Los lagos de Turquía se convirtieron en una alerta global después de que 186 de los 250 se secaran en 50 años. En el Lago Marmara, los barcos quedaron sobre tierra seca, mientras la desertificación, presas, irrigación y crisis hídrica afectan comunidades, agricultura, turismo, aves migratorias y zonas húmedas en el país sede de la COP31 hoy en una escala más amplia y visible.
Los lagos de Turquía entraron en el centro de una crisis hídrica que ganó protagonismo el 20 de junio de 2026, cuando Exame informó que el país, señalado como sede de la COP31, perdió 186 de sus 250 lagos en los últimos 50 años, en un escenario agravado por la desertificación.
La transformación aparece de forma simbólica en el Lago Marmara, en la provincia de Manisa, en el suroeste turco. Donde antes había agua, embarcaciones y vida económica, hoy hay barcos abandonados en terreno seco, vegetación reseca y habitantes lidiando con la desaparición de un ecosistema que sostenía parte de la región.
Lago Marmara se convirtió en símbolo de la crisis

El Lago Marmara es uno de los ejemplos más fuertes de la pérdida de agua en Turquía. El lugar, que ya fue asociado a la pesca, al turismo y a la presencia de miles de aves, comenzó a perder volumen de manera acelerada a partir de 2011.
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Diez años después, ya había perdido el 98% de su superficie, según los datos publicados por Exame con base en información de National Geographic. Hoy, el lago seco resume un cambio que dejó de ser lento y pasó a ser visible en el paisaje.
Barcos quedaron donde antes había agua
La imagen de barcos abandonados en áreas secas ayuda a traducir la dimensión del problema. Una embarcación parada en el lecho vacío no es solo una escena curiosa; es el retrato de una economía que dependía del agua.
Cuando los lagos desaparecen, el impacto va más allá del paisaje. Pesca, turismo, ganadería, agricultura y circulación local pierden base al mismo tiempo, empujando a las comunidades hacia una adaptación difícil.
Turquía perdió 186 de sus 250 lagos
El dato más llamativo es la escala nacional de la crisis. Según el reportaje, 186 de los 250 lagos de Turquía se secaron en medio siglo, mientras que alrededor de 1,5 millones de hectáreas de zonas húmedas también se vieron afectadas.
Ese número transforma casos aislados en un patrón ambiental. Turquía no enfrenta solo la reducción de un lago famoso, sino un cambio amplio en sus sistemas hídricos, con efectos acumulados en varias regiones.
La crisis no se explica solo por la falta de lluvia

La sequía y el clima más cálido ayudan a explicar parte de la desaparición del agua, pero no cuentan toda la historia. Expertos citados por la fuente señalan que las intervenciones humanas tuvieron un papel decisivo.
Represas, canales, irrigación agrícola y uso intensivo de agua alteraron el flujo natural que abastecía áreas inundadas. Cuando la reposición de agua se interrumpe por décadas, los lagos se vuelven más vulnerables a cualquier período seco.
Las represas cambiaron el camino del agua
La política de infraestructura hídrica adoptada por Turquía desde los años 1950 aparece como una de las causas estructurales de la crisis. Obras creadas para irrigación y abastecimiento ayudaron a redirigir agua para proyectos agrícolas.
En el caso del Lago Marmara, la Represa de Gördes es citada como parte del proceso que redujo la reposición hídrica. Lo que parecía solución para producción a corto plazo terminó dejando un ecosistema entero sin flujo suficiente para sobrevivir.
La agricultura intensiva aumentó la presión
La expansión de la irrigación agravó la disputa por el agua. En algunas regiones, los productores también recurrieron a aguas subterráneas, ampliando la presión sobre acuíferos que abastecían ecosistemas cercanos.
Este tipo de uso crea un efecto en cadena. Cuando ríos, acuíferos y reservorios son presionados al mismo tiempo, los lagos dejan de recibir agua superficial y subterránea, acelerando el colapso.
La desertificación avanza sobre el territorio turco
La crisis de los lagos ocurre mientras Turquía enfrenta un riesgo creciente de desertificación. Según la fuente, un informe reciente de las Naciones Unidas señala que el 88% del territorio turco está en riesgo y que el país podría enfrentar una sequía severa para 2030.
Este dato amplía la alerta de la COP31. Un país que albergará discusiones climáticas llega al evento conviviendo con un ejemplo interno de cómo agua, clima, agricultura y ocupación del territorio se conectan.
El Lago Eğirdir también muestra signos de estrés

