Proyecto Baobab Waterfall llama la atención por imaginar una estructura en el océano capaz de generar electricidad con cascadas artificiales, albergar invernaderos y convertirse en un polo turístico en Madagascar
Una propuesta futurista de hidroeléctrica flotante inspirada en el baobab, árbol símbolo de Madagascar, llamó la atención al imaginar una estructura gigante en el océano capaz de unir generación de energía limpia, agricultura, rehabilitación social y turismo. El proyecto, llamado Baobab Waterfall, todavía es conceptual, pero ganó repercusión precisamente por intentar responder a un problema real: la falta de acceso confiable a la electricidad en gran parte del país africano.
Como informó la Revista Casa e Jardim en junio de 2026, la idea utiliza la forma del baobab como punto de partida para una construcción circular instalada en la costa de Madagascar. La propuesta no es una hidroeléctrica convencional en río, sino un sistema de “cascadas” artificiales en el mar, con el agua siendo dirigida hacia turbinas bajo la superficie.
El concepto fue desarrollado por el arquitecto Ahmad Eghtesad, con un equipo formado por Mohammad Aghaei y Nastaran Fazeli. El proyecto aparece como una entrada para la competencia de la Jacques Rougerie Foundation, fundación conocida por estimular propuestas de arquitectura orientadas al mar, al espacio y a futuros escenarios ambientales.
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A pesar del aspecto impresionante, es importante resaltar que el Baobab Waterfall no es una obra en ejecución y aún no tiene capacidad instalada divulgada, cronograma de construcción o costo público detallado. Hoy, funciona más como una provocación arquitectónica sobre cómo infraestructura, energía y uso social de los espacios podrían ser pensados juntos.
El árbol que almacena agua se convirtió en símbolo de una planta que intenta imitar la naturaleza

El baobab no entró en el proyecto solo como referencia estética. Según el Royal Botanic Gardens, Kew, seis de las ocho especies de baobab del mundo se encuentran solo en Madagascar, lo que ayuda a explicar por qué el árbol es tratado como un símbolo natural y cultural de la isla.
En el diseño de la Cascada Baobab, el “tronco” central concentra áreas de convivencia, administración, invernaderos y espacios educativos. La “copa” amplia, inspirada en la forma del árbol, aparece como protección y marco visual, creando una estructura que intenta parecer al mismo tiempo técnica y orgánica.
La elección también tiene valor narrativo. El baobab es conocido por su capacidad de almacenar agua y resistir a ambientes secos, por lo que suele asociarse a la supervivencia. En el proyecto, esta idea se transfiere a una infraestructura que promete transformar agua de mar en movimiento útil para generar electricidad.
La promesa energética apunta a un problema concreto de Madagascar
De acuerdo con el Banco Mundial, Madagascar tenía una tasa de electrificación en torno al 30% en 2024, lo que significa que cerca de 7 de cada 10 habitantes aún no tenían acceso a la electricidad. El problema afecta con más fuerza a áreas rurales, familias de bajos ingresos y comunidades más alejadas de la red.
La Agencia Internacional de Energía también señala a Madagascar entre los países con baja cobertura eléctrica, con acceso concentrado en una parte limitada de la población. Este escenario ayuda a explicar por qué propuestas de energía renovable, aunque conceptuales, ganan fuerza en debates sobre desarrollo.
La Cascada Baobab propone usar el océano como fuente de energía mediante caídas de agua continuas. En la práctica, la estructura imaginada canalizaría grandes volúmenes de agua hacia turbinas instaladas debajo de la superficie, creando un sistema similar a una hidroeléctrica, pero sin depender de un río represado.
La diferencia es que, por ahora, la propuesta no presenta información pública suficiente para confirmar viabilidad técnica, impacto ambiental, potencia generada o costo por megavatio. Estos puntos serían esenciales antes de cualquier discusión sobre construcción real, especialmente en un área marina sensible.
Invernaderos, educación y turismo amplían el proyecto más allá de la generación de energía
Según Amazing Architecture, la Cascada Baobab fue descrita como una infraestructura de uso mixto, con función energética, espacios educativos, invernaderos transparentes y áreas de convivencia. La propuesta inicial también incluye un componente de rehabilitación social, con actividades agrícolas y formación profesional dentro de la estructura.
Esta parte del proyecto es una de las más ambiciosas y también una de las más delicadas. La idea de combinar energía, producción de alimentos y reinserción social en un único complejo parece innovadora, pero requeriría reglas claras de gobernanza, derechos humanos, seguridad y participación pública.
Como mostró Yanko Design, el concepto también prevé una transición futura hacia un resort multifuncional y un polo de energía verde. La lógica sería transformar una estructura inicialmente orientada a problemas sociales y energéticos en un destino turístico sostenible, con atractivo internacional.
Este tipo de propuesta llama la atención porque mezcla ingeniería, arquitectura e imaginación urbana. Al mismo tiempo, exige cautela: cuanto más funciones promete resolver un proyecto, mayor debe ser la transparencia sobre costos, impactos, operación y beneficios reales para la población local.
Lo que hace curioso al Baobab Waterfall también levanta dudas
La fuerza visual del proyecto es evidente. Una isla artificial circular, rodeada por cascadas en el océano y coronada por una torre inspirada en el baobab, crea una imagen difícil de ignorar. Es precisamente este impacto el que ayuda a la propuesta a circular en sitios de arquitectura, tecnología y sostenibilidad.
Pero una hidroeléctrica flotante de este tamaño enfrentaría desafíos complejos. Sería necesario evaluar licencias ambientales, corrosión marina, mantenimiento en alta mar, riesgo para ecosistemas costeros, conexión con la red eléctrica y resistencia a tormentas en el Océano Índico.
También existe la cuestión social. Madagascar necesita soluciones energéticas prácticas, accesibles y escalables, como expansión de red, mini-redes, sistemas solares y mejoras en la operación de la infraestructura existente. Un megaproyecto conceptual puede inspirar debates, pero no sustituye políticas públicas de electrificación.
Una idea de futuro que funciona mejor como alerta que como promesa
El Baobab Waterfall gana relevancia porque transforma un problema invisible para muchos lectores en una imagen fuerte: un país con baja electrificación imaginando una planta en el mar inspirada en su árbol más emblemático. Es una forma creativa de llamar la atención sobre la relación entre energía, pobreza, naturaleza y desarrollo.
Al mismo tiempo, la propuesta necesita ser leída con cuidado. Hasta que existan estudios públicos, presupuesto, ingeniería detallada y plan ambiental, debe ser tratada como concepto futurista, no como solución lista para la crisis energética de Madagascar.
Aun así, el proyecto cumple un papel importante al provocar una pregunta mayor: si la infraestructura del futuro puede generar energía, producir alimentos y crear nuevos espacios de convivencia, ¿qué ideas merecen salir del papel y cuáles deben continuar solo como laboratorio de imaginación?

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