Incluso sin zonificación rural, la agricultura familiar sigue activa en Florianópolis, especialmente en Ratones, con mandioca, hortalizas, miel, ostras y orgánicos. Las propiedades familiares unen ingresos, preservación, educación, turismo rural y memoria, pero enfrentan presión urbana, IPTU y falta de reconocimiento formal mientras la capital crece sobre áreas productivas locales tradicionales.
La agricultura familiar continúa presente en Florianópolis, incluso sin zonificación rural, y aparece con fuerza en barrios como Ratones, donde las propiedades combinan producción local, miel, orgánicos y turismo rural. El reportaje del proyecto Agro, Salud y Cooperación fue publicado por ND Mais el 17 de junio de 2026.
El texto muestra pequeñas propiedades, emprendimientos familiares e iniciativas que mantienen producción de alimentos, cría de abejas, cultivo de orgánicos, experiencias educativas y preservación ambiental dentro de la capital catarinense, incluso con el avance urbano y la falta de reconocimiento formal de la actividad agrícola.
Florianópolis rural existe fuera del imaginario turístico

Florianópolis suele ser recordada por las playas, la vida urbana, el sector de tecnología y el turismo. Pero, lejos de la imagen más conocida de la capital catarinense, aún existe una ciudad donde las familias plantan, crían animales, producen miel, cultivan hortalizas y preservan modos de vida ligados al campo.
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Esa presencia no aparece como zona rural formal, pero sigue viva en pequeñas propiedades y emprendimientos familiares. La agricultura familiar en Florianópolis muestra que la capital no es solo mar, edificios y servicios: también es campo, patio productivo, tradición azoriana y alimento local.
Ratones concentra producción, memoria y áreas verdes
En Ratones, en el Norte de la Isla, la ruralidad aparece de forma más visible. El barrio guarda extensas áreas verdes, propiedades productivas y familias que aún mantienen una relación directa con la tierra, incluso ante el avance urbano.
En una propiedad de cerca de seis hectáreas, la producción incluye yuca, batata, calabaza, frijoles, hortalizas y experiencias con cafés especiales. El modelo agroecológico y agroforestal refuerza la búsqueda por diversidad, preservación ambiental y alimento de calidad dentro de la propia capital.
La agricultura familiar también se convirtió en miel de abejas sin aguijón
Uno de los cambios más destacados relatados en la fuente involucra la transición de parte de la producción vegetal a la cría de abejas sin aguijón. Pedro Gonçalves, agrónomo y meliponicultor, comenzó a concentrar esfuerzos en esta actividad, aunque trabaja con abejas desde hace casi dos décadas.
La construcción de una agroindustria propia permitió procesar la miel dentro de la propiedad, controlar etapas y ampliar el alcance comercial. Este movimiento muestra cómo la agricultura familiar también puede profesionalizarse sin perder el vínculo con el territorio.
La meliponicultura une ingresos y preservación ambiental
La propiedad trabaja con especies como jataí, mandaçaia, uruçu, manduri y guaraipo. Cada miel presenta características propias de sabor, acidez y complejidad, resultado de la diversidad de las abejas y de las áreas verdes alrededor.
La obtención del Sello Arte abrió la posibilidad de vender los productos para todo Brasil. Aun así, la actividad no se resume al comercio. La meliponicultura ayuda en la polinización, preserva la biodiversidad y refuerza la importancia de las áreas naturales dentro de Florianópolis.
Sin zonificación rural, la producción sigue en varios formatos
Incluso sin zonificación rural, Florianópolis mantiene diferentes formas de producción. La fuente cita producción vegetal, cría de abejas con y sin aguijón, apicultura, meliponicultura, pesca, maricultura y algicultura como actividades presentes en el municipio.
La producción de ostras también aparece como una fuerza local, ya que la capital responde por gran parte del volumen producido en el país. Además, la horticultura permanece en barrios como Ingleses, Ratones y Sertão do Ribeirão, abasteciendo mercados locales y manteniendo propiedades familiares en actividad.
