Proyecto espacial ruso acelera carrera por internet vía satélite y amplía presencia militar y tecnológica en órbitas estratégicas, mientras Moscú apuesta por lanzamientos privados para competir con empresas occidentales y chinas en el mercado global de pequeños satélites, comunicación orbital y monitoreo terrestre.
Rusia pretende iniciar en 2026 la construcción del Cosmódromo de Primorsky, señalado como el primer espacio puerto privado del país enfocado en cohetes ultraligeros, en una estrategia que busca ampliar la presencia rusa en el mercado global de pequeños satélites y comunicaciones orbitales.
Responsable del proyecto, Space Energy pretende instalar la base en el extremo este ruso, en un área cercana al Océano Pacífico considerada estratégica para lanzamientos en órbitas polares y heliosíncronas, utilizadas principalmente en misiones de monitoreo terrestre y observación climática.
De acuerdo con la empresa, la estructura deberá alcanzar capacidad para realizar hasta 50 lanzamientos anuales cuando entre en operación, atendiendo cohetes ligeros y ultraligeros destinados a cargas menores usadas en pruebas tecnológicas, misiones científicas y sistemas de comunicación.
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Planeada para operar el cohete Orbita, la nueva base estará enfocada inicialmente en el envío de equipos de pequeño porte para órbita baja de la Tierra, con capacidad estimada de hasta 250 kilos en misiones orbitales convencionales.
Además, el vehículo también fue diseñado para transportar hasta 150 kilos para órbitas heliosíncronas, consideradas estratégicas por permitir observación continua de la superficie terrestre en horarios solares similares durante cada paso orbital.
Antes del estreno orbital del Orbita, Space Energy prevé realizar el lanzamiento del Kamchatka-1, cohete suborbital de combustible sólido desarrollado para pruebas técnicas y recolección de información científica y meteorológica en vuelos experimentales.
Si el cronograma divulgado por la empresa se mantiene, el primer vuelo del Kamchatka-1 debería ocurrir a finales de 2026, funcionando como etapa preparatoria para la futura operación orbital de la infraestructura privada en Primorsky.
Rusia intenta recuperar espacio en el mercado espacial
Durante décadas, el programa espacial ruso permaneció prácticamente concentrado en estructuras controladas por el Estado, reflejo directo de la herencia soviética que llevó al país a lanzar el Sputnik, primer satélite artificial de la historia, en 1957, desde el Cosmódromo de Baikonur.
En los últimos años, sin embargo, Moscú perdió espacio relativo en el mercado espacial global frente a las sanciones tecnológicas, las limitaciones para importar componentes extranjeros y los elevados costos financieros provocados por la guerra en Ucrania.
Dentro de este contexto, la creación de una base privada aparece como intento de diversificar la infraestructura espacial rusa y disminuir la dependencia operativa de cosmódromos tradicionales, entre ellos Baikonur, Vostochny y Plesetsk, históricamente ligados al gobierno ruso.
Además del aspecto económico, la elección de la región de Primorsky también posee relevancia estratégica por permitir trayectorias más favorables sobre el Océano Pacífico, con áreas marítimas adecuadas para caída de etapas y acceso facilitado a órbitas de observación terrestre.
Proyecto Rassvet amplía disputa con Starlink
Mientras amplía su infraestructura de lanzamientos, Moscú también acelera el proyecto Rassvet, red rusa de internet vía satélite desarrollada por el Bureau 1440 y frecuentemente presentada como alternativa nacional a Starlink, controlada por SpaceX de Elon Musk.
El 23 de marzo de 2026, Rusia puso en órbita los primeros 16 satélites operacionales del programa desde el Cosmódromo de Plesetsk, dando inicio a una etapa considerada esencial para la futura expansión comercial de la constelación.
Según las metas divulgadas por el gobierno y las empresas involucradas, el sistema deberá iniciar operaciones comerciales con más de 250 satélites y alcanzar una red superior a 900 unidades hasta 2035, ampliando la cobertura orbital rusa.
La propuesta involucra proporcionar banda ancha en órbita baja para regiones remotas del territorio ruso, además de ofrecer aplicaciones orientadas a servicios civiles, comunicaciones estratégicas y operaciones ligadas a la infraestructura gubernamental.
Al mismo tiempo, el proyecto también es tratado internamente como instrumento de soberanía digital en medio de la creciente rivalidad tecnológica entre Rusia, Estados Unidos y otras potencias occidentales que dominan el sector espacial privado.
Aunque Starlink permanece muy por delante en escala, con miles de satélites ya activos en órbita baja, el avance ruso refuerza la importancia creciente de la conectividad espacial en las disputas comerciales, tecnológicas y geopolíticas globales.
Cooperación entre Rusia e Irán avanza en el sector orbital
Paralelamente a los proyectos internos, Rusia intensificó en los últimos años los lanzamientos de satélites extranjeros desde su territorio, ampliando la cooperación espacial con países considerados estratégicos dentro de su política exterior.
En julio de 2025, un cohete Soyuz puso en órbita el satélite iraní Nahid-2, orientado a comunicaciones y lanzado desde el Cosmódromo de Vostochny, en el extremo oriente ruso.
Meses después, en diciembre de 2025, otra misión rusa llevó al espacio los satélites iraníes Paya, Kowsar y Zafar-2, descritos oficialmente por las autoridades iraníes como equipos de observación terrestre y sistemas de comunicación.
Aplicaciones ligadas a la agricultura, monitoreo ambiental y gestión de recursos naturales aparecen entre los principales objetivos declarados para estos equipos, aunque tecnologías de este tipo también pueden poseer aplicaciones estratégicas en diferentes áreas gubernamentales.
Antes de eso, en noviembre de 2024, Rusia ya había colocado en órbita los satélites Kowsar y Hodhod, ligados al sector privado iraní y desarrollados para ampliar la capacidad de observación y comunicación del país.
La cooperación espacial acompaña la aproximación política entre Moscú y Teherán, consolidada tras la firma de un tratado de asociación estratégica firmado entre los dos gobiernos en enero de 2025.
Cosmódromo de Primorsky mira mercado de pequeños satélites
El Cosmódromo de Primorsky deberá atender principalmente el mercado de pequeños satélites, segmento que ganó fuerza en los últimos años con la expansión de servicios comerciales ligados a la comunicación, observación terrestre y recolección de datos climáticos.
Empresas privadas, universidades, gobiernos e instituciones científicas comenzaron a invertir en misiones menores y más frecuentes, impulsadas por la miniaturización de componentes y la reducción gradual de los costos de lanzamiento en órbita baja.
En este escenario, Rusia intenta conquistar espacio en un área actualmente dominada por compañías occidentales y chinas, como SpaceX, Rocket Lab y LandSpace, que ya operan sistemas de lanzamiento más flexibles para cargas de pequeño porte.
A pesar del avance anunciado por Space Energy, el proyecto de Primorsky aún depende de etapas ligadas a la ejecución técnica, obtención de financiamiento y aprobación regulatoria para que la operación comercial sea efectivamente iniciada.
Hasta el momento, la información divulgada apunta al inicio de las obras y posible comisionamiento de una plataforma en 2026, mientras que el debut orbital del cohete Orbita sigue tratado oficialmente como meta prevista para 2027.

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