El Lago Eğirdir, conocido por los cambios de color a lo largo del día, enfrenta pérdida de volumen de agua y proliferación de algas y mucílago. Estos signos indican desequilibrio ecológico y empeoramiento en la calidad ambiental.
Cuando un lago pierde volumen, la concentración de nutrientes y contaminantes puede aumentar. El agua que queda se vuelve más vulnerable a la contaminación, alteración de color, mal olor y pérdida de vida acuática.
El Lago Van retrocedió y reveló marcas escondidas
El Lago Van, el más grande de Turquía, también vio su línea costera retroceder. Con la reducción del agua, áreas antes sumergidas comenzaron a revelar ruinas históricas, basura acumulada y estructuras que estuvieron décadas escondidas.
Esta exposición puede parecer fascinante a primera vista, pero lleva una advertencia. Cuando los lagos revelan lo que estaba sumergido, también muestran el tamaño del agua que dejó de existir.
El Lago Seyfe enfrenta nueva presión

El Lago Seyfe, que ya albergó grandes concentraciones de flamencos, también aparece entre los casos preocupantes. Además de la pérdida de agua, la región enfrenta presión asociada a un proyecto de minería cercano al área protegida.
Este tipo de conflicto muestra cómo la crisis hídrica se mezcla con la disputa por el uso del territorio. Áreas frágiles se vuelven aún más expuestas cuando el agua disminuye y nuevas actividades económicas avanzan cerca de los ecosistemas.
Lago Tuz Gölü se convirtió en símbolo de la pérdida ambiental
El Lago Tuz Gölü también se convirtió en símbolo de la crisis tras registros de muerte masiva de flamencos en su lecho seco. La escena refuerza el efecto directo de la pérdida de agua sobre ciclos naturales y rutas migratorias.
Incluso sin transformar el tema en un asunto animal, el episodio ayuda a medir el impacto ecológico. Cuando los lagos se secan, rutas de descanso, reproducción y alimentación dejan de existir en el mapa natural.
Comunidades pierden ingresos y comienzan a salir
En los alrededores del Lago Marmara, la ganadería entró en declive y los habitantes comenzaron a dejar la región después de que el agua desapareció. La antigua cooperativa de pescadores también fue abandonada.
Este es uno de los efectos más duros de la crisis. Cuando el agua desaparece, la pérdida no es solo ambiental: reorganiza la vida de las personas, vacía actividades económicas y cambia el futuro de comunidades enteras.
Señales indican un lago que ya no existe
Un detalle descrito en la fuente resume la desconexión entre memoria y realidad: señales al borde de la carretera aún alertan sobre la proximidad del lago, aunque el agua ya no esté allí.
Este contraste da fuerza a la historia. La señalización apunta a un lugar que existía como referencia local, pero el paisaje actual muestra que el territorio cambió más rápido que su propia memoria pública.
Secado crea polvo tóxico y suelos salinizados
La pérdida de los lagos también puede generar efectos menos visibles. Cuando el lecho queda expuesto, sedimentos contaminados, sales y partículas finas pueden ser llevados por el viento, empeorando la calidad del aire y del suelo.
Además, la salinización perjudica áreas agrícolas cercanas. La desaparición del agua no termina en la orilla del lago; se extiende por el suelo, el polvo, la producción y la salud ambiental de la región.
Problema turco refleja tendencia global
Aunque la situación de Turquía es dramática, no está aislada. Exame cita un estudio de 2023 de investigadores de la Universidad de Virginia, según el cual más de la mitad de los mayores lagos naturales y embalses del planeta están perdiendo agua.
La investigación también indica que cerca de una cuarta parte de la población mundial vive en cuencas hidrográficas vinculadas a lagos en proceso de secado. Es decir, la alerta turca forma parte de una crisis mayor de agua dulce.
COP31 llega bajo presión simbólica
La condición de sede de la COP31 aumenta la presión sobre Turquía porque coloca la crisis hídrica del país frente a una vitrina climática internacional. El caso de los lagos secos debe funcionar como ejemplo concreto de vulnerabilidad ambiental.
No se trata solo de diplomacia climática. La pregunta central es cómo un país que ha perdido tantos cuerpos de agua puede discutir adaptación, agua y uso del suelo frente a una crisis tan visible en casa.
Cuando el agua desaparece, el país cambia
Los lagos de Turquía muestran cómo la crisis climática y la gestión del agua pueden transformar paisajes enteros en pocas décadas. La desaparición de 186 de los 250 lagos, el colapso del Lago Marmara y el avance de la desertificación indican un problema que ya ha superado el campo ambiental.
Barcos parados en tierra seca, comunidades dejando regiones antes productivas y ecosistemas perdiendo función revelan una crisis que mezcla clima, infraestructura, agricultura y decisiones humanas. ¿Crees que la COP31 debería transformar casos como el de Turquía en prioridad global de adaptación hídrica? Comenta tu opinión.

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