Brasil llevará a cabo su primer subasta de baterías para almacenar energía eléctrica, un hito para el sistema eléctrico nacional. Conducido por la ANEEL y reglamentado por el Ministerio de Minas y Energía, el certamen contratará grandes sistemas de baterías capaces de guardar la energía generada por fuentes solar y eólica, principalmente en el Noreste, y liberarla en los momentos en que el sol se pone o el viento cesa.
Es la respuesta a un problema creado por el propio éxito de las renovables. Brasil instaló tanta energía solar y eólica en los últimos años que, en ciertos horarios, hay electricidad de sobra; en otros, falta. La batería entra para equilibrar esa cuenta, guardando el exceso y devolviendo cuando la demanda aprieta.
Por qué el país necesita baterías
La energía solar y la eólica tienen un defecto conocido: son intermitentes. El panel solar solo genera durante el día, y la turbina depende del viento. El problema es que el consumo de energía no sigue ese ritmo, y suele tener pico justamente al inicio de la noche, cuando el sol ya se ha ido pero las personas llegan a casa y encienden todo.
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En el Noreste, esa contradicción se volvió evidente. La región se convirtió en una potencia en generación solar y eólica, pero llega a desperdiciar parte de esa energía por no poder usarla o transportarla en el momento en que se produce. Las baterías permiten guardar esa energía limpia en lugar de desecharla, y usarla en los horarios de mayor necesidad.
La solución ya existe y está volviéndose más barata.

Cómo funciona la subasta
El modelo elegido es la subasta de reserva de capacidad en forma de potencia para almacenamiento. En la práctica, el gobierno contrata empresas que se comprometen a instalar y operar grandes baterías, garantizando que estarán disponibles para inyectar energía en el sistema cuando sea necesario. Quien ofrezca el mejor precio para prestar este servicio gana el certamen.
El enfoque inicial es el Noreste, justamente donde la oferta de renovables es mayor y el desperdicio, más agudo. Pero se espera que el almacenamiento por baterías se extienda por el país a medida que la tecnología se abarata y el sistema eléctrico se vuelve cada vez más dependiente de fuentes intermitentes.

La tecnología que se abarató
La subasta solo tiene sentido ahora porque el precio de las baterías ha caído en la última década. Impulsada por la explosión de los coches eléctricos, la fabricación de baterías de ion-litio creció a escala mundial y el costo cayó de forma acentuada, haciendo viable instalar grandes bancos de almacenamiento conectados a la red, algo que era demasiado caro hasta hace poco.
Estos sistemas funcionan en grandes contenedores llenos de baterías, instalados cerca de plantas solares y eólicas o de puntos estratégicos de la red. Se cargan cuando hay energía sobrante y barata, y se descargan cuando escasea y es cara, en un vaivén que se repite todos los días y ayuda a equilibrar el sistema.
Qué cambia para el sistema eléctrico
El almacenamiento da al sistema una palabra que los ingenieros valoran mucho: firmeza. Con baterías, la energía renovable deja de ser solo barata y abundante para convertirse también en confiable, disponible en el momento adecuado. Esto reduce la necesidad de activar plantas térmicas caras y contaminantes en los horarios pico, lo que puede abaratar la factura de luz a largo plazo.
También hay un aumento en seguridad. Cuanto más depende el país del sol y el viento, mayor es el riesgo de apagón si la generación cae repentinamente. Las baterías funcionan como un pulmón que sostiene el sistema en momentos críticos, dando tiempo para que otras fuentes entren en acción y evitando interrupciones en el suministro.

La subasta coloca a Brasil en un grupo de países que ya apuestan fuertemente por el almacenamiento como pieza clave de la transición energética. Según el Ministerio de Minas y Energía y la ANEEL, la iniciativa se considera esencial para sostener el crecimiento de las renovables sin comprometer la estabilidad del sistema eléctrico nacional en los próximos años.
