Buque francés reunió formación militar, diplomacia naval y aviación embarcada durante casi medio siglo, convirtiéndose en una de las plataformas más reconocidas de la Marine Nationale y ayudando a consolidar el uso de helicópteros en misiones oceánicas, humanitarias y operacionales lejos de Europa.
El portahelicópteros francés Jeanne d’Arc, identificado por el indicativo R97, combinó durante 46 años la formación de oficiales de la Marine Nationale, la presencia diplomática de Francia en el extranjero y la capacidad de operar helicópteros en misiones militares.
Registrado por el Servicio Histórico de la Defensa de Francia como portahelicópteros Jeanne d’Arc, en servicio entre 1964 y 2010, el buque se convirtió en una de las plataformas más reconocidas de la Marina Francesa en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Construido en el Arsenal de Brest, el buque fue lanzado con el nombre La Résolue antes de recibir, en 1964, la denominación Jeanne d’Arc y asumir la función que marcaría su trayectoria operacional.
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A partir de ese cambio, la embarcación pasó a servir como buque escuela para oficiales en formación, manteniendo al mismo tiempo una configuración militar real, capaz de apoyar misiones de presencia, transporte, aviación embarcada y comando.
Con silueta larga, cubierta de vuelo a popa, hangar para aeronaves y superestructura típica de la ingeniería naval francesa de la Guerra Fría, el Jeanne d’Arc presentaba un perfil inusual entre buques de entrenamiento.
Su porte también reforzaba esa diferencia, ya que los cerca de 181 metros de longitud y el desplazamiento superior a 12 mil toneladas a plena carga permitían travesías oceánicas y comisiones de larga duración.
Jeanne d’Arc fue buque escuela y plataforma militar
En tiempos de paz, la principal misión del Jeanne d’Arc era formar oficiales en una rutina práctica de navegación, comando, diplomacia naval y convivencia a bordo, acercando el aprendizaje técnico a la experiencia real en el mar.
Durante la llamada campaña de aplicación, jóvenes oficiales participaban en viajes por puertos extranjeros, ejercicios internacionales y largas travesías, en una formación que combinaba instrucción, disciplina, relación institucional y rutina operacional.
Esa vocación didáctica, sin embargo, no reducía el buque a una plataforma de instrucción sin utilidad militar, porque su clasificación como crucero portahelicópteros preservaba capacidad de empleo en escenarios de crisis.
En caso de necesidad, el Jeanne d’Arc podía apoyar operaciones de guerra antisubmarina, transporte, apoyo anfibio, evacuación, asistencia humanitaria y presencia militar en áreas de interés estratégico para Francia.
El origen del proyecto ayuda a explicar esta doble función, ya que la embarcación surgió en un período en el cual París buscaba afirmar autonomía estratégica bajo el liderazgo de Charles de Gaulle.
En ese contexto, la defensa francesa incluía fuerza nuclear propia, capacidad expedicionaria y medios navales aptos para operar lejos de Europa, lo que ampliaba el valor de una plataforma de entrenamiento con alcance global.
Helicópteros ampliaban el alcance operacional
El principal diferencial del Jeanne d’Arc estaba en la aviación embarcada de alas rotativas, recurso que permitía al barco cumplir misiones variadas sin depender de aeronaves de ala fija.
A diferencia de portaaviones clásicos, no lanzaba aviones de combate; aun así, disponía de instalaciones de aviación muy superiores a las de un crucero convencional y podía adaptar su ala aérea a la misión designada.
A lo largo de su carrera, el barco operó o podía embarcar helicópteros como Alouette III, Puma, Gazelle, Super Frelon y Lynx, variedad que ampliaba su utilidad en escenarios navales y expedicionarios.
En la configuración de guerra antisubmarina, la embarcación podía actuar con helicópteros WG 13 Lynx, mientras que misiones externas permitían el empleo de Puma y Gazelle del Ejército francés, además de aeronaves navales y modelos pesados.
