La construcción de las Torres Colón en Madrid llamó la atención al invertir la lógica tradicional de los rascacielos, levantar dos edificios suspendidos de arriba hacia abajo y crear un hito arquitectónico con hormigón pretensado, cables de acero y 21 pisos suspendidos
La construcción de las Torres Colón transformó un terreno pequeño e irregular en el centro de Madrid en el escenario de una de las obras más inusuales de la arquitectura española. Ideado por Antonio Lamela, el proyecto creó dos torres levantadas de arriba hacia abajo, en una solución que escapaba de los sistemas habituales y permitió levantar un conjunto con 116 metros de altura, 23 pisos sobre el suelo y seis niveles subterráneos.
Lo que hace que esta obra sea tan llamativa es que los pisos superiores no se apoyan en los inferiores, como ocurre en edificios convencionales. En las Torres Colón, los pisos fueron suspendidos a partir de una estructura central y de puntales laterales, en una solución basada en arquitectura suspendida, hormigón pretensado de alta resistencia y cables de acero. El resultado fue un proyecto que intrigó a quienes siguieron la obra, alteró el paisaje urbano de Madrid y se convirtió en referencia por la osadía de la ingeniería involucrada.
Lo que hizo que la construcción de las Torres Colón fuera tan diferente

Las Torres Colón nacieron de una limitación práctica que terminó abriendo espacio para una solución radical. El terreno de 1.710 metros cuadrados era irregular y pequeño para el tamaño del edificio, mientras que la legislación municipal exigía muchas plazas de estacionamiento. Esto obligó al equipo de Antonio Lamela a pensar en una construcción que ocupara poco espacio en los cimientos.
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Fue en este contexto que surgió la idea de levantar no una torre única, sino dos torres independientes, unidas por una base, en lugar de concentrar toda la masa en un único volumen. Según la evaluación del arquitecto y su equipo, una única torre tendría un impacto negativo en el paisaje urbano al introducir un elemento de proporciones excesivas en el centro de la ciudad.
Cómo funcionaba la construcción de arriba hacia abajo
La lógica de la obra partía de un núcleo central estrecho, sobre el cual se colocaba la plataforma de suspensión, descrita como una gran cabeza de hormigón. A partir de esta estructura superior, los pisos fueron ejecutados de arriba hacia abajo, en un método que invertía el orden tradicional de la construcción de un rascacielos.
En este sistema, parte del peso de los pisos era soportado por el pilar central y el resto por los puntales laterales. La presión de la plataforma era transmitida por estos puntales con la ayuda de la tensión de los cables de acero, comprimiendo los pisos contra el soporte central. Fue esta combinación la que permitió sostener los pisos sin que los superiores se apoyaran en los inferiores, reforzando la fama de edificio “al revés”.
Los números que explican la dimensión del proyecto en Madrid

Las Torres Colón reúnen números que ayudan a entender la dimensión de la obra. El conjunto tiene 116 metros de altura, 23 pisos sobre el suelo y seis por debajo del nivel de la calle, además de contar con 21 pisos suspendidos que transfieren su carga a la superestructura y, luego, al núcleo central hasta la fundación.
Además de la altura, el proyecto se destacó por la complejidad del sistema estructural. En lugar de seguir el modelo más común de los edificios suspendidos basados en acero, la obra fue concebida enteramente en hormigón armado y hormigón pretensado de alta resistencia, con losas sostenidas en todo el perímetro por tirantes externos. Esto colocó la construcción en un nivel técnico inusual para la época.
Por qué la ingeniería de las Torres Colón llamó tanto la atención
La obra llamó la atención porque necesitó responder a un problema urbano, estructural y funcional al mismo tiempo. El edificio necesitaba adaptarse al terreno, cumplir con las exigencias municipales y aún mantener una fuerte verticalidad en el centro de Madrid. La solución encontrada no fue solo funcional, sino también simbólica, ya que las torres se convirtieron en un ícono precisamente por parecer contradecir la lógica tradicional de la ingeniería.
El impacto fue tal que, según el relato presentado, las Torres Colón fueron consideradas el “edificio tecnológicamente más avanzado en construcción hasta 1975” en el Congreso Mundial de Arquitectura y Obras Públicas. Esto ayuda a explicar por qué el proyecto es recordado como una experiencia pionera en arquitectura suspendida, incluso en un escenario en el que estructuras suspendidas ya existían, especialmente en puentes.
La obra pasó por interrupción, cambio de uso y transformaciones estéticas
La construcción de las Torres Colón comenzó en 1967, pero fue interrumpida en 1970 por la Cámara Municipal de Madrid por razones descritas por el arquitecto como ligadas a intereses políticos. El impasse generó procesos judiciales y pago de indemnización, abriendo camino para un cambio importante en el destino del edificio.
Inicialmente pensado para albergar residencias de lujo, el proyecto pasó a tener uso de oficinas. La obra fue retomada y concluida en 1976, ya en un contexto diferente al imaginado al principio. También a lo largo de este proceso el emprendimiento cambió de nombre, pasando de Torres de Jerez a asumir el nombre Torres Colón a medida que la construcción avanzaba a principios de la década de 1970 bajo la responsabilidad de la constructora Osinalde.
Qué cambió en la práctica con la fachada y la famosa corona del edificio

Con el avance de la obra, la estética original también pasó por alteraciones. La constructora adoptó un revestimiento externo acristalado para evitar el revoque, creando una capa doble que mejoró la habitabilidad, el desempeño térmico y acústico y el control energético del edificio.
Otro elemento destacado fue la estructura ornamental en la cima, popularmente conocida como “el tapón”. Aunque se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de las Torres Colón, cumplía una función ligada a la suspensión de una escalera de incendios posterior y de pasarelas de evacuación exigidas por normas municipales a finales de la década de 1980. Lo que se presentó como solución temporal acabó permaneciendo por décadas y pasó a distorsionar, según Carlos Lamela, la visión original de Antonio Lamela.
Una promesa antigua que aún deja el futuro en abierto
Incluso décadas después de la conclusión de la obra, el edificio sigue rodeado por discusiones sobre reforma. Antonio Lamela dejó un último deseo para una posible intervención futura, en un proyecto póstumo que tiene aprobación de la Cámara Municipal de Madrid, pero aún no posee fecha definida para salir del papel.
Esta indefinición mantiene abierto un nuevo capítulo para un edificio que ya nació fuera de lo común. Las Torres Colón siguen llamando la atención no solo por la construcción invertida, sino también por llevar una historia de interrupciones, cambios de uso, adaptaciones estéticas y debates sobre cómo preservar o recuperar la concepción original.
¿Por qué las Torres Colón siguen siendo un símbolo de audacia arquitectónica?
Las Torres Colón no son recordadas solo por su altura o por su ubicación central en Madrid. Lo que las mantiene relevantes es cómo lograron transformar un problema de terreno, legislación y diseño urbano en una de las soluciones estructurales más inusuales de su tiempo.
Al unir construcción de arriba hacia abajo, hormigón pretensado, tirantes externos y una configuración suspendida para dos edificios, el proyecto superó la condición de obra curiosa y se convirtió en referencia arquitectónica.
La influencia de Antonio Lamela sobre otros nombres de la arquitectura, como Norman Foster, refuerza aún más el peso histórico de una obra que sigue despertando curiosidad casi medio siglo después de su finalización.
¿Tendrías el valor de vivir o trabajar en un edificio construido de arriba hacia abajo como las Torres Colón?

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