Región degradada en el norte de China se convirtió en referencia mundial en reforestación tras décadas de plantación, manejo continuo y recuperación ambiental a gran escala, creando una barrera verde capaz de reducir la erosión y contener la arena que avanzaba hacia áreas urbanas como Pekín.
Un área degradada en el norte de China se convirtió en uno de los casos más conocidos de reforestación a gran escala en el mundo, tras décadas de plantación y manejo continuo en Saihanba, en la provincia de Hebei, cerca de la frontera con la Región Autónoma de Mongolia Interior.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el área cubre 92 mil hectáreas y fue recuperada después de haberse vuelto árida en los años 1950, cuando la tala excesiva de árboles dejó el suelo expuesto y facilitó el avance de arena hacia Pekín.
El proyecto comenzó en 1962, con cientos de silvicultores enviados a una región marcada por frío intenso, vientos fuertes y baja fertilidad del suelo.
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La recuperación avanzó a lo largo de tres generaciones de trabajadores, que elevaron la cobertura forestal de 11,4% a 80%, según registros divulgados por la ONU y por medios estatales chinos.
La dimensión del trabajo ayudó a Saihanba a ganar proyección internacional.
En 2017, la comunidad responsable de la reforestación recibió el premio Champions of the Earth, en la categoría Inspiración y Acción, concedido por el PNUMA a iniciativas con impacto ambiental transformador.
Saihanba se convirtió en barrera verde contra la arena
Saihanba se encuentra en una zona de transición sensible entre áreas secas del norte chino y regiones urbanas populosas más al sur.
Antes de la recuperación, la pérdida de vegetación favorecía la erosión y permitía que vientos llevaran arena de los desiertos del norte hacia la capital china.
El cambio no ocurrió por una campaña rápida de plantación, sino por un proceso prolongado de reposición de plántulas, protección de la vegetación y manejo adaptado a las condiciones locales.
En áreas frías y secas, los árboles jóvenes tienen menor probabilidad de supervivencia cuando el suelo ha perdido materia orgánica y permanece expuesto a vientos constantes.
Con el avance de la cobertura vegetal, el bosque comenzó a funcionar como obstáculo físico contra partículas de arena, además de ayudar en la retención de agua y en la protección del suelo.
Esta función explica por qué Saihanba es tratada como una barrera ecológica estratégica para el norte de China, especialmente en el eje de influencia sobre Pekín y Tianjin.
El PNUMA informó que el bosque proporciona 137 millones de metros cúbicos de agua limpia por año a las regiones de Pekín y Tianjin.
La misma fuente atribuyó al lugar la liberación anual de cerca de 550 mil toneladas métricas de oxígeno, además de un impacto económico relacionado con actividades verdes.
Reconocimiento de la ONU consolidó el caso
El reconocimiento internacional llegó en diciembre de 2017, cuando Saihanba fue anunciada entre los ganadores del Champions of the Earth.
El premio es presentado por el PNUMA como el principal honor ambiental de la ONU y reconoce liderazgos e iniciativas de gobiernos, sociedad civil y sector privado con un impacto relevante sobre el medio ambiente.
En la descripción oficial del premio, la ONU destacó que el área se había vuelto estéril en los años 1950 debido a la explotación excesiva de madera.
Esta degradación, según el organismo, abrió camino para que la arena soplada desde los desiertos del norte alcanzara Pekín con más facilidad.
El director de la comunidad de reforestación de Saihanba, Liu Haiying, afirmó a la ONU que los trabajadores cultivaron y protegieron el bosque “como a sus propios hijos” a lo largo de la existencia de la granja forestal.
La declaración fue hecha en el contexto del reconocimiento recibido por el proyecto, que en ese momento completaba 55 años de implementación.
La prensa estatal china también comenzó a presentar Saihanba como el mayor bosque artificial del mundo.
En una publicación de noviembre de 2025, el China Daily describió la Granja Forestal Mecanizada de Saihanba como un área de cerca de 93 mil hectáreas, con una cobertura forestal del 82%.
Recuperación ambiental generó actividad económica
La restauración de Saihanba no se limitó a la recomposición del paisaje.
Según un comunicado del PNUMA divulgado en 2017, sectores económicos verdes asociados al bosque generaron US$ 15,1 millones en 2016, en actividades ligadas al uso sostenible del área.
Este aspecto hizo que el caso fuera relevante para debates sobre recuperación de áreas degradadas, porque la reforestación pasó a estar asociada también a nuevas formas de ingreso local.
El turismo, el manejo forestal y la valorización ambiental del territorio entraron en la narrativa de transformación de la región.
Aun así, el ejemplo de Saihanba muestra que recuperar un área degradada exige más que plantar árboles en gran cantidad.
La permanencia del bosque depende de mantenimiento, elección de especies adecuadas, protección contra pérdidas y seguimiento de las condiciones del suelo y del agua.
En regiones áridas o semiáridas, la restauración encuentra límites naturales que deben ser considerados.
Vientos fuertes, bajas temperaturas, poca materia orgánica y menor disponibilidad hídrica dificultan el crecimiento de las plántulas y hacen que la continuidad del manejo sea tan importante como la plantación inicial.
Reforestación se convirtió en símbolo chino contra la desertificación
China mantiene diferentes programas de contención de desiertos y expansión de cobertura vegetal, pero Saihanba ocupa una posición particular por reunir escala, reconocimiento internacional y una narrativa a largo plazo.
El área dejó de ser presentada solo como un proyecto forestal y pasó a simbolizar la capacidad de recuperar paisajes degradados en ambientes adversos.
Datos divulgados en enero de 2026 por el gobierno de Hebei indican que el área certificada de la finca forestal cubre 93.337,62 hectáreas, número cercano al registro de 92 mil hectáreas usado por el PNUMA en su página sobre la premiación.
La diferencia se debe a las bases y recortes usados por las fuentes, sin alterar el sentido principal de la transformación ambiental descrita.
La historia de Saihanba sigue siendo utilizada como referencia en discusiones sobre desertificación, erosión y restauración ecológica.
En lugar de una intervención puntual, el caso muestra un trabajo mantenido por más de seis décadas, en el cual la recuperación de la vegetación también alteró la relación entre suelo, agua, viento y ocupación humana en el norte de China.

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