La fábrica abandonada de la antigua Vulcan, en Colégio, se convirtió en un foco de basura, agua estancada y miedo entre los residentes de la Zona Norte de Río, mientras el terreno aún espera una nueva inspección y posible notificación al propietario.
La fábrica abandonada de la antigua Vulcan, en Colégio, se convirtió en un foco de basura, agua estancada y miedo entre los residentes de la Zona Norte de Río. El caso ganó nuevo peso en abril de 2026, cuando el poder público informó acciones de inspección sanitaria y revisión técnica en el terreno privado.
Los residentes de Colégio, en la Zona Norte de Río, están lidiando con un escenario que mezcla ruina, suciedad y preocupación por la salud. El terreno donde funcionaba la antigua fábrica de plásticos Vulcan ha sido desmantelado a lo largo de los años y hoy quedan básicamente paredes y vigas, después de sucesivos saqueos en el lugar.
En el área, hay basura, escombros, vegetación alta y agua acumulada tras las recientes lluvias. Quienes viven cerca del terreno dicen que la situación se ha convertido en un problema diario, con informes de roedores y miedo de que el espacio abandonado siga sirviendo como foco de riesgos sanitarios y de seguridad.
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Según g1, la antigua fábrica estaba en la Estrada do Colégio, cerca del Para-Pedro, y fue una de las mayores productoras de laminados plásticos de América Latina. El inmueble ocupaba un área de 120 mil metros cuadrados y cerró sus actividades en 2018, tras declararse en quiebra.
Residentes relatan abandono y miedo a la proliferación de enfermedades

Lo que antes fue un símbolo industrial de la región se ha convertido en un espacio degradado y abierto a la acción de criminales. Techos y marcos también fueron llevados en los saqueos, y la estructura hoy muestra claros signos de abandono prolongado.
El punto que más preocupa al vecindario es el agua estancada. Después de las lluvias, la acumulación en el terreno amplía el temor a la proliferación de mosquitos y refuerza la sensación de desidia con un área que debería estar aislada y bajo control.
Los residentes también informan la presencia de roedores, lo que ha aumentado la preocupación en los alrededores. La combinación de basura, maleza alta y restos de la antigua construcción crea un ambiente propicio para plagas y aleja cualquier impresión de cuidado con el lugar.
La fábrica que ocupaba 120 mil metros cuadrados y cerró en 2018
Vulcan fue, durante años, un nombre importante en la industria de plásticos en Río. La planta funcionaba en un área extensa, de 120 mil metros cuadrados, y tenía peso regional hasta que cerró sus actividades en 2018.
Desde entonces, el inmueble entró en una trayectoria de deterioro. Lo que quedó después de los saqueos y el abandono fue una carcasa industrial, sin uso, sin mantenimiento visible y sin señales de recuperación a corto plazo.
Este tipo de vacío urbano suele cobrar caro al entorno: además de la pérdida de referencia económica, los residentes deben convivir con inseguridad, suciedad y riesgo de nuevo acúmulo de plagas.
Salud informó inspección en marzo y nueva visita prevista para abril de 2026
La Secretaría Municipal de Salud informó, en la época de la investigación, que el lugar era considerado un punto estratégico de control del Aedes aegypti y pasaba por inspecciones periódicas.
Según la entidad, se había realizado una visita el 19 de marzo de 2026, cuando se llevó a cabo un tratamiento para eliminar depósitos que podrían servir de criaderos del mosquito.
De acuerdo con la información divulgada en ese momento, estaba prevista una nueva inspección para el 15 de abril de 2026. La fijación de esta fecha mostraba que el terreno seguía en el radar del poder público, pero también reforzaba que el problema aún requería seguimiento.
Comlurb informó inspección y posible notificación del propietario
Comlurb informó que enviaría un equipo técnico para inspeccionar el área. Al tratarse de un terreno privado y cerrado, la compañía explicó que no podría actuar directamente en la limpieza.
Aun así, la empresa dijo que el propietario sería identificado y notificado para realizar la limpieza del espacio. Si la determinación no se cumplía, podría haber una multa, conforme a la Ley de Limpieza Urbana.
El caso expone cómo un antiguo área industrial puede transformarse en un problema urbano cuando queda sin uso, sin mantenimiento y sin control efectivo. Para los residentes, la preocupación no está solo en la memoria de una fábrica que cerró, sino en lo que quedó atrás: agua estancada, basura, inseguridad y la espera de una solución concreta.