Esta combinación daba flexibilidad al barco, pues los helicópteros podían ejecutar transporte, enlace, vigilancia, apoyo a fuerzas desembarcadas y búsqueda contra submarinos, mientras que el casco ofrecía autonomía oceánica y estructura de mando.
Presencia global marcó la historia de la Marine Nationale
Dentro del barco, la formación de los oficiales iba más allá de la técnica naval e incluía liderazgo, disciplina, relaciones internacionales, rutina operacional y administración de una tripulación numerosa en un ambiente cerrado y jerarquizado.
Con el paso de los años, el Jeanne d’Arc pasó a ser llamado simplemente “La Jeanne”, apodo que reflejaba la conexión afectiva construida entre la embarcación y generaciones de marineros franceses.
Para muchos oficiales, la campaña a bordo funcionaba como rito de paso en la carrera naval; para ciudades extranjeras, la llegada del barco representaba una visita diplomática francesa de fuerte simbolismo.
En las escalas internacionales, la embarcación actuaba como embajada flotante de Francia, reforzando lazos políticos, apoyando comunidades francesas ultramarinas y demostrando el mantenimiento de una presencia naval global.
Además de la dimensión diplomática, esta presencia tenía valor estratégico, porque barcos con este perfil podían apoyar evacuaciones, operaciones humanitarias y misiones de disuasión sin movilizar un grupo aeronaval completo.
Misiles Exocet reforzaron la autodefensa
El armamento del Jeanne d’Arc acompañaba su naturaleza híbrida, con cañones, sistemas de defensa de corto alcance y misiles antibuque MM38 Exocet incorporados a lo largo de su carrera.
Aunque estos recursos ampliaban la capacidad de autodefensa y el empleo en escenarios de superficie, el mayor valor de la embarcación venía de la suma entre helicópteros, alcance oceánico, comando y formación de oficiales.
En misiones de guerra antisuperficie, helicópteros armados con misiles antibuque podían ampliar el alcance de ataque en comparación con marinas sin aviación embarcada equivalente.
En el caso brasileño, portaaviones como el Minas Gerais y, después, el São Paulo fueron asociados a la operación de aeronaves embarcadas, mientras que el Atlântico pasó a ejercer papel de buque-aeródromo multipropósito.
Última campaña cerró 46 años de servicio
A lo largo de su carrera, el Jeanne d’Arc atravesó fases distintas de la historia militar francesa, desde la Guerra Fría hasta la reorganización de las operaciones expedicionarias en el período posterior a la caída de la Unión Soviética.
Incluso con la evolución de los buques anfibios y de la aviación naval, la embarcación permaneció relevante por la capacidad de unir entrenamiento, presencia internacional y empleo operacional en una misma plataforma.
En la década de 2000, sin embargo, la edad comenzó a pesar sobre el buque, cuyos sistemas pertenecían a otra generación tecnológica y requerían mantenimiento cada vez más complejo.
Mientras tanto, la Marina Francesa ya contaba con buques de la clase Mistral, más modernos y adecuados a operaciones anfibias, humanitarias y de comando, además de más alineados a las necesidades expedicionarias contemporáneas.
La última campaña del Jeanne d’Arc ocurrió en 2009-2010, cuando el buque realizó su última comisión de instrucción y presencia antes de regresar a Brest, en mayo de 2010.
Después de la retirada formal del servicio activo, la tradición fue preservada por la Mission Jeanne d’Arc, realizada anualmente por un buque anfibio de la clase Mistral acompañado por una fragata.
En 2025, por ejemplo, la misión Jeanne d’Arc involucró al Mistral y a la fragata Surcouf en un desplazamiento por el Atlántico Norte y por el Ártico, manteniendo vivo el nombre asociado a la formación naval francesa.
Tras la baja, el antiguo porta-helicópteros fue preparado para desmantelamiento, mientras partes simbólicas fueron preservadas por su valor histórico e institucional.
Para Brest y para la Marine Nationale, dejaba de existir físicamente una embarcación que había reunido escuela naval, diplomacia, aviación embarcada y capacidad militar en una misma plataforma.

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