En un salón pequeño en Cidade Baixa, Brigadeiros da Li pasó de fines de semana casi parados a atender hasta 600 personas, después de que Leandra Winck y Andreus Gavião transformaron brigadeiro, bocadillos y nostalgia en un rodizio disputado, con reformas, filas y ambiciones de expansión en Rio Grande do Sul.
El brigadeiro dejó de ser solo el principal producto de una pequeña confitería en Porto Alegre para convertirse en el centro de un giro empresarial inesperado. La Brigadeiros da Li, comandada por Leandra Winck, de 27 años, y Andreus Gavião, de 30, pasó de una tienda con poco movimiento a un negocio que factura cerca de R$ 300 mil por mes.
El cambio comenzó con una propuesta simple: crear un rodizio de brigadeiros. El formato, que luego incluyó bocadillos, perritos calientes y ambiente de fiesta infantil, se viralizó en las redes sociales, atrajo filas, aumentó el equipo e hizo que la pareja rechazara cerca de 100 reservas por semana por falta de espacio.
De dulces vendidos en la escuela a una confitería propia en Porto Alegre
La trayectoria de Leandra Winck comenzó antes de la tienda física. Al dejar Santa Rosa, en el interior de Rio Grande do Sul, para estudiar en Porto Alegre, encontró en los dulces una forma de complementar sus ingresos. Primero vendió en la escuela, luego en las calles, llevando los empaques en el transporte público.
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Con el tiempo, los pedidos crecieron. La rutina se dividió entre la facultad de Ingeniería de Minas y la producción de dulces para fiestas. La demanda aumentó tanto que Leandra terminó dejando el curso para dedicarse al negocio. El brigadeiro, que comenzó como una salida financiera, pasó a ocupar el centro de su vida profesional.
En 2019, el delivery amplió el alcance de la marca. Cuando llegó la pandemia, las fiestas fueron canceladas y muchos pedidos tuvieron que ser devueltos. Aun así, las entregas se mantuvieron. Fue en este período que Leandra logró juntar los primeros R$ 20 mil para abrir una tienda física.
El espacio inicial era pequeño y estaba orientado principalmente a la recogida de pedidos. Durante años, la operación se sostuvo con delivery, pedidos y promociones. La tienda existía, pero rara vez se llenaba. En un fin de semana considerado bueno, cerca de 20 personas pasaban por el lugar entre sábado y domingo.
La inundación cerró la tienda, pero también antecedió una nueva fase

En mayo de 2024, las inundaciones que afectaron a Rio Grande do Sul impactaron la rutina de Brigadeiros da Li. El agua no entró en el inmueble, pero la tienda quedó aislada, sin agua y sin energía eléctrica. El stock fue preparado en los hornos y destinado a equipos de rescate que operaban en la región.
La operación quedó parada por cerca de un mes y medio. Después de la reapertura, el delivery volvió con fuerza, pero el negocio aún buscaba una forma de ocupar mejor el punto físico. En septiembre de 2024, la pareja decidió transformar el espacio de recogida en una pequeña cafetería.
La nueva configuración tenía siete mesas y un salón reducido. El movimiento mejoró, pero no lo suficiente para cambiar completamente el escenario. El lugar aún estaba lejos de ser la dirección concurrida que la pareja imaginaba. El gran giro solo vendría en octubre de 2025.
Fue en ese mes cuando Leandra sugirió el rodizio. La idea inicial era directa: el cliente pagaría un valor fijo para comer brigadeiros a voluntad. Andreus no se entusiasmó de inmediato, pero aceptó probar. El primer video fue publicado en las redes sociales un viernes por la noche y rápidamente llamó la atención.
El rodizio de brigadeiro nació simple, pero necesitó ser reinventado en pocos días
El primer sábado de funcionamiento, la propuesta aún era limitada. Algunos clientes fieles aparecieron, pero el formato reveló problemas rápidamente. El precio del rodizio era cercano al valor de una caja con 15 brigadeiros, lo que reducía la percepción de ventaja para el consumidor.
El retorno de los clientes ayudó a la pareja a ver el ajuste necesario. Comer solo brigadeiro podía volverse empalagoso, y faltaba variedad para justificar la experiencia. A partir de ahí, Andreus sugirió incluir ítems de fiesta, como saladitos y perrito caliente. Leandra asoció inmediatamente el conjunto a una fiesta infantil.
La idea ganó otro significado. El rodizio dejó de ser solo una oferta de dulces y pasó a vender memoria afectiva. Brigadeiro, coxinha, perrito caliente y papas fritas formaron un paquete simple, reconocible y con fuerte atractivo emocional.
El domingo, la pareja contó la novedad a amigos responsables de un perfil gastronómico en Porto Alegre. Ellos grabaron el contenido el mismo día. El lunes por la mañana, el video ya había alcanzado 1 millón de visualizaciones, y la confitería comenzó a recibir contactos de medios de prensa, radios y nuevos seguidores.
La viralización trajo filas, improvisación y una operación mayor de lo que la tienda soportaba
El éxito repentino no vino sin problemas. La tienda tenía capacidad para unas 20 personas, pero ya había 80 reservas confirmadas. Faltaban vasos, platos, cubiertos, mesas, sillas y estructura para recibir la nueva demanda. Lo que era una pequeña cafetería tuvo que convertirse en una operación de alto flujo en pocos días.
Sin retorno inmediato de proveedores, la pareja recurrió a soluciones emergenciales. Pidió autorización para usar la acera del inmueble vecino y alquiló decenas de mesas y sillas. En cinco días, el espacio que antes tenía siete mesas vacías pasó a recibir una estructura improvisada para atender al público.