La presión urbana amenaza la permanencia de los productores
El desafío es mantener estas áreas productivas en una ciudad que crece, valoriza terrenos y expande usos urbanos. En muchos casos, los productores enfrentan dificultades relacionadas con el uso del suelo, el cobro del IPTU y la falta de reconocimiento formal de la actividad agrícola.
Este conflicto revela una pregunta central: ¿cómo proteger la agricultura familiar dentro de una capital donde el campo no aparece oficialmente como campo? Sin seguridad territorial, cada sitio productivo puede convertirse en un área presionada por costo, burocracia o especulación.
Tradición azoriana mantiene saberes vivos
La presencia rural en Florianópolis también se expresa en prácticas culturales. En Ratones, Normelia Caetano, conocida como Dona Nonô, preserva el encaje de bolillos y la tapicería en telar, técnicas ligadas a la memoria azoriana y al pasado rural de la ciudad.
Sus recuerdos describen una Florianópolis donde se plantaba mandioca, maíz, caña y verduras, y parte de la producción era llevada en carreta al Mercado Público. Esta memoria ayuda a entender que la agricultura familiar no es una novedad escondida, sino parte de la formación histórica de la capital.
Orgánicos mantienen huertas entre barrios urbanizados
Su Valter Caetano, marido de Dona Nonô, trabaja desde hace casi 30 años en el cultivo de orgánicos. La propiedad donde trabaja distribuye hortalizas para redes de supermercados de la Gran Florianópolis y mantiene áreas productivas con yuca, batata, frijol y cría de algunos animales.
La mandioca cosechada también se usa para hacer harina, repitiendo un hábito aprendido con el padre. Entre barrios urbanizados y áreas verdes, la producción muestra que el campo aún se reorganiza en pequeños espacios, sin desaparecer completamente del paisaje.
Turismo rural acerca a los residentes a la vida en el campo
En el Norte de la Isla, algunas propiedades también unen producción, turismo rural y experiencias educativas. Hay espacios que reciben visitantes, promueven contacto con animales, ofrecen vivencias con caballos y acercan a niños y adultos a una rutina poco presente en el cotidiano urbano.
Este tipo de iniciativa amplía el papel de la agricultura familiar más allá de la producción de alimentos. El sitio deja de ser solo un lugar de trabajo y pasa a funcionar como espacio de aprendizaje, ocio, memoria y reconexión con la naturaleza.
Sitio se convirtió en escuela con 86 mil metros cuadrados de área útil
En Vargem do Bom Jesus, un área comprada hace más de tres décadas comenzó como sitio con cría de ganado y se transformó en proyecto educativo. La propiedad reúne Mata Atlántica, restinga, manglares, senderos, animales y áreas de aprendizaje al aire libre.
La escuela ocupa un área útil de 86 mil metros cuadrados y utiliza el entorno natural como parte del proceso pedagógico. Los niños aprenden observando plantas, animales, ciclos naturales y relaciones entre alimento, territorio y sociedad.
Campo dentro de la capital crea otra idea de ciudad
La presencia de estas propiedades cambia la percepción sobre Florianópolis. La ciudad no es solo un destino turístico o un polo urbano; también alberga familias que producen, enseñan, preservan y mantienen prácticas ligadas al campo.
Esta convivencia entre urbanización y ruralidad crea tensiones, pero también oportunidades. La agricultura familiar puede acercar a los consumidores al alimento, preservar áreas verdes, mantener ingresos locales y proteger saberes que ayudan a contar la historia de la capital catarinense.
¿Cuánto tiempo resiste el campo dentro de la capital?
La agricultura familiar en Florianópolis resiste en áreas como Ratones, Ingleses y Sertão do Ribeirão, produciendo yuca, miel, ostras, hortalizas, orgánicos y experiencias educativas. Incluso sin zonificación rural, pequeñas propiedades siguen conectando alimento, naturaleza, trabajo, memoria e ingresos.
El desafío es saber si esta presencia continuará viva frente al crecimiento urbano, la valorización de los terrenos y la falta de reconocimiento formal. ¿Cree usted que Florianópolis debería proteger oficialmente estas áreas productivas o la expansión urbana terminará empujando el campo fuera de la capital? Comente su opinión.

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