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Una ciudad brasileña creó la «Operación Tom & Jerry», soltó un ejército de gatos para cazar ratones en la costa y vio cómo el plan se salió de control tras el abandono de animales, la explosión de la población felina y un nuevo problema de salud pública.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 10/06/2026 a las 21:52
Actualizado el 10/06/2026 a las 21:53
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Caso ocurrido en Santos muestra cómo un intento de control de ratas con gatos en los jardines de la playa ganó repercusión nacional y pasó a involucrar abandono de animales, salud pública y manejo urbano.

La Prefectura de Santos, en el litoral de São Paulo, adoptó gatos como parte de una estrategia para reducir la presencia de ratas en los jardines de la playa a finales de los años 1980.

La medida, conocida como Operación Tom & Jerry, fue asociada a la gestión del entonces alcalde Oswaldo Justo y ganó repercusión en 1988, pero pasó a exigir acciones de control sanitario después de que la población de felinos aumentó en la costa.

El episodio es recordado en registros sobre la historia urbana de Santos por reunir control de plagas, manejo de animales y salud pública en un área de gran circulación.

La iniciativa partía de la relación natural entre depredador y presa, pero el ambiente urbano trajo factores que dificultaron la ejecución del plan, como abandono de animales, reproducción sin control y riesgo de contaminación del suelo.

Infestación de ratas en la costa de Santos

La Operación Tom & Jerry surgió en un período de reorganización administrativa de Santos.

Oswaldo Justo fue elegido alcalde en 1984, tras la recuperación de la autonomía municipal, y gobernó la ciudad hasta 1989, según la Prefectura de Santos.

En ese contexto, los jardines de la costa ya tenían un papel importante en el paisaje urbano y turístico del municipio.

Actualmente, el área es descrita por la Prefectura de Santos como el mayor jardín frontal de playa del mundo, con 5.335 metros de longitud y 50 metros de ancho, reconocimiento atribuido al Guinness World Records.

La presencia de roedores en tramos de la playa incomodaba a residentes, comerciantes y visitantes.

Relatos publicados sobre el período indican que el debate ganó fuerza en 1986, cuando denuncias señalaron que ratas muertas estarían siendo enterradas en la arena por empleados vinculados al servicio municipal de limpieza urbana.

La presión por una solución aumentó porque las acciones tradicionales de desratización no eran vistas como suficientes para eliminar el problema.

El uso de raticidas también encontraba resistencia dentro de la propia administración, debido al riesgo de afectar a otros animales que circulaban por los jardines, como aves, perros y gatos.

La estrategia ganó repercusión nacional, se convirtió en titular en periódicos de todo Brasil y hasta hoy es recordada como una de las medidas más inusitadas ya adoptadas por una administración pública
La estrategia ganó repercusión nacional, se convirtió en titular en periódicos de todo Brasil y hasta hoy es recordada como una de las medidas más inusitadas ya adoptadas por una administración pública

Cómo surgió la idea de usar gatos contra ratones

La propuesta defendida por Justo recurría a un principio biológico conocido: la relación entre depredadores y presas.

En lugar de basar el control de los roedores solo en venenos o trampas, la administración municipal decidió probar la presencia de gatos en los jardines de la playa.

Según registros de la Memoria Santista, la inspiración habría venido de una residente de 76 años que caminaba por la costa acompañada de sus seis gatos.

Durante esos paseos, los animales eran vistos cazando ratones en los parterres, lo que llamó la atención de la administración municipal.

La justificación presentada por Oswaldo Justo fue registrada en declaración de la época.

“Como defensor de la ecología no acepto esta práctica, incluso porque el veneno, además de matar a los roedores, termina afectando a los pajaritos. Soy partidario del equilibrio ecológico y, por lo tanto, del uso de gatos para matar a los ratones”, afirmó el entonces alcalde, según la Memoria Santista.

Antes de ampliar la medida, la alcaldía realizó pruebas en tramos considerados críticos, especialmente entre los canales 1 y 2.

Con la percepción de reducción en la presencia de roedores, la administración decidió extender la acción a otros puntos de la playa en mayo de 1988, de acuerdo con el mismo registro histórico.

La prensa comenzó a llamar a la iniciativa Operación Tom & Jerry, en referencia al dibujo animado del gato y el ratón.

El apodo ayudó a transformar una política local de control de plagas en un tema de repercusión fuera de la Baixada Santista.

Gatos en los jardines de la playa

En los primeros meses, la operación recibió apoyo de parte de los residentes.

La reducción de ratones en algunos tramos de la costa fue relatada en la época, mientras los gatos comenzaron a circular por los jardines y a recibir alimento de los visitantes de la playa.

Con el avance de la acción, algunos animales fueron adoptados informalmente por residentes, sobre todo ancianos que ya frecuentaban la región.

La convivencia entre gatos, residentes y turistas también provocó discusiones sobre responsabilidad pública, cuidado veterinario y protección contra maltratos.

