Familias afectadas por el terremoto y tsunami de 2018 participaron en la reconstrucción comunitaria en Indonesia, eligieron un área segura, ayudaron en el diseño del asentamiento y levantaron 38 casas resistentes a terremotos sin romper el vínculo con la pesca y con los ingresos cerca del mar
Después de perderlo todo en un terremoto y tsunami en Indonesia, los sobrevivientes ayudaron a elegir el terreno, diseñaron el nuevo asentamiento y construyeron 38 casas resistentes a terremotos para comenzar de nuevo cerca del mar.
La información fue publicada por World Habitat, organización responsable de los World Habitat Awards. El proyecto ocurrió después del desastre de septiembre de 2018, que afectó la bahía de Palu, en la isla de Sulawesi, y dejó a familias sin hogar.
La reconstrucción llamó la atención porque no trató a los residentes solo como beneficiarios. La comunidad de Mamboro Perikanan Village participó en las decisiones sobre dónde vivir, cómo construir y cómo mantener el trabajo relacionado con la pesca.
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Cómo la comunidad eligió el terreno sin alejarse del trabajo en el mar
Tras el desastre y terremoto, había una propuesta de reubicación para comunidades costeras en un área de mayor riesgo. El nuevo lugar previsto estaba a 5km hacia el interior.

Para quienes vivían de la pesca, el secado y la venta de pescado, esa distancia podría convertirse en un problema diario. La casa podría ser más segura, pero el acceso al sustento sería más difícil.
Con apoyo de la organización no gubernamental Arkom Indonesia, los residentes eligieron otra área dentro de una zona segura. La propuesta fue aceptada por el gobierno local y permitió que la reconstrucción mantuviera a la comunidad más cerca de la rutina ligada al mar.
Esta decisión mostró que reconstruir después de un desastre no solo implica levantar paredes. También implica proteger ingresos, vecindario, memoria y el modo de vida de familias que dependen del territorio.
Qué hace que las 38 casas sean más resistentes a terremotos
Las 38 casas resistentes a terremotos fueron creadas para ofrecer más seguridad a las familias en una región sujeta a sismos. Esto significa una construcción pensada para reducir riesgos cuando el suelo tiembla.
Una casa resistente no es una casa indestructible. Está hecha para proteger mejor a las personas, disminuir daños y evitar colapsos más graves durante nuevos temblores.

Las viviendas fueron concluidas en diciembre de 2020. Después de eso, habían resistido a choques por debajo de 5 en la escala de Richter, medida utilizada para indicar la fuerza de los terremotos.
Este dato ayuda a entender el objetivo central del proyecto. La reconstrucción no intentó solo devolver un techo a las familias, sino crear viviendas con más preparación para enfrentar riesgos naturales.
Por qué participar en la obra cambió el nuevo comienzo de los sobrevivientes
La reconstrucción tuvo participación directa de hombres, mujeres y niños. La comunidad participó en el proceso desde la búsqueda del terreno hasta etapas relacionadas con el diseño y la construcción del asentamiento.
Este tipo de participación cambia el sentido de la casa. La vivienda deja de ser solo una entrega externa y pasa a ser parte de una decisión colectiva, hecha por quienes realmente conocen el lugar.
Emilia, residente afectada por el desastre y terremoto, resumió el sentimiento de la comunidad al decir que ya eran independientes, habían llegado hasta ese punto y necesitaban seguir adelante, sin retroceder.
La declaración muestra que el nuevo comienzo no fue tratado solo como refugio. Para muchas familias, participar en la obra también significó recuperar autonomía después de una pérdida profunda.
El costo del proyecto y el fondo creado para mantener la comunidad
El costo total del proyecto fue de aproximadamente IDR 8.4 billion ($586,516 USD), financiado por donaciones y subsidios. El valor sustentó la construcción de las casas y la formación del nuevo asentamiento.

World Habitat, organización responsable por el World Habitat Awards, también registró la creación de un fondo comunitario. Cada familia hace pagos mensuales a este fondo, usado en necesidades de educación, economía y vivienda a largo plazo.
Este fondo muestra que la reconstrucción no terminó con la entrega de las viviendas. La comunidad creó una forma de mantener apoyo colectivo para demandas futuras.
En la práctica, el proyecto unió casa, seguridad y organización comunitaria. Este conjunto fortaleció la vida de las familias después del desastre.
Lo que las reconstrucciones brasileñas pueden aprender de la experiencia de Indonesia
La experiencia de Indonesia deja una lección importante para cualquier país que enfrenta inundaciones, deslizamientos u otros desastres. Una casa nueva puede resolver la falta de abrigo, pero también necesita considerar trabajo, transporte, escuela y lazos comunitarios.
En el caso de Mamboro Perikanan Village, alejar a los residentes 5km del mar podría romper la rutina económica de familias que dependían de la pesca. Por eso, la elección del terreno se convirtió en una parte central de la reconstrucción.
Para Brasil, el ejemplo muestra que escuchar a los residentes no es un detalle. Quien vive en el territorio sabe qué caminos usa, dónde trabaja, cómo circula y qué cambios pueden afectar la vida de forma inmediata.
La reconstrucción comunitaria en Indonesia también refuerza que seguridad y participación pueden andar juntas. El proyecto no ignoró el riesgo, pero encontró una solución con más diálogo entre la necesidad de protección y la vida real de las familias.
Un cambio de política amplió el peso de la participación de los residentes
El resultado del proyecto llevó a un cambio en la política oficial. Esta alteración podría dar a miles de personas más espacio para decidir cómo y dónde reconstruir la vida después de un desastre.
Este punto es importante porque realojar familias sin escuchar puede resolver un problema y crear otro. Una casa lejos del ingreso, de la escuela o de la red de apoyo puede aumentar la dificultad de recomenzar.
En el caso de la comunidad afectada en Indonesia, la solución vino de una elección más cuidadosa. El asentamiento necesitaba ser más seguro, pero también necesitaba mantener a los residentes conectados al mar.
La historia de las 38 casas resistentes a terremotos muestra que reconstrucción no es solo obra. Es también decisión, pertenencia y oportunidad de recomenzar sin borrar la vida que existía antes del desastre.
Después del terremoto y el tsunami de 2018, la comunidad de Mamboro Perikanan Village mostró que los residentes afectados pueden participar en las decisiones más importantes de su propia reconstrucción. El proyecto terminó con casas más seguras, un asentamiento elegido colectivamente y familias aún conectadas a ingresos cerca del mar.
¿Crees que las reconstrucciones después de desastres en Brasil deberían priorizar casas listas en cualquier lugar o escuchar más a los residentes antes de decidir dónde comenzará de nuevo la vida?

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