento detrás de este avance. El Banco Mundial destacó que la caída de la pobreza en Paraguay ya venía siendo impulsada por un mayor ingreso real del trabajo, sobre todo entre los tramos de ingresos más bajos, además de la incorporación de transferencias en especie del programa Hambre Cero en la medición oficial.
El propio INE también actualizó la serie de 2022 a 2025 con base en las nuevas proyecciones poblacionales derivadas del Censo de 2022, lo que ayuda a dar más precisión a la lectura reciente de los números.
No todo se convirtió en victoria sin cuestionamiento
A pesar de la celebración oficial, la disputa sobre la narrativa de esos números ya comenzó. Después de que Peña afirmara que cerca de 270 mil paraguayos salieron de la pobreza desde el inicio de su gobierno, la prensa local mostró que parte de esa comparación incluye datos anteriores a su gestión.
El debate llegó al Congreso, con pedidos de información sobre la forma en que el gobierno presentó el impacto de la caída de la pobreza. Esto no borra el retroceso expresivo registrado por el INE, pero muestra que la batalla ahora también es por la autoría política de este resultado.
Lo que nadie puede ignorar es el tamaño del cambio. Paraguay cerró 2025 con menos pobres, menos pobreza extrema y un discurso de ascenso regional que gana fuerza dentro y fuera del país.
Aún existe un contingente pesado de casi 1 millón de personas por debajo de la línea de pobreza, sobre todo en las áreas rurales. Pero el nuevo retrato ya es lo suficientemente fuerte como para transformar a Paraguay en uno de los casos más observados de América Latina en este momento.
Comenta si crees que Paraguay puede mantener este ritmo en los próximos años y comparte este artículo con quienes siguen la economía, la política y las oportunidades en América del Sur.

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