La repercusión llegó al Concejo Municipal.

En junio de 1988, el concejal Reynaldo Cammarosano presentó una propuesta para que los gatos utilizados en la lucha contra las ratas recibieran collares de identificación.

La propuesta afirmaba que los animales estaban “al servicio del Ayuntamiento” y buscaba diferenciarlos de gatos abandonados o sin vínculo con la operación.

El ayuntamiento también adoptó medidas para albergar a los felinos.

En octubre de 1988, tras la sugerencia de un residente, se instalaron pequeñas estructuras de madera en los jardines de la costa.

Los refugios fueron colocados entre arbustos, con el objetivo de ofrecer protección a los animales sin alterar de forma significativa la circulación en el área.

Video de YouTube

El abandono de gatos cambió el rumbo de la operación

La divulgación de la Operación Tom & Jerry produjo un efecto no previsto por la administración.

Con la noticia de que los gatos eran usados oficialmente en el control de las ratas, los residentes comenzaron a abandonar animales domésticos en los jardines de la playa, según registros publicados sobre el caso.

La población felina creció con la llegada de estos animales, con los gatos ya mantenidos en la costa y con las crías nacidas en el propio lugar.

Como no había estructura suficiente para castración, desparasitación y seguimiento continuo, la medida pasó a requerir una política más amplia de manejo.

La elevada presencia de animales en área pública también llevó a preocupaciones sanitarias.

La gestión siguiente, comandada por Telma de Souza a partir de 1989, evaluó que la operación había contribuido a un problema asociado al bicho geográfico en las playas santistas, según la Memoria Santista.

El bicho geográfico es el nombre popular de la larva migrans cutánea, una infección relacionada con anquilostomas zoonóticos.

De acuerdo con el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, estos parásitos son comunes en perros y gatos, viven en suelo contaminado por heces de animales y pueden penetrar en la piel humana, causando lesiones rojizas y picazón.

La información no significa que todos los gatos transmitan la enfermedad.

El riesgo está relacionado con la contaminación ambiental y la falta de manejo adecuado, especialmente en lugares con circulación de personas descalzas, arena expuesta y presencia de animales sin seguimiento veterinario.

Fin de la Operación Tom & Jerry en Santos

Con la toma de posesión de Telma de Souza en 1989, la Prefeitura de Santos puso fin a la estrategia de mantener gatos en la orilla como política oficial de combate a los ratones.

Equipos municipales comenzaron a recoger a los animales, y parte de ellos fue llevada al Canil Municipal, en la Zona Noroeste.

La decisión generó reacción de vecinos y defensores de los animales que acompañaban a los felinos en la playa.

La Asociación de Protección a los Animales pidió que los gatos fueran trasladados al Horto Municipal, donde podrían recibir cuidados y ser destinados a la adopción, conforme a registros sobre el caso.

A partir de ese período, el debate dejó de concentrarse solo en la presencia de los ratones y pasó a incluir temas como castración, desparasitación, adopción responsable y abandono de animales.

Estas medidas son consideradas parte del control poblacional y sanitario cuando hay gran número de perros o gatos viviendo en espacios públicos.

En los años siguientes, la presencia de gatos en la orilla continuó siendo mencionada en reportajes locales.

El Juicy Santos registró que aún había estimación de 250 a 300 gatos en la región en 2004, lo que indica que los efectos de la operación permanecieron visibles después del fin de la medida oficial.

Ecología urbana y salud pública en el caso de los gatos de Santos

La Operación Tom & Jerry puede ser analizada como un ejemplo de interacción entre ecología urbana y salud pública.

La relación entre gatos y ratones existe en la naturaleza, pero una ciudad no funciona como un ambiente aislado.

Hay interferencia humana, oferta de alimento, basura, refugio, circulación intensa y abandono de animales.

Desde el punto de vista sanitario, el caso también involucra el concepto de zoonosis, usado para describir enfermedades o infecciones que pueden circular entre animales y seres humanos.

En el caso de los ancilostomídeos zoonóticos, el CDC señala que el suelo contaminado por heces de perros y gatos es el principal ambiente de riesgo para la transmisión a la piel humana.

La experiencia santista también evidencia la diferencia entre control biológico planificado e introducción sin manejo continuo.

Para que una acción de este tipo funcione en área urbana, es necesario prever alimentación, reproducción, vacunación, desparasitación, castración, destino de los animales e impacto sobre la población humana.

Más de tres décadas después, la Operación Tom & Jerry permanece como un episodio de interés para quienes observan la relación entre ciudades, animales y soluciones ambientales.

El caso no se resume a la tentativa de usar gatos contra ratones; también ayuda a discutir cómo una intervención urbana puede alterar el equilibrio de un espacio público cuando no hay control permanente.

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Ana Alice

Redactora y analista de contenido. Escribe para el sitio web Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 y es especialista en crear textos sobre temas diversos como economía, empleos y fuerzas armadas.

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