Investigadores australianos desarrollan un método innovador de producción de amoníaco, que utiliza un 20% menos de calor y un 98% menos de presión que el proceso tradicional, revolucionando la industria química y energética.
La producción de amoníaco, sustancia esencial en la fabricación de fertilizantes y en el transporte de hidrógeno, está a punto de sufrir una gran transformación gracias a un nuevo método desarrollado por investigadores de la RMIT, en Australia.
Este avance promete reducir significativamente las emisiones de carbono asociadas al proceso tradicional, haciéndolo más eficiente y ecológico.
La producción global de amoníaco, responsable del 2% del consumo energético y de las emisiones de carbono del mundo, podría volverse mucho menos impactante para el medio ambiente.
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El desafío de las emisiones en la producción de amoníaco

Actualmente, la producción de amoníaco depende del proceso Haber-Bosch, un método con más de un siglo de existencia que combina nitrógeno e hidrógeno bajo alta presión y temperaturas elevadas. Aunque eficiente, este método es altamente intensivo en energía.
La investigación conducida por el Dr. Karma Zuraiqi y su equipo en la Escuela de Ingeniería de RMIT propone una alternativa que utiliza un 20% menos de calor y un 98% menos de presión, resultando en un ahorro significativo de energía y una drástica reducción en las emisiones de carbono.
Zuraiqi destacó la importancia de este avance: «Si logramos mejorar este proceso y hacerlo menos intensivo en energía, podremos conseguir una gran reducción en las emisiones de carbono«.
El estudio, publicado en la reconocida revista Nature Catalysis, muestra que este nuevo enfoque puede producir amoníaco de manera tan eficaz como el proceso Haber-Bosch, pero con menor impacto ambiental.
El papel de los metales líquidos en el nuevo proceso
El punto clave de la innovación es el uso de catalizadores de metal líquido, un área en la que el equipo del profesor Torben Daeneke, de RMIT, se ha destacado.
Los catalizadores son sustancias que aceleran reacciones químicas sin ser consumidas en el proceso, y en este caso, diminutas gotículas de metal líquido que contienen cobre y galio, llamadas «nanoplanetas«, han sido desarrolladas.
Estos «nanoplanetas» tienen una estructura única, con un núcleo sólido, una cáscara externa líquida y un núcleo interno que facilita la interacción entre el nitrógeno y el hidrógeno.
De acuerdo con Daeneke, «El metal líquido permite mover los elementos químicos de forma más dinámica, facilitando el acceso de todos a la interfaz y permitiendo reacciones más eficientes, ideales para catálisis«. Esta capacidad permite una producción de amoníaco más eficiente, con menor necesidad de presión y energía.
Una solución más barata y accesible
Además de la eficiencia energética, el nuevo método presenta ventajas económicas. Los catalizadores basados en cobre y galio son significativamente más baratos y abundantes que el rutenio, metal precioso usado comúnmente en el proceso Haber-Bosch.
El galio, por su parte, es responsable de descomponer el nitrógeno, mientras que el cobre actúa en la división del hidrógeno, creando una sinergia entre los dos elementos que hace que el proceso sea aún más eficiente.
Daeneke explica: «Básicamente, encontramos una forma de aprovechar la sinergia entre los dos metales, mejorando su actividad individual». Esta innovación no solo reduce costos, sino que también hace que el proceso sea más accesible para una amplia gama de industrias.
Potencial de escalabilidad e impacto en la energía limpia
Uno de los aspectos más prometedores de esta innovación es su escalabilidad. Mientras que el proceso Haber-Bosch es viable solo en grandes instalaciones, el nuevo método desarrollado por el equipo australiano puede aplicarse tanto a gran escala como en producciones descentralizadas.
Esto abre la posibilidad de que el amoníaco sea fabricado en pequeñas instalaciones solares, reduciendo costos de transporte y las emisiones asociadas.
Además de su aplicación en el sector de fertilizantes, esta tecnología podrá desempeñar un papel fundamental en la transición hacia fuentes de energía más limpias, especialmente en el contexto de la economía del hidrógeno. El amoníaco se ve como una alternativa eficiente y segura para transportar hidrógeno, que puede ser utilizado como fuente de energía limpia.
No obstante, las técnicas actuales de producción de amoníaco siguen siendo contaminantes. Con este nuevo enfoque, sería posible combinar la producción de «amoníaco verde» con tecnologías de hidrógeno, creando un ciclo más sostenible de transporte y uso de energía limpia.
Próximos pasos y desafíos
Aunque los resultados iniciales son prometedores, el equipo de investigación aún enfrenta desafíos en la transición del laboratorio a la escala industrial.
El próximo paso es desarrollar sistemas que operen bajo presiones aún más bajas, haciendo que la tecnología sea viable para una gama más amplia de industrias. El equipo también está en busca de asociaciones para ayudar a escalar esta tecnología revolucionaria.
La investigación fue apoyada por el Australian Research Council y el Australian Synchrotron, con análisis molecular avanzado realizados en las instalaciones de microscopía y microanálisis de RMIT y en el Central Analytical Research Facility de QUT. La expectativa es que esta innovación pueda revolucionar la producción de amoníaco, reduciendo costos y emisiones de carbono en un futuro cercano.

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