En el video del canal JJ88, Jon Morais atraviesa el puente férreo de Marcelino Ramos, en Rio Grande do Sul, sobre el río Uruguay, y encuentra una pareja del campo que mantiene azúcar en el tacho, frijoles en el manguá, herramientas antiguas, cultivo de subsistencia y memoria rural viva en el interior del sur.
El puente férreo sobre el río Uruguay, en Marcelino Ramos, en Rio Grande do Sul, abrió camino para un viaje que mezcla carretera, memoria rural y técnicas antiguas aún preservadas en el interior. En el video del canal JJ88, Jon Morais atraviesa la estructura centenaria y sigue en dirección a Santa Catarina.
En un video publicado el 28 de marzo de 2026, en el canal jj88 en Youtube, localiza la travesía en Marcelino Ramos, muestra el río Uruguay como frontera natural y acompaña el encuentro con una pareja del campo que aún conserva prácticas como hacer azúcar en el tacho, golpear frijoles en el manguá y guardar herramientas tradicionales.
Travesía comienza en Marcelino Ramos

El video comienza en Marcelino Ramos, ciudad gaucha a orillas del río Uruguay. Jon Morais muestra el paisaje y explica que, al otro lado del río, ya está Santa Catarina, en una región marcada por pequeñas carreteras, colinas y propiedades rurales.
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El puente férreo aparece como el primer elemento de impacto del viaje. Según el narrador, la estructura tiene más de 100 años y fue construida originalmente para el paso de trenes, no para el tráfico de coches.
Coches pasan uno por vez
El paso de vehículos por el puente sigue una lógica simple: quien va a cruzar necesita mirar al otro lado y comprobar si no hay un coche viniendo en sentido contrario. Si hay movimiento, es necesario esperar.
Este detalle da fuerza visual a la escena. El puente férreo no funciona como una vía común, sino como una travesía estrecha, antigua y compartida, en la que la atención del conductor es parte esencial del recorrido.
Estructura aún guarda función histórica

En el video, Jon Morais comenta que el tren ya pasó por la estructura y menciona el paseo turístico ligado a la región de Piratuba, aunque no confirma la situación exacta en ese momento. El punto seguro es que el puente fue pensado para el transporte ferroviario.
Hoy, en el registro presentado, también sirve para la circulación local de vehículos. Esta combinación entre función antigua y uso actual ayuda a explicar por qué el puente férreo llama la atención: permanece en el cotidiano incluso cargando marcas de otro tiempo.
Río Uruguay marca el paisaje del viaje
El río Uruguay es más que un escenario. Organiza la geografía del video, separa Rio Grande do Sul y Santa Catarina y acompaña parte del camino mostrado por el canal JJ88.
Después de la travesía, el viaje sigue por un camino de tierra de cerca de 14 kilómetros, según el narrador. El paisaje alterna vista para el río, cerros, áreas de declive y tramos en que el camino parece correr sobre una línea alta de la montaña.
Encuentro cambia el rumbo de la grabación

