Sueño postergado desde la infancia toma forma a los setenta y tres años cuando Lourdes Del Guingaro entra a medicina, transforma una larga trayectoria en la educación en un reinicio universitario y muestra que la edad, la jubilación y los cambios de vida no impidieron la búsqueda de un nuevo futuro
El sueño de estudiar medicina, guardado desde la infancia, finalmente comenzó a hacerse realidad para Lourdes Moraes Del Guingaro a los setenta y tres años. Profesora jubilada, formada en geografía y arquitectura, se convirtió en alumna del curso de Medicina de la Universidad Anhembi Morumbi y comenzó a escribir un nuevo capítulo de su propia historia después de décadas de trabajo, familia y postergaciones.
La trayectoria llama la atención porque reúne elementos raros en una misma historia. Lourdes ya construyó una carrera en la docencia, trabajó en la red pública y privada, fue directora, avanzó a la supervisión de enseñanza, se jubiló, realizó otra graduación y, aun así, decidió intentar nuevamente realizar el antiguo deseo. Ahora, con el apoyo del esposo y del hijo, apunta a un objetivo aún más simbólico: concluir la universidad a los ochenta años.
El sueño que Lourdes cargó desde la infancia
El deseo de estudiar medicina no surgió ahora. Según la propia Lourdes, esa voluntad siempre estuvo presente desde niña, pero fue postergada a lo largo de los años. En diferentes momentos de la vida, vio el sueño como algo distante y sin posibilidad real de suceder.
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Esta permanencia del deseo a lo largo del tiempo es lo que hace que la historia sea tan impactante. Incluso después de construir una carrera sólida y pasar por otras graduaciones, la idea de estudiar medicina no desapareció. Simplemente quedó en espera hasta que surgiera una nueva oportunidad.
La trayectoria profesional antes de llegar a la medicina

Antes de entrar en el curso de medicina, Lourdes construyó un largo camino en la educación. Su primera formación fue en geografía, área en la que inició su carrera y trabajó como profesora. Después, aprobó un concurso para dirección escolar y avanzó hasta la supervisión de enseñanza, función en la cual se jubiló.
Ella resume este recorrido diciendo que hizo toda la carrera del magisterio. Esto da dimensión al tamaño del cambio actual. La entrada en medicina no ocurre como un primer intento de formación, sino como una reinvención profunda después de años de experiencia profesional consolidada.
La tercera facultad y un reinicio que llama la atención
La medicina es la tercera facultad cursada por Lourdes. Después de geografía, también estudió arquitectura. En otro momento, llegó a ingresar en un curso de derecho, pero no continuó. Aun así, el sueño principal permaneció ligado al área médica.
Este dato ayuda a mostrar que su trayectoria no fue lineal. Pasó por diferentes formaciones, vivió cambios personales y profesionales y siguió acumulando experiencias hasta decidir enfrentar uno de los exámenes de ingreso más desafiantes del país. El resultado transformó el antiguo sueño en realidad concreta.
Lo que cambió para que ella intentara ahora
Uno de los momentos decisivos vino después de la jubilación. Lourdes se mudó a Caraguatatuba con el esposo, que había sufrido un infarto y necesitaba un lugar más adecuado para recuperarse. Fue en ese período que inició la graduación en arquitectura y, con el paso del tiempo, volvió a considerar la posibilidad de entrar en medicina.
La decisión maduró poco a poco. Ya jubilada, comenzó a ahorrar recursos y vio una oportunidad más real de sacar el plan del papel. Fue por internet que encontró información sobre el examen de ingreso y decidió intentarlo. Se inscribió, hizo la prueba, fue aprobada y pasó a ocupar la posición que por tantos años parecía distante.
Los números que ayudan a dimensionar esta historia
La propia trayectoria de Lourdes trae números que ayudan a medir el peso del reinicio. Entró en medicina a los setenta y tres años y proyecta terminar el curso a los ochenta. Antes de eso, ya había concluido geografía y arquitectura, además de haber iniciado derecho. También construyó una vida familiar intensa, con matrimonio, un hijo hoy de 42 años y un nieto de 8.
Estos datos muestran que la aprobación no ocurrió en un momento de vida vacía o sin responsabilidades acumuladas. Al contrario, llegó después de un largo camino, cargado de trabajo, experiencias familiares y decisiones pospuestas. Esto amplía el impacto de la historia y refuerza la idea de que el sueño resistió el tiempo.
El apoyo familiar que hizo el sueño viable
Para poder mantener la rutina de estudios, Lourdes cuenta con el apoyo directo de su familia. Ella vive en Cotia y se desplaza diariamente a la universidad con la ayuda de su marido, quien la lleva y la recoge de las clases. También destaca el apoyo de su hijo como parte esencial de este proceso.
Este punto es central porque muestra que empezar de nuevo no siempre depende solo de la voluntad individual. En el caso de Lourdes, el sueño obtiene sustento práctico a través de la red familiar. El apoyo cotidiano ayuda a transformar la aprobación en permanencia, algo indispensable en un curso largo y exigente como medicina.
La convivencia en la universidad y la nueva fase como alumna
Además de la estructura familiar, Lourdes destaca la relación con el grupo como una parte importante de esta nueva etapa. Según ella, el ambiente encontrado en la universidad ha sido positivo y acogedor. La convivencia con los compañeros aparece como un elemento de fortalecimiento en este cambio de vida.
Esto ayuda a mostrar que el ingreso tardío a la educación superior no tiene por qué estar marcado por el aislamiento. La experiencia universitaria de Lourdes no se resume al desafío académico. También implica integración, adaptación y construcción de nuevas relaciones en un momento de la vida en que mucha gente imagina que los grandes comienzos ya no serían posibles.
Lo que esta historia revela sobre el nuevo comienzo y la educación
La historia de Lourdes va más allá de la aprobación en medicina. Ella posiciona la educación como un espacio permanente de transformación, independientemente de la edad. En lugar de tratar la jubilación como un punto final, la transformó en un paso hacia un nuevo proyecto de vida.
Este movimiento llama la atención porque confronta una idea común de que ciertos sueños tienen fecha de caducidad. Al ingresar a medicina después de los 70 años, Lourdes demuestra que empezar de nuevo puede ser una elección concreta, siempre que existan decisión, persistencia y alguna condición para sostener el camino.
La meta de graduarse a los ochenta años
Hoy, Lourdes tiene una meta clara: concluir la carrera de medicina a los ochenta años. Ella reconoce que el proceso depende de su propia salud y de la continuidad de la rutina de estudios, pero deja claro que la intención es seguir hasta el final.
Esta proyección da aún más fuerza a la historia porque transforma la aprobación en algo más grande que un logro aislado. No se trata solo de aprobar el examen de ingreso, sino de avanzar por toda la formación y llegar al diploma como símbolo de un sueño mantenido por décadas y finalmente puesto en movimiento.
¿Crees que historias como la de Lourdes ayudan a más personas a darse cuenta de que nunca es tarde para perseguir un sueño antiguo?

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