Estudio de 2025 revela que el Océano Austral se volvió más salado, perdió eficiencia climática y puede afectar la circulación global de los océanos.
Según la Universidad de Southampton, un estudio publicado el 30 de junio de 2025 en los Proceedings of the National Academy of Sciences reveló que el Océano Austral entró en un estado completamente diferente al que mantuvo durante décadas, con cambios abruptos que no fueron previstos por los modelos climáticos. Utilizando datos de satélites europeos recopilados entre 2015 y 2024, el Dr. Alessandro Silvano y su equipo documentaron una reversión inesperada: la superficie del océano alrededor de la Antártida, que venía volviéndose progresivamente más fría y más dulce desde principios de los años 80, pasó a estar más cálida y más salada a partir de 2015.
En el mismo período, la Antártida perdió un área de hielo marino equivalente al tamaño de Groenlandia, configurando una de las mayores transformaciones ambientales jamás registradas en las últimas décadas. Los dos cambios comenzaron a interactuar en un ciclo de retroalimentación que aún no es totalmente comprendido por la ciencia.
El Océano Austral funciona como principal regulador climático del planeta al absorber calor y dióxido de carbono
Para comprender la importancia de este cambio, es necesario entender el papel del Océano Austral en el sistema climático global.
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Este océano, que circunda completamente la Antártida, actúa como el principal disipador de calor del planeta y como uno de los mayores sumideros de carbono.
Estimaciones indican que absorbe alrededor del 75% del calor excedente generado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero y aproximadamente el 40% del dióxido de carbono disuelto en los océanos. Sin este mecanismo, el calentamiento global ya habría avanzado significativamente más.
Estratificación del agua dependiente de la salinidad mantiene el equilibrio térmico y permite el almacenamiento de calor en las profundidades
El funcionamiento de este sistema depende de un equilibrio físico específico. En regiones cercanas a la congelación, como el Océano Austral, la densidad del agua es controlada principalmente por la salinidad.
El agua más salada es más densa y se hunde. Al hundirse, transporta calor y carbono a las profundidades, donde permanecen almacenados por largos períodos.
Durante décadas, el sistema funcionó de forma estable. El derretimiento del hielo liberaba agua dulce en la superficie, formando una capa menos densa que flotaba sobre aguas más saladas. Este proceso creaba una estratificación que mantenía el calor atrapado en las capas profundas y favorecía la congelación superficial en invierno.
El aumento de la salinidad desde 2015 rompe la estratificación y permite que el calor profundo suba a la superficie
A partir de 2015, este equilibrio fue interrumpido. La salinidad de la superficie aumentó, reduciendo la estratificación que separaba las capas del océano.
Con esto, el calor almacenado en las profundidades comenzó a subir con más facilidad a la superficie. Este proceso desencadenó un ciclo de retroalimentación: menos hielo genera menos agua dulce, lo que aumenta la salinidad, permitiendo que más calor suba, dificultando aún más la formación de hielo.
El colapso del hielo marino antártico refuerza el ciclo de calentamiento y altera la dinámica oceánica
El hielo marino entró en declive acelerado. A partir de 2022, se registraron repetidamente récords mínimos de extensión.
El verano de 2023 presentó la menor extensión de hielo marino jamás observada en registros satelitales. Esta reducción refuerza el proceso de calentamiento superficial y altera profundamente la dinámica del océano.
El retorno de la polinia de Maud Rise indica un cambio profundo en la circulación oceánica del Mar de Weddell
Uno de los signos más llamativos de esta transformación fue el regreso de la polinia de Maud Rise. Esta abertura en el hielo marino, que no ocurría desde los años 1970, reapareció con gran extensión en el Mar de Weddell.
Las polinias permiten el intercambio directo de calor y gases entre el océano profundo y la atmósfera, intensificando la convección y alterando el balance térmico.
El Océano Austral desempeña un papel central en la circulación termohalina. Este sistema distribuye calor, sal y carbono por todos los océanos del planeta.
La alteración en la estratificación y en la formación de aguas profundas puede modificar este sistema, con impactos globales.
El ascenso de aguas profundas libera calor y dióxido de carbono acumulados durante décadas
Con la ruptura de la estratificación, aguas profundas más cálidas y ricas en carbono comenzaron a ascender. Esto resulta en la liberación de calor almacenado y en la reducción de la capacidad del océano para absorber nuevas emisiones de CO₂.
Desde los años 1980, el Océano Austral presentaba una tendencia de enfriamiento superficial y reducción de salinidad.
Esta tendencia se revirtió en menos de una década. La velocidad del cambio fue considerada inesperada por la comunidad científica.
Las causas del cambio incluyen la pérdida de hielo, alteraciones en los vientos y el calentamiento de las capas intermedias
Los investigadores señalan múltiples factores para explicar el cambio. Entre ellos se encuentran la reducción del hielo marino, alteraciones en los patrones de viento y el calentamiento acumulado en las capas intermedias del océano.

Los cambios en el océano impactan los patrones atmosféricos. Regiones como Nueva Zelanda ya presentan indicios de aumento de tormentas. Otras áreas del hemisferio sur también pueden verse afectadas.
La circulación oceánica global influye en la temperatura del Atlántico Sur. Esta dinámica está ligada a la Zona de Convergencia del Atlántico Sur, que regula las lluvias en Brasil. Cambios en este sistema pueden afectar los regímenes de precipitación.
El monitoreo continuo con satélites y sensores es esencial para entender la evolución del fenómeno
La Universidad de Southampton destaca la necesidad de un monitoreo constante. Satélites e instrumentos autónomos son fundamentales para acompañar los cambios en salinidad, temperatura y hielo.
Los datos disponibles aún no permiten determinar si el cambio es reversible. El sistema puede volver a su estado anterior o entrar en un nuevo régimen climático. El cambio observado plantea dudas sobre el futuro del sistema climático.
En su opinión, ¿el océano aún puede recuperar su equilibrio o estamos ante una transformación permanente?

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