Durante el camino, Jon Morais encuentra a un residente identificado en la transcripción como su Adelino, acompañado de doña Luía. La conversación comienza de forma simple, ligada al paso por el puente y a la vida en el entorno del río Uruguay.
A partir de ahí, el video cambia de enfoque. El puente férreo deja de ser solo una travesía y se convierte en puerta de entrada para una historia de campo, herramientas antiguas, técnicas manuales y modos de producción que casi no aparecen más en las ciudades.
Pareja mantiene rutina ligada a la tierra
La pareja habla sobre la vida en la colonia, el trabajo en el campo y la permanencia en el interior. Mencionan el cultivo de frijoles, maíz, caña, yuca y batata, además de la cría de cerdos y el uso de vacas para tareas de la propiedad.
El registro no presenta la propiedad como una atracción turística formal. Lo que aparece es una rutina rural preservada, con objetos, prácticas y herramientas usadas en el día a día o guardadas como memoria de una vida ligada a la tierra.
El azúcar todavía se hace en el tacho
Uno de los puntos más fuertes del video es el lugar donde se hace el azúcar. El residente muestra el tacho, el espacio del fuego, las herramientas usadas para mover el caldo y el proceso que, según él, puede rendir cerca de 30 kilos cuando la leña está buena.
La escena llama la atención porque muestra una producción artesanal poco común para mucha gente. El azúcar en el tacho aparece como una práctica antigua aún viva, hecha con conocimiento acumulado e instrumentos simples.
Frijoles batidos en el manguá llaman la curiosidad
Otra imagen impactante es el frijol batido en el manguá. El propio residente comenta que, el día anterior, un coche se había detenido porque alguien quería entender cómo funcionaba esa técnica.
El manguá aparece en el video como parte de un conjunto de prácticas que resisten al tiempo. Para quienes crecieron lejos del campo, el objeto puede parecer una pieza de museo; para la pareja, forma parte de una lógica de trabajo que aún tiene utilidad.
Las herramientas forman un museo vivo
Al caminar por la propiedad, Jon Morais muestra arado, sembradora de bueyes, prensa, herramientas de herrería, yunque, barrena, sierra antigua, muela, gubia, azuela, gamela, canasto, carreta y piezas hechas o adaptadas por el propio residente.
La fuerza de la escena está justamente en esa mezcla entre uso y preservación. No es un museo montado para visitas, sino un acervo rural vivo, formado por objetos que cuentan cómo se realizaba el trabajo antes de la mecanización más amplia.
La herrería muestra habilidad manual
El residente también muestra la pequeña herrería, donde calienta hierro, hace o adapta herramientas y explica procesos como templar piezas para que ganen resistencia. Demuestra conocimiento práctico de fuego, metal, madera y uso en el campo.
Este trecho amplia el valor documental del video. El puente ferroviario lleva a un paisaje antiguo, pero la visita revela algo aún más raro: conocimientos manuales que dependen de observación, intento, experiencia y memoria familiar.
Balaio, cuero y madera entran en la historia
Entre los objetos mostrados, el balaio gana protagonismo. Hecho con cipó y taquara, aparece como herramienta de trabajo y también como ejemplo de habilidad artesanal. El residente explica etapas de montaje y muestra el cuidado con el trenzado.
También aparecen piezas de cuero, mangos de madera, utensilios y herramientas adaptadas a la realidad de la propiedad. El video muestra que, en el campo, muchos objetos no eran simplemente comprados: eran hechos, reparados o reinventados según la necesidad.
Alimentación revela otro modo de vida
La conversación también pasa por la alimentación antigua en el campo. La pareja menciona frijoles, harina de mandioca, huevo, cerdo criado en la propiedad, mandioca, maíz y productos cultivados allí mismo.
Este trecho no necesita ser leído como nostalgia idealizada. Muestra un modo de vida en el que la producción de alimento estaba muy cerca de la casa, del cultivo y de los animales. El campo aparece como espacio de trabajo, sustento y conocimiento práctico.
Tecnología y tradición aparecen en el mismo camino
Curiosamente, el video también habla de tecnología. Jon Morais comenta el uso del GPS, la carretera, la cámara e incluso la inteligencia artificial, mientras sigue por una región donde técnicas antiguas continúan visibles.
Este contraste ayuda a dar ritmo a la narrativa. De un lado, el viaje guiado por tecnología; del otro, el puente ferroviario, el manguá, el tacho, la herrería y las herramientas hechas a mano. El video coloca estos dos mundos en el mismo camino.
Registro valora memorias rurales
La charla del presentador refuerza la importancia de registrar estas prácticas para nuevas generaciones. Comenta que muchos jóvenes quizás ya no conozcan objetos como esos e incentiva al público a observar el valor de las cosas antiguas.
Este punto es el corazón periodístico del tema. El viaje no muestra solo una travesía bonita o una propiedad curiosa. Registra técnicas, palabras, herramientas e historias que ayudan a entender cómo parte de la vida rural fue construida en el interior del Sur.
Puente se convierte en puerta de entrada a otra época
El puente ferroviario centenario sobre el río Uruguay funciona como símbolo del reportaje. Une estados, atraviesa un paisaje histórico y conduce al conductor a una secuencia de encuentros que parecen suspender el tiempo.
Al final, lo que permanece es la combinación entre carretera, río, campo y memoria. El puente lleva al otro lado, pero también abre camino para prácticas que aún sobreviven en pequeñas propiedades y revelan un Brasil rural poco visto en las grandes ciudades.
Un camino entre carretera, río y memoria
El viaje de Jon Morais por el canal JJ88 muestra cómo un puente ferroviario antiguo puede ser más que una estructura de paso. Puede conducir a historias guardadas en calderos, herramientas, cultivos, cestas y conversaciones al borde de la carretera.
¿Crees que prácticas como hacer azúcar en el caldero, desgranar frijoles en el manguá y mantener herramientas antiguas deberían ser más registradas para las próximas generaciones? Deja tu opinión en los comentarios y cuenta si algo parecido aún existe en tu familia o en tu región.

