En Caxias do Sul, en Rio Grande do Sul, el gaúcho Anton Biedermann estableció un récord mundial de natación al cumplir 100 años, nadando los 50 metros espalda en 1 minuto y 9 segundos, hazaña de un 7 veces campeón mundial máster que aprendió a nadar inspirado en Tarzán del cine.
Hay gente que a los 100 años solo quiere descansar, y está Anton. A los 100 años, el gaúcho Anton Karl Biedermann hizo lo que la mayoría no logra en la flor de la edad: batió un récord mundial en la piscina. Nadó los 50 metros espalda en 1 minuto y 9 segundos y estableció la mejor marca del planeta en la categoría 100 años o más. No fue suerte de un día: Anton es 7 veces campeón mundial máster y aún guarda otros tres récords mundiales en su haber. Y lo más bonito es cómo todo comenzó, con un niño encantado por Tarzán del cine.
Su trayectoria fue contada por ESPN y parece guion de película. El récord mundial de natación llegó el 22 de septiembre de 2024, día en que Anton cumplía 100 años, durante el Campeonato Estatal Máster de Invierno, en la piscina olímpica del Recreio da Juventude, en Caxias do Sul. Hoy, ya con 101 años, sigue en el agua y sin ningún plan de colgar el traje de baño. Es la prueba viva de que la edad es solo un número, y nadar puede ser para toda la vida.
Un récord mundial a los 100 años

El día que cumplió un siglo de vida, Anton Biedermann entró en la piscina y nadó los 50 metros espalda en 1 minuto y 9 segundos.
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Ese tiempo fue la mejor marca mundial registrada en la categoría de 100 años o más.
El escenario fue gaúcho, en Caxias do Sul.
El récord mundial de natación ocurrió durante el Campeonato Estatal Máster de Invierno, en la piscina olímpica del Recreio da Juventude, en Caxias do Sul, el 22 de septiembre de 2024.
Romper un récord en el propio cumpleaños de 100 años es el tipo de regalo que nadie olvida.
Y no fue un esfuerzo sufrido de quien se arrastra.
Anton compitió como el atleta que es, con técnica depurada en el nado de espalda, mostrando que la natación máster tiene en él uno de sus mayores símbolos.
La edad en el documento contrasta con la desenvoltura dentro del agua.
Siete veces campeón mundial y tres récords más
El récord de los 100 años no es un caso aislado en la vida de Anton.
Él es 7 veces campeón mundial máster de natación y ya ha establecido otros tres récords mundiales a lo largo de su carrera, un currículo que muchos atletas jóvenes quisieran tener.
La natación máster, categoría que reúne competidores adultos y ancianos, encontró en él un nombre de respeto internacional.
La fidelidad al deporte es parte de la historia.
Anton Biedermann es atleta del Grêmio Náutico União, club gaúcho que él defiende desde los 17 años, es decir, lleva más de ocho décadas vistiendo la misma camiseta.
Pocos vínculos en el deporte mundial duran tanto como este.
Esa constancia explica su nivel.
No se llega a 7 veces campeón mundial máster por casualidad, sino por décadas de entrenamiento, disciplina y amor por el agua, mantenidos sin interrupción hasta pasar de los 100.
La natación máster se convirtió en el hilo que cose toda la vida de Anton.
Aprendió a nadar viendo a Tarzán en el cine

Cuando era niño, el ídolo de Anton era Johnny Weissmuller, el actor que interpretaba a Tarzán en las películas de la época y que, antes de Hollywood, había sido un nadador fenomenal.
Cada vez que se estrenaba una nueva película de Tarzán, el pequeño Anton pensaba: tengo que aprender a nadar.
Weissmuller no era una estrella cualquiera.
Antes de convertirse en el Rey de la Selva en el cine, rompió 28 récords mundiales, compitió en dos Olimpiadas y ganó seis medallas, cinco de ellas de oro en natación.
Era el héroe perfecto para inspirar a un niño a lanzarse al agua.
La oportunidad de Anton llegó a los 12 años.
Fue cuando su familia se mudó de Rio Grande, en Rio Grande do Sul, donde no había piscina, a Guaratinguetá, en São Paulo, y allí, inspirado por las escenas de Tarzán, aprendió a nadar en solo tres días.
