Cambios en la ley de nacionalidad portuguesa amplían exigencias para inmigrantes, elevan el tiempo mínimo de residencia, restringen el acceso para nacidos en el país y ponen fin a regímenes históricos, afectando directamente a brasileños que viven en el territorio europeo y esperan el derecho a la ciudadanía.
El presidente de Portugal, António José Seguro, promulgó este domingo (03) el decreto que modifica la Ley de Nacionalidad y endurece las condiciones de acceso a la ciudadanía, afectando directamente a brasileños y otros extranjeros que residen en el país y dependen de las reglas para regularizar su situación jurídica.
Con la nueva legislación, ciudadanos de países de lengua portuguesa, como Brasil, pasan a necesitar siete años de residencia legal para solicitar la nacionalidad, ampliando el plazo anterior de cinco años y cambiando la planificación de miles de inmigrantes que esperaban el momento de formalizar la solicitud.
Además, extranjeros de otras nacionalidades pasan a enfrentar una exigencia aún mayor, ya que el tiempo mínimo sube a diez años de residencia legal, consolidando un modelo más restrictivo que también altera criterios para nacidos en el país y elimina regímenes especiales antes considerados facilitadores.
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Impacto de la nueva ley para brasileños en Portugal
Considerada la mayor comunidad extranjera en Portugal, la población brasileña se estima en cerca de 700 mil personas, número que refuerza el alcance de los cambios y evidencia el potencial impacto social y jurídico de la nueva legislación sobre quienes viven y trabajan en el territorio portugués.
En este escenario, muchos brasileños que estaban cerca de cumplir el plazo anterior necesitarán esperar más tiempo, lo que altera expectativas y reorganiza planes personales, profesionales y familiares vinculados a la obtención de la ciudadanía portuguesa en los próximos años.
Aunque la exigencia principal está ligada al tiempo de residencia, la discusión también involucra la forma en que este período es contabilizado, especialmente ante los retrasos administrativos que frecuentemente afectan la regularización documental de extranjeros.
Según el presidente, los plazos previstos en la ley no deben ser perjudicados por la lentitud del Estado, punto sensible para inmigrantes que enfrentan filas, demora en procesos y dificultades en la obtención de documentos oficiales.
Tramitación en el Parlamento y promulgación de la ley
La propuesta fue aprobada por el Parlamento portugués el 1 de abril de 2026, ya en segunda versión, después de que el Tribunal Constitucional señalara problemas en la formulación anterior y determinara la revisión de puntos considerados incompatibles con la Constitución.
Tras una nueva votación, el texto reunió el apoyo de partidos de derecha, como PSD, Chega, IL y CDS-PP, mientras que partidos de izquierda votaron en contra u optaron por la abstención, evidenciando un escenario político marcado por divergencias sobre la política migratoria.
Enviado al Palacio de Belém el 13 de abril, el decreto fue promulgado el 3 de mayo de 2026, incluso ante las críticas relacionadas con la falta de consenso en torno a una legislación considerada estructurante para el país.
Al justificar la decisión, Seguro afirmó que el tema debería reunir mayor convergencia política y evitar influencias ideológicas momentáneas, aunque reconoció que las alteraciones realizadas tras la decisión judicial permitieron la sanción del texto.
Reglas más estrictas para niños nacidos en Portugal
Entre los cambios más sensibles está la alteración de las reglas para niños nacidos en territorio portugués, que hasta entonces podían ser considerados portugueses de origen cuando uno de los padres residía en el país por al menos un año, incluso sin documentación formal.
Con la nueva ley, el derecho pasa a depender de una residencia legal mínima de cinco años por parte de uno de los padres, lo que restringe el acceso automático a la nacionalidad y vincula la condición del niño a la regularidad migratoria de la familia.
Esta modificación reduce el alcance del llamado derecho de suelo y refuerza la exigencia de un vínculo legal previo con el Estado portugués, alterando una práctica que venía siendo utilizada por extranjeros en los últimos años.
Aun así, la Presidencia destacó que el endurecimiento de las reglas no impide el acceso de menores a servicios esenciales, como salud y educación, preservando garantías básicas incluso sin la concesión inmediata de la nacionalidad.
Fin de la ciudadanía para descendientes de judíos sefardíes
Otro punto relevante de la reforma es el cierre del régimen que permitía la concesión de nacionalidad a descendientes de judíos sefardíes portugueses, política implementada en 2015 como forma de reparación histórica.
Este mecanismo posibilitaba el reconocimiento de la ciudadanía con base en la comprobación de vínculos con comunidades expulsadas de la Península Ibérica, lo que generó miles de solicitudes a lo largo de la última década.
La nueva legislación también elimina disposiciones dirigidas a personas nacidas en antiguos territorios de ultramar portugueses y sus descendientes, restringiendo caminos que anteriormente facilitaban el acceso a la nacionalidad.
Con estas alteraciones, el conjunto de cambios consolida un endurecimiento amplio de las reglas de naturalización, reflejando un cambio de orientación en la política migratoria adoptada por el país.
Procesos pendientes y preocupación por los plazos
Durante la promulgación, el presidente llamó la atención sobre la necesidad de preservar la confianza en el Estado, especialmente en relación con procesos ya en curso que dependen de la legislación anterior para su análisis.
Según Seguro, afectar solicitudes pendientes podría comprometer la credibilidad institucional, tanto internamente como en el escenario internacional, sobre todo ante el volumen creciente de solicitudes realizadas por extranjeros.
La preocupación también involucra a brasileños que ya iniciaron procesos o aguardan etapas administrativas, situación en la que los retrasos pueden interferir directamente en el cómputo del tiempo de residencia exigido por ley.
Además de los cambios en la Ley de Nacionalidad, el Parlamento aprobó otro diploma que modifica el Código Penal y prevé la pérdida de nacionalidad como pena accesoria, medida que aún espera el análisis del Tribunal Constitucional antes de entrar en vigor.
