El TCU identificó que la FAB operó 111 vuelos con un solo ocupante y otros 1,5 mil con hasta cinco personas entre 2020 y 2024, calculó un desperdicio de R$ 36,1 millones y determinó que la Casa Civil entregue medidas inmediatas para reformular las reglas de transporte aéreo oficial, cuyos asientos quedaron 45% vacíos en promedio durante el período.
El Tribunal de Cuentas de la Unión hizo público un informe que desnuda el desperdicio en los vuelos de la FAB utilizados para transportar autoridades federales por Brasil. La auditoría, que abarcó el período entre 2020 y 2024, contabilizó 111 despegues en los que un único ocupante embarcó en aeronaves dimensionadas para decenas de lugares, además de 1,5 mil misiones en las que el número total de pasajeros no superó cinco. La ocupación media de los asientos oficiales a lo largo de esos cinco años se mantuvo en 55%, lo que significa que casi la mitad de la capacidad disponible viajó vacía en cada vuelo. El TCU calculó que el gobierno federal habría ahorrado R$ 36,1 millones si las autoridades de los Tres Poderes hubieran recurrido a aerolíneas regulares.
Ante los números, el tribunal emitió una orden directa a la Casa Civil para que elabore medidas concretas de reestructuración de las normas que rigen el acceso a la flota de la FAB. Los auditores consideraron la administración de esos desplazamientos ineficiente y señalaron evidencias claras de mal uso de recursos públicos. La investigación constató además que el Comando de la Aeronáutica no dispone de un mecanismo para verificar si las solicitudes de transporte cumplen con los criterios legales, abriendo espacio para que autoridades de cualquier esfera embarquen sin presentar justificación.
Por qué aviones de la FAB despegaron tantas veces casi vacíos

El diagnóstico del TCU señala una falla que va más allá del episodio aislado: se trata de una deficiencia sistémica en el control sobre quién puede usar la flota oficial. La FAB opera aeronaves con capacidades que varían entre 8 y 50 asientos, pasando por modelos de 12, 16, 30 y 36 lugares, y incluso los jets más pequeños despegaron repetidamente con ocupación mínima durante el período auditado. Movilizar tripulación, combustible y logística de mantenimiento para transportar a una sola persona representa un costo operativo que el informe clasifica como evitable.
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Los 1,5 mil vuelos con hasta cinco pasajeros amplían la dimensión del problema. Cuando más de la mitad de los asientos de cada misión de la FAB viaja vacía, el dinero público financia ociosidad en el aire, y la comparación con el precio de pasajes comerciales para los mismos tramos evidencia que la alternativa más barata estaba disponible en la mayoría de los casos.
La ausencia de filtros que permite el desperdicio en la FAB
El punto más crítico revelado por el TCU es que el Comando de la Aeronáutica solo ejecuta los vuelos sin cuestionar la necesidad real de cada pedido. No existe un filtrado previo que evalúe si quien solicita la aeronave de la FAB cumple con los requisitos previstos en el decreto que regula este tipo de transporte. Cualquier autoridad de los Tres Poderes puede requisitar un jet militar sin necesidad de demostrar por qué un vuelo comercial no resolvería la cuestión.
La mayor parte de los registros examinados por los auditores no traía justificación concreta para el uso de una aeronave exclusiva. Esta brecha transformó la flota de la FAB en herramienta de comodidad personal para quienes tienen acceso al sistema, sin distinción entre urgencia legítima y simple preferencia por evitar aeropuertos comerciales. El TCU considera esta dinámica incompatible con los principios que deberían orientar el gasto público.
Los R$ 36 millones que la Casa Civil tendrá que explicar
La cifra calculada por el tribunal representa la diferencia entre el costo operativo de los vuelos de la FAB y el valor que habría sido gastado en pasajes aéreos regulares para los mismos desplazamientos. El TCU fijó R$ 36,1 millones como el monto de desperdicio acumulado entre 2020 y 2024, considerando solo los casos en que la sustitución por vuelo comercial sería viable. Situaciones que involucran destinos sin cobertura de compañías aéreas o urgencia comprobada quedaron fuera del cálculo.
La Casa Civil recibió la determinación de presentar un plan que establezca criterios objetivos de economía y conveniencia para autorizar cada misión. El tribunal exige que ningún vuelo de la FAB despegue sin que haya verificación previa de que el transporte militar es, de hecho, la única alternativa posible. La expectativa es que el Ejecutivo implemente reglas sobre quién puede solicitar, en qué circunstancias y con qué nivel mínimo de ocupación, cerrando el ciclo de despegues prácticamente vacíos.
Lo que el informe del TCU dice sobre el uso de dinero público en Brasil
Los 111 vuelos con un solo pasajero y los 1,5 mil con hasta cinco ocupantes son más que una estadística sobre la FAB. Representan un patrón de gasto que permaneció invisible durante al menos cinco años sin que ningún mecanismo de control interno se activara para interrumpirlo. Las solicitudes provienen de autoridades de los Tres Poderes, y toda la cadena que procesa estos pedidos funcionó sin freno durante todo el período auditado.
O TCU hizo su parte al dimensionar el desperdicio y formalizar la cobranza ante la Casa Civil. Ahora, le corresponde al gobierno transformar el informe en reglas que impidan la repetición de este patrón y aseguren que la flota de la FAB atienda al interés público, no al confort individual de quienes tienen acceso privilegiado a ella. El contribuyente, que financia cada litro de combustible de estas aeronaves, gana un instrumento más para exigir transparencia sobre cómo se utiliza su dinero en el transporte de autoridades.
Y tú, ¿consideras aceptable que aviones de la FAB despeguen con un pasajero mientras el país discute recortes en el presupuesto? ¿Quién debería ser responsabilizado por este desperdicio? Deja tu opinión en los comentarios.

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