El condado de Minqin, en la provincia de Gansu, en el norte de China, era el último oasis que impedía la fusión de los desiertos de Tengger y Badain Jaran. En 2004, las estimaciones indicaban que el agua subterránea se secaría en 17 años, pero los voluntarios iniciaron una campaña de plantación de árboles que recuperó la vegetación, impulsó la economía y transformó la región en un destino de turismo ecológico.
La historia de cómo la China logró evitar que dos gigantescos desiertos se fusionaran comienza en Minqin, un condado de aproximadamente 160 kilómetros de extensión enclavado entre los desiertos de Tengger y Badain Jaran, en la provincia de Gansu. El territorio funcionaba como el último oasis de la región, una zona fértil sostenida por un acuífero que alimentaba la vida local. Pero el oasis estaba perdiendo la guerra contra el avance de los desiertos: cada año, la arena avanzaba sobre tierras agrícolas, secaba manantiales y empujaba a los habitantes fuera de sus propiedades.
En 2004, la situación llegó al límite. Estudios estimaron que el agua subterránea de Minqin desaparecería en solo 17 años, momento en el que los dos desiertos se fusionarían y el oasis dejaría de existir. Fue en este escenario de urgencia que un grupo de voluntarios decidió actuar. La campaña comenzó con la plantación de árboles resistentes a la sequía, especies capaces de fijar el suelo y frenar la expansión de la arena. El objetivo no era solo salvar el oasis, sino transformarlo en una región económicamente viable a través de la fruticultura y el turismo.
Cómo la plantación de árboles salvó el último oasis entre dos desiertos en China

Según información divulgada por el portal Poder360, el proyecto de recuperación de Minqin partió de una lógica simple: si la arena avanzaba porque no había vegetación para sostenerla, la solución era crear una barrera viva. Los voluntarios plantaron especies adaptadas al clima árido en franjas estratégicas alrededor del oasis, formando cinturones verdes que funcionan como escudos contra el viento cargado de arena. A lo largo de 22 años, cientos de personas participaron en las campañas de plantación, muchas de ellas provenientes de diferentes provincias de la China.
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El resultado fue visible. La cobertura vegetal de Minqin creció de forma consistente, y áreas que antes eran arena pura pasaron a sustentar plantaciones de frutas y otros cultivos agrícolas. El nivel freático, que caminaba hacia el agotamiento, se estabilizó a medida que la vegetación redujo la evaporación y ayudó a retener la humedad en el suelo. El oasis no solo sobrevivió, sino que se expandió, desafiando las previsiones más pesimistas de hace dos décadas.
La transformación de Minqin en destino de turismo ecológico
Lo que comenzó como una campaña de supervivencia ambiental se transformó en una atracción turística. Minqin se convirtió en un punto de turismo ecológico en China, donde los visitantes pueden participar directamente en la plantación de árboles en el desierto. Plataformas como Trip.com ya ofrecen guías de viaje específicas para la actividad, con información sobre las mejores épocas del año para plantar y orientaciones sobre cómo llegar al condado.
El turismo de plantación funciona de forma accesible. Es posible reservar un lugar para plantar árboles con anticipación a través de organizaciones locales de asistencia social o plataformas de turismo cultural. Los lugares públicos cobran una tarifa entre 50 y 100 yuanes por persona, equivalente a R$ 37 a R$ 74, que incluye plántulas, palas y cubos. Además de los turistas que van específicamente a plantar, Minqin también atrae voluntarios de toda China que se involucran en la causa como forma de contribuir a la lucha contra la desertificación.
El programa nacional de China que sostiene la lucha contra la desertificación
El caso de Minqin no es aislado. El gobierno chino apoya el proyecto de preservación del condado y mantiene un programa nacional de reforestación y lucha contra la desertificación desde hace más de 48 años. China es el país que más ha contribuido a la reforestación global en la última década, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Este esfuerzo incluye la llamada «Gran Muralla Verde», una franja de vegetación planificada para contener el avance del desierto de Gobi.
El modelo chino de lucha contra la desertificación combina inversión pública con movilización popular. En Minqin, el éxito vino precisamente de la convergencia entre la iniciativa de los voluntarios y el apoyo institucional del gobierno, que proporcionó recursos, asistencia técnica e infraestructura para viabilizar la plantación a gran escala. El resultado es que una región condenada a la extinción se convirtió en un ejemplo de cómo la acción colectiva puede revertir procesos ambientales que parecían irreversibles.
Lo que Minqin enseña sobre recuperación ambiental a gran escala
La historia del oasis de Minqin es frecuentemente citada como prueba de que la desertificación no es un camino sin retorno. Hace 22 años, la previsión era que los desiertos de Tengger y Badain Jaran se fusionarían y eliminarían la última barrera fértil entre ellos. Hoy, el escenario es otro: la vegetación ha avanzado, la economía local se ha diversificado con fruticultura y turismo, y el condado recibe visitantes de toda China y del extranjero.
El desafío, sin embargo, no ha terminado. Los cambios climáticos continúan presionando regiones áridas en todo el planeta, y el mantenimiento de los cinturones verdes de Minqin exige un esfuerzo continuo de replantación y monitoreo. Los árboles plantados hace dos décadas necesitan manejo para garantizar su supervivencia en las condiciones extremas del norte chino, donde las temperaturas varían de -20ºC en invierno a más de 40ºC en verano. Lo que Minqin demuestra es que la recuperación ambiental es posible, pero exige persistencia medida en décadas, no en mandatos políticos.
¿Crees que el modelo de Minqin podría ser replicado en regiones de Brasil que enfrentan desertificación, o las condiciones locales hacen esto inviable? Deja tu opinión en los comentarios, queremos saber si historias como esta cambian la forma en que ves la lucha contra el avance de los desiertos.

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