En Magé, neumáticos, botellas de PET y poliestireno se convirtieron en base para cascada artificial de 25 metros, integrando turismo, conservación ambiental y reforestación sostenible
Un escenario que antes representaba contaminación y abandono se transformó en un símbolo de innovación y sostenibilidad en Magé, en la Región Metropolitana de Río. Neumáticos, botellas de PET y otros desechos que se acumulaban en los manglares de la Bahía de Guanabara ahora sostienen una cascada artificial de 25 metros dentro del Área de Protección Ambiental (APA) Petrópolis, una de las más antiguas del país.
La iniciativa une turismo, educación ambiental y reforestación en un mismo espacio.
La idea surgió como respuesta a un problema antiguo. La basura esparcida por la bahía comprometía la vida marina y perjudicaba a los pescadores locales.
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Hoy, lo que parecía solo descarte se transformó en una estructura para un emprendimiento que atrae visitantes y refuerza prácticas de conservación.
La recolección de residuos
El proceso comenzó con pescadores artesanales de Magé, en asociación con el proyecto Aguas de Guanabara.
Comenzaron una rutina de recolección de toneladas de materiales que antes se acumulaban en el manglar. El trabajo ocurre hasta tres veces por semana y ya ha retirado alrededor de 40 toneladas de basura.
“Los pescadores aquí de Magé hacen esta recolección tres veces por semana, cada barco sale con dos pescadores. Recogen diez sacos de 200 litros de esos residuos que encuentran en el manglar. Encontramos todo tipo de material dentro de esta bahía”, relata Elaine Cristina, presidenta de la Colônia de Pescadores de Magé.
Reuso y construcción de la estructura
Con los residuos en manos, el empresario André Marinho de Moraes ideó el Eco Resort Castelinho. Transformó neumáticos, PET y poliestireno en piedras artificiales que sostienen la cascada.
“Hace más de 10 años no venía aquí. Llegué y vi esto muy abandonado. Y tiene un valor sentimental porque nací y jugué aquí. Pensé en hacer algo nuevo, y surgió esta cascada, surgió el emprendimiento”, afirmó André.
Abastecimiento con agua de lluvia
El agua que baja de la caída no proviene de manantiales. Un sistema interno capta y trata el agua de lluvia, bombeando el líquido filtrado hacia la cima de la cascada.
Por lo tanto, además de reaprovechar residuos, el proyecto también reduce la presión sobre los recursos naturales de la región.
El Eco Resort obtuvo licencia con apoyo técnico, cumpliendo normas federales y municipales. Además, fue registrado por el Ibama como área de liberación de fauna silvestre.
La APA Petrópolis, bajo la gestión del ICMBio, supervisa las actividades.
Esta articulación muestra que la transformación no ocurrió de forma improvisada, sino dentro de parámetros legales y ambientales.
Reforestación y transformación del área
Antes ocupado solo por césped, el terreno comenzó a recibir 12 mil plántulas de especies nativas y frutales. La reforestación amplía la recuperación de la Mata Atlántica, reforzando el carácter sostenible del espacio.
Además, la iniciativa demuestra que los residuos pueden adquirir una nueva función. Lo que era basura ahora ayuda a componer un escenario turístico y educativo, uniendo conservación y generación de ingresos.
La cascada artificial de Magé se ha convertido, por lo tanto, en un ejemplo de cómo problemas antiguos pueden transformarse en soluciones creativas.
El proyecto rescata un espacio abandonado, devuelve vida al manglar y muestra que la sostenibilidad puede construirse a partir de lo que parecía no tener valor.
Con información de G1.


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