El primer viernes después de la viralización, las filas llegaron a la calle. Productos comprados para durar el fin de semana se acabaron en cuatro horas. Vasos y platos de vidrio fueron sustituidos por desechables, la red eléctrica no soportó los equipos, la luz se fue y el equipo aún no estaba preparado para la atención intensa.
La semana siguiente se dedicó a correcciones. La pareja compró freidoras, reformó la red eléctrica, instaló aire acondicionado, sustituyó desechables por vajillas y entrenó a los empleados. El crecimiento vino rápido, pero la profesionalización tuvo que correr a la misma velocidad.
Hoy, el bufé libre mezcla 25 brigadeiros, bocadillos y público diverso
Brigadeiros da Li tiene actualmente un menú con 60 tipos de brigadeiros. En el bufé libre, se sirven 25 versiones: 15 fijas y 10 rotativas. Entre las opciones aparecen sabores tradicionales y combinaciones como mate, arándano, limón y maracuyá.
Además de los dulces, el menú incluye cerca de 12 tipos de bocadillos de fiesta, como croqueta, rissole, coxinha y pasteles de queso. También hay opciones vegetarianas, además de perrito caliente y papas fritas. El formato busca reproducir la sensación de una fiesta infantil, pero también dirigida a adultos.
El público es variado. Familias con niños, jóvenes, grupos de amigos y clientes atraídos por la nostalgia pasaron a ocupar el salón. Para muchos, el interés no está solo en comer a voluntad, sino en revivir un tipo de comida asociada a cumpleaños y momentos colectivos.
El bufé libre para adultos cuesta R$ 54,90, mientras que el infantil, para niños de hasta 10 años, sale por R$ 29. El servicio se lleva a cabo los viernes por la noche y los sábados y domingos por la tarde y noche. El ticket promedio se sitúa entre R$ 65 y R$ 70 por persona.
La facturación creció, el equipo aumentó y la falta de espacio se convirtió en un nuevo límite
Con el nuevo modelo, la confitería pasó a facturar cerca de R$ 300 mil por mes. Los fines de semana, recibe entre 400 y 600 personas. El volumen es tan alto que la casa rechaza alrededor de 100 reservas por semana por no poder acomodar a todos los interesados.
El equipo también cambió de tamaño. Durante la semana, son diez personas fijas. Los fines de semana, con refuerzo de freelancers, el grupo puede llegar a 35 trabajadores. La preparación comienza el jueves para sostener el movimiento concentrado entre viernes, sábado y domingo.
El próximo paso es ampliar la estructura. La pareja está en nueva reforma para trasladar la cocina de dulces a un inmueble en la esquina. Con esto, el espacio actual ocupado por la producción será convertido en salón. La cocina de salados continuará en la dirección ya utilizada.
La inversión estimada es de R$ 110 mil. La expectativa es abrir cerca de 80 nuevos lugares y permitir hasta 80 reservas por turno, número inviable actualmente. Si la expansión funciona como planeado, la facturación puede crecer 25% y acercarse a R$ 375 mil mensuales.
Expansión para la Serra Gaúcha y franquicias entran en el radar, pero sin prisa
Con la repercusión, surgieron pedidos de interesados en franquicias y contactos de inversores. Aun así, la pareja todavía prefiere no acelerar ese movimiento. La prioridad es estandarizar la operación actual antes de abrir nuevas unidades o replicar el modelo en otras ciudades.
Leandra muestra interés en llevar la marca a Gramado o Canela, en la Serra Gaúcha. La región turística combina con la propuesta de una confitería orientada a la experiencia, la nostalgia y el consumo en grupo. Andreus, por otro lado, también ve potencial en franquicias en el futuro.
La cautela indica que el crecimiento no será tratado solo como efecto de la viralización. La demanda existe, pero transformar un fenómeno local en red exige estándar, entrenamiento, estructura y control de calidad. Para un negocio que nació pequeño, este puede ser el desafío más importante.
La historia de Brigadeiros da Li muestra cómo una idea aparentemente simple puede cambiar la escala de una empresa cuando encuentra el formato correcto, el público correcto y el momento correcto en las redes sociales. El brigadeiro, en este caso, se convirtió en producto, experiencia y desencadenante de memoria afectiva.
Una idea simple, una tienda pequeña y un cambio difícil de prever
La revolución de la repostería de Porto Alegre no ocurrió solo porque un video se hizo viral. El alcance en las redes aceleró el proceso, pero el éxito también dependió de la rápida adaptación de la pareja, de la lectura del feedback de los clientes y de la capacidad de transformar una idea limitada en una experiencia más completa.
El caso llama la atención porque mezcla elementos comunes del emprendimiento brasileño: tienda pequeña, cuentas ajustadas, improvisación, crisis climática, intento de reinvención y uso intenso de las redes sociales. Al mismo tiempo, revela cómo los negocios locales pueden ganar escala cuando logran crear una propuesta fácil de entender y difícil de ignorar.
Ahora, el desafío es sostener el crecimiento sin perder el control de la operación. El rodizio de brigadeiro aún necesita equilibrar demanda, espacio, equipo, calidad y expansión. Para los clientes, queda la experiencia curiosa de pagar por una especie de fiesta infantil fuera de temporada. Para la pareja, queda la responsabilidad de transformar el fenómeno en una empresa duradera.
¿Y tú, crees que un rodizio de brigadeiro con bocadillos de fiesta tendría fuerza para convertirse en una fiebre en otras ciudades de Brasil, o este éxito depende mucho del momento y de la viralización en las redes sociales? Comenta tu opinión.

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