Científicos analizan si cerrar el Estrecho de Bering con una presa puede evitar el fin de la corriente AMOC. Entiende los riesgos, costos y la viabilidad del proyecto.
Una propuesta monumental de ingeniería ha vuelto al centro del debate científico para evitar un desastre climático sin precedentes: la construcción de una presa en el Estrecho de Bering.
Según un estudio de la Universidad de Utrecht, publicado en la revista Science Advances, el cierre de este paso de 82 kilómetros entre Rusia y Alaska podría estabilizar la Circulación Meridional de Revolvimiento del Atlántico (AMOC).
La intervención extrema surge como un intento desesperado de salvar este «motor» oceánico, que regula las temperaturas globales y el nivel del mar, pero que corre el riesgo de colapsar aún en este siglo debido al exceso de agua dulce proveniente del deshielo polar.
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¿Por qué el Estrecho de Bering es la clave para la AMOC?
La lógica de la intervención se basa en el control de la salinidad oceánica. Actualmente, el Estrecho de Bering vierte aguas menos saladas del Pacífico en el Océano Ártico, que terminan migrando hacia el Atlántico Norte.
Al erigir una presa en el Estrecho de Bering, los científicos pretenden:
- Bloquear el agua dulce: Impedir que el flujo del Pacífico reduzca la densidad del Atlántico Norte.
- Fortalecer el «motor» climático: Aumentar la salinidad alrededor de Groenlandia para mantener la corriente activa.
- Seguridad térmica: Preservar la capacidad del océano de absorber calor, lo que reduce el calentamiento global en cerca de 0,2 grados.
- Protección costera: Evitar la rápida subida del nivel del mar en la costa de América del Norte e inviernos extremos en Europa.
Aunque las simulaciones muestran un potencial positivo, la eficacia del proyecto depende de un límite matemático rígido. Los investigadores identificaron que la obra solo funciona si se inicia mientras la AMOC aún está saludable.
Si el sistema se debilita más del 16% (llegando a menos de 16,4 millones de metros cúbicos por segundo), el efecto de la estructura se invierte. En este escenario de «retraso», la construcción de la presa en el Estrecho de Bering podría agravar la crisis.
En lugar de estabilizar el clima, el bloqueo aumentaría la formación de hielo en el Ártico y reduciría la evaporación, haciendo las aguas aún más dulces y acelerando el fin definitivo de la corriente oceánica. La incertidumbre sobre si ya hemos superado este punto crítico hace que la propuesta sea una apuesta de alto riesgo.
Geopolítica y desafíos de una obra a escala global
Además de las barreras físicas —una profundidad media de 50 metros en aguas remotas y hostiles—, el mayor obstáculo para la presa en el Estrecho de Bering puede ser diplomático.
Como gran parte del estrecho pertenece a Rusia, la construcción requeriría un acuerdo internacional sin precedentes.
Dar a un solo país o coalición el control sobre una estructura que altera el clima global añade una capa de complejidad geopolítica casi insuperable.

Adicionalmente, los impactos ambientales serían severos. La barrera física cortaría rutas migratorias esenciales de ballenas y otros animales marinos, transformando permanentemente los ecosistemas del Pacífico y del Ártico.
Aunque la obra sea técnicamente viable para la ingeniería actual, requeriría recursos billonarios y años de ejecución bajo condiciones climáticas extremas.
Una solución limitada para un problema mayor
Es importante destacar que la construcción de la presa en el Estrecho de Bering no es una cura definitiva. Incluso si se interrumpe el flujo del Pacífico, el calentamiento global continuará derritiendo los glaciares de Groenlandia.
Este deshielo continuará inyectando agua dulce en el sistema, amenazando la AMOC por otras vías. En última instancia, el estudio sirve como una advertencia sobre la gravedad de la crisis actual.
La ciencia está siendo forzada a considerar «muros» en los océanos porque la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero no ocurre a la velocidad necesaria.
Con información de Olhar Digital

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