Investigadores estudian la geoingeniería solar como alternativa al calentamiento global, inspirados en la erupción del Monte Pinatubo en 1991, pero advierten que los riesgos ambientales, sociales y geopolíticos aún superan los posibles beneficios de esta técnica experimental
Desde la década de 1960, la ciencia intenta comprender formas de frenar el calentamiento global. La idea ganó fuerza tras la erupción del Monte Pinatubo, en Filipinas, en 1991, cuando la temperatura media del planeta cayó cerca de 0,5°C. Este episodio reforzó el interés en métodos capaces de reducir el calor de la Tierra artificialmente.
Hoy, con los impactos climáticos cada vez más evidentes, esta posibilidad volvió al centro de los debates científicos.
La propuesta de la inyección de aerosol estratosférico
La teoría más discutida actualmente es la llamada inyección de aerosol estratosférico, o SAI (en su sigla en inglés).
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El concepto consiste en lanzar partículas reflectantes en la troposfera, creando una especie de escudo para reducir la llegada de la luz solar.
Aunque suene como algo salido de un libro de ciencia ficción, el tema se ha tomado en serio en centros de investigación de todo el mundo.
La profesora V. Faye McNeill, química atmosférica y científica de aerosoles de la Escuela de Clima y Ingeniería de la Universidad de Columbia, advierte que los resultados de esta técnica pueden ser impredecibles.
“Hay una serie de cosas que pueden suceder si intentas hacer esto —y estamos argumentando que la gama de resultados posibles es mucho más amplia de lo que cualquiera había imaginado hasta ahora”, afirmó.
Desafíos y riesgos del método
El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, detalla los desafíos físicos, económicos y políticos que hacen que el SAI sea más complejo de lo que parece.
La ubicación, la altitud, la cantidad de partículas y hasta la época del año en que serían lanzadas interfieren directamente en los resultados.
McNeill también observa que un experimento de esta escala requeriría control internacional, algo difícil de garantizar en el escenario geopolítico actual.
Cualquier falla de coordinación podría generar desequilibrios climáticos severos en regiones específicas del planeta.
Además, hay precedentes preocupantes. Cuando el Pinatubo entró en erupción, el ecosistema del Sur Asiático y de la India sufrió fuertes impactos, con disminución de las lluvias y daños a la capa de ozono.
Aún bajo control, el SAI podría generar efectos similares o aún desconocidos.
Alternativas y limitaciones
Los científicos evalúan el uso de otras sustancias para reemplazar los aerosoles de sulfato —que imitan compuestos liberados por volcanes—, pero enfrentan dificultades técnicas.
Materiales como diamantes, carbonato de calcio, alúmina, titanio y circonio tienen propiedades interesantes, pero son costosos o imposibles de fragmentar en partículas lo suficientemente pequeñas como para ser dispersas en la atmósfera.
El economista climático Gernot Wagner, de la Columbia Business School, resume el dilema: “Todo se reduce a compensaciones de riesgo cuando se analiza la geoingeniería solar. No sucederá de la manera que el 99% de estos artículos modelan”.
Disminuir la luz del sol: una solución incierta
La propuesta de enfriar el planeta con aerosoles aún divide opiniones. Aunque ofrece una respuesta potencial al calentamiento global, los riesgos ambientales y sociales asociados hacen que muchos científicos aboguen por la cautela.
La teoría, por lo tanto, sigue más cerca del campo de las ideas que de la práctica —un recordatorio de que manipular el clima de la Tierra puede tener consecuencias que la humanidad aún no está preparada para afrontar.
Con información de Xataka.

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