Un sueño de cine se convirtió en una habilidad para toda la vida.
Una familia que nadó toda la vida
La natación no entró en la vida de Anton sola, llegó en familia.
Su madre, doña Alice, es parte esencial de esta historia, y se puede entender de quién heredó su relación con el agua.
A los 94 años, doña Alice comenzó a nadar y llevó a Anton y a su hermana, Helene, a matricularse en un club.
Una madre que se lanza a la piscina cerca de los 100 marca a cualquier hijo.
Ese ambiente familiar transformó el nadar en un hábito natural, casi una herencia, pasada de generación en generación dentro de casa.
No era obligación ni terapia, era placer compartido.
Es ahí donde se ve la raíz de la longevidad activa de Anton.
Crecer en una familia que valora el movimiento y el agua ayudó a construir al atleta centenario que hoy posee un récord mundial de natación.
El ejemplo vino de cuna, y él solo lo llevó adelante.
El secreto de la longevidad activa
El caso de Anton interesa mucho más allá del deporte.
En un reportaje sobre sus secretos, publicado por Exame, queda claro que mantener el cuerpo en movimiento durante décadas es uno de los pilares de una vida larga y con calidad.
Anton no nada a pesar de la edad, llegó a los 100 con salud precisamente porque nunca dejó de nadar.
La ciencia de la longevidad conversa con su historia.
Actividad física regular, propósito, vínculo social en el club y una rutina constante son factores que los investigadores asocian con el envejecimiento saludable, y Anton Biedermann reúne todos ellos en la natación máster.
El deporte se convirtió, para él, en medicina y alegría al mismo tiempo.
Vale el registro honesto, sin milagro.
Genética, suerte y décadas de hábito también cuentan, y no todo el mundo que nada va a batir un récord mundial a los 100, pero el camino que Anton señala, el de mantenerse activo, está al alcance de mucha gente.
La lección es menos sobre medalla y más sobre movimiento.
Por qué historias así inspiran a tanta gente
El récord de Anton se hizo viral porque toca un miedo universal.
Casi todo el mundo teme envejecer y convertirse en sinónimo de limitación, y ver a un hombre de 100 años estableciendo un récord mundial de natación en Caxias do Sul cambia esa idea.
Él no representa la vejez como un fin, sino como un capítulo más lleno de vida.
Tiene también el encanto del comienzo.
La imagen del niño que quería ser como Tarzán y atravesó un siglo aún nadando es poética y concreta al mismo tiempo, del cine antiguo a la piscina olímpica.
Es una historia redonda, con inicio, medio y récord.
Y hay la ligereza del personaje.
Anton no es un ejemplo severo de disciplina, es un señor que sigue haciendo lo que ama, y esa alegría genuina es lo que más conquista a quienes conocen su historia.
El mensaje es simple: sigue moviéndote, sigue nadando.
Lo que el caso de Anton muestra
La mayor lección es sobre redefinir lo que la edad significa.
Anton Biedermann probó que a los 100 años todavía se puede ser el mejor del mundo en algo, siempre que se cultive eso toda la vida, como él hizo con la natación máster.
Fue constancia de más de ocho décadas, no un truco de última hora.
Vale mantener los pies en la tierra.
Anton es una excepción feliz, fruto de genética favorable, una vida entera de deporte y una familia ligada al agua, así que la hazaña no se copia de la noche a la mañana.
No es fórmula de récord, es una invitación a mantenerse activo.
Aun así, el ejemplo ilumina.
A los 101 años y todavía en la piscina, este centenario gaúcho que aprendió a nadar viendo a Tarzán sigue mostrando que récord mundial de natación y edad avanzada pueden, sí, caber en el mismo carril.
Del cine de la infancia a la cima del mundo, Anton transformó una pasión de niño en la prueba de que la vida activa no tiene fecha de caducidad.
Y tú, ¿qué es lo que más te impresiona de la historia de Anton, el récord a los 100 años o el hecho de que todo comenzara con el deseo de nadar como Tarzán? Cuéntanos en los comentarios si conoces a alguien que, como él, transformó el deporte en un compañero para toda la vida.
