Equipo japonés reconstruye canoa con herramientas de piedra y rehace ruta marítima de 225 km utilizada por humanos hace 30 mil años.
Un equipo de científicos decidió recrear una de las rutas marítimas más antiguas de la humanidad. Usando solo herramientas prehistóricas, construyeron una canoa y navegaron 225 kilómetros entre Taiwán y la Isla Yonaguni, en el sur de Japón — el mismo recorrido que los primeros humanos realizaron hace aproximadamente 30 mil años.
El viaje original y la duda moderna
En aquella época, los humanos cruzaron el Océano Pacífico, enfrentando las fuertes corrientes de Kuroshio. Hasta hoy, los expertos se preguntaban cómo había sido posible.
Para responder a la pregunta, un grupo de investigadores japoneses decidió rehacer la travesía con los mismos recursos disponibles en el período paleolítico.
-
Submarino de ataque de 3.000 toneladas y 81 metros inicia pruebas en el mar, equipado con torpedos pesados y misiles antibuque.
-
Embarcación hecha con 10 toneladas de plástico y 30,000 sandalias recicladas recorre la costa africana, convirtiendo desechos marinos en un aula flotante para educar sobre la contaminación oceánica.
-
Soldador encuentra anillo de diamantes del siglo XVI tras 7 horas con detector de metales en Inglaterra; la joya de oro, vinculada al patrón de Eduardo I, fue subastada por 17 mil libras.
-
Capitán abandona la marina mercante tras 26 años, inventa barrera sin combustible que utiliza la corriente y ya ha eliminado 20 mil toneladas de basura de los ríos de Chennai, India.
El proyecto experimental
Dirigidos por el antropólogo Yousuke Kaifu, de la Universidad de Tokio, los científicos construyeron una canoa de 7,6 metros a partir de un tronco de cedro.
Toda la construcción se realizó con hachas de piedra. El grupo no utilizó mapas, brújulas o ninguna tecnología moderna. Navegaron basándose solo en el viento, el sol y las estrellas.
El barco fue bautizado como Sugime. En julio de 2019, cinco tripulantes — cuatro hombres y una mujer — partieron del este de Taiwán. Tras 45 horas de navegación, llegaron a su destino final: la Isla Yonaguni.
Simulaciones y aprendizaje
Antes de la expedición, el equipo realizó simulaciones numéricas. El objetivo era descubrir el tipo de embarcación que tendría más posibilidades de éxito en esa ruta.
Inicialmente, los investigadores creían que los humanos del pasado podrían haber usado balsas. Pero las pruebas mostraron que eran demasiado lentas para enfrentar la corriente.
La canoa esculpida en tronco demostró ser la opción más efectiva.
Las simulaciones también ayudaron a definir la mejor estación, el punto de partida ideal y los métodos de navegación, tanto en condiciones actuales como en las que existían hace 30 mil años.
Según Kaifu, la arqueología tradicional no logra explicar todo, ya que el mar generalmente borra los vestigios.
Por ello, el equipo recurrió a la llamada arqueología experimental, inspirándose en la famosa expedición Kon-Tiki, realizada en 1947 por el noruego Thor Heyerdahl.
Desafíos y descubrimientos
Durante el viaje, la tripulación a menudo no podía ver el destino en el horizonte. Aun así, el barco demostró ser rápido y resistente.
Para los científicos, esto indica que los primeros humanos ya dominaban técnicas sofisticadas de construcción naval y navegación.
Yu-Lin Chang, de la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marítima y Terrestre, se sorprendió con los resultados. Creía que quien entrara en la corriente Kuroshio sería llevado sin dirección.
Pero las pruebas mostraron que era posible controlarla — al menos en el trayecto de ida.
No obstante, la corriente probablemente hacía que el regreso fuera imposible, lo que plantea dudas sobre la dinámica de migración de la época.
Una nueva visión sobre el pasado
Para la arqueóloga Helen Farr, de la Universidad de Southampton, que no participó en el proyecto, el estudio revela un nivel de planificación raro de encontrar en los registros del período.
Según ella, acciones como esta traen a la luz no solo datos científicos, sino también aspectos humanos que a menudo se pierden en la historia.
Como concluye el equipo, solo remeros experimentados y con habilidades avanzadas habrían podido completar la jornada — incluso hace 30 mil años.
