Mientras Lula debe enfocarse en el multilateralismo y el clima, Trump debe reforzar intereses individuales, profundizando la división entre Brasil y EE. UU., apunta especialista a CNN.
La 80ª Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), iniciada este martes (23) en Nueva York, expone un escenario de profunda división global. El evento está marcado por una “>evidente ruptura” en las relaciones entre Brasil y EE. UU., cuyos líderes, los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Donald Trump, deben presentar discursos con visiones del mundo diametralmente opuestas.
En entrevista a la CNN, la Doctora en Derecho Internacional, Priscila Caneparo, analizó que esta distancia refleja una reorganización del ajedrez geopolítico. La expectativa, según la especialista, es que el debate en la ONU no sirva para unir, sino para demarcar las posiciones antagónicas de las dos economías más grandes del continente americano, en un momento de creciente complejidad internacional.
El enfrentamiento de visiones: multilateralismo vs. intereses individuales
El análisis de expertos, repercutido por la CNN, indica que el discurso de apertura de Brasil, tradicionalmente el primero en hablar en la Asamblea, debe enfocarse intensamente en la defensa del multilateralismo. Se espera que Lula refuerce la necesidad de cooperación internacional para enfrentar desafíos complejos, como la desigualdad social, el hambre y la pobreza, que son temas históricos de la diplomacia brasileña. La postura brasileña debe defender soluciones colectivas para problemas globales.
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Por el contrario, la expectativa para el pronunciamiento de Donald Trump es la adopción de una postura más centrada en los intereses individuales de Estados Unidos. Priscila Caneparo explicó a la CNN que este enfoque, a menudo descrito como unilateralista, tiende a priorizar la soberanía nacional en detrimento de acuerdos globales. Esta postura crea un choque directo con la propuesta brasileña de mayor integración y gobernanza global compartida.
Este antagonismo entre Brasil y EE. UU. no es solo retórico; tiene implicaciones prácticas. La divergencia afecta la forma en que el mundo busca soluciones para crisis migratorias e incluso la regulación de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, que también están en la agenda de debates de la 80ª Asamblea. Donde Brasil busca consenso, EE. UU. puede buscar ventaja competitiva.
Clima, Palestina y BRICS: los puntos de fricción
Uno de los puntos centrales de la agenda brasileña es la crisis climática. Brasil busca capitalizar su posición de anfitrión de la COP30, que se llevará a cabo en Belém (PA), para posicionarse como líder global en la transición energética y la protección ambiental. Este es un tema donde la distancia con la administración de EE. UU. puede ser significativa, dependiendo de la prioridad que Trump dé a los temas de combustibles fósiles en detrimento de los acuerdos climáticos.
Además del clima, otros temas deben evidenciar la división. La situación en Palestina cobrará protagonismo, especialmente tras el reciente reconocimiento del Estado palestino por diversas naciones, un movimiento históricamente apoyado por Brasil, pero que encuentra una fuerte resistencia por parte de EE. UU. La especialista consultada por la CNN también mencionó que la expansión de los BRICS (bloque que incluye Brasil) y los debates sobre la desdolarización de la economía global son otros vectores que aumentan la tensión geopolítica y alejan las posiciones entre Brasil y EE. UU..
La ONU en crisis: fragilidad institucional amenaza acción global
La 80ª Asamblea General ocurre en un momento de cuestionamiento profundo sobre la propia eficacia de la ONU. La organización, según Caneparo, enfrenta una crisis de credibilidad. Como se detalla a la CNN, esta fragilidad es alimentada por dos factores principales: la estructura obsoleta del Consejo de Seguridad y los ataques constantes al multilateralismo por parte de gobiernos de derecha extrema.
El Consejo de Seguridad, principal órgano de decisión de la ONU, aún refleja el equilibrio de poder del pós-Segunda Guerra Mundial, sin incorporar potencias emergentes (como Brasil, India y Sudáfrica). Esta falta de representatividad, combinada con el poder de veto de las naciones permanentes, a menudo paraliza a la organización frente a grandes conflictos, minando su capacidad de acción.
Paralelamente, la especialista citada por la CNN señala que el escepticismo respecto a la cooperación internacional ha crecido, debilitando la institución. A pesar de las críticas estructurales, Caneparo enfatiza que la ONU mantiene su relevancia a través de sus diversas agencias y órganos técnicos, que continúan produciendo resultados prácticos para el desarrollo global. Sin embargo, la necesidad de una reforma estructural es urgente para que la organización se adapte a los desafíos contemporáneos.
Este escenario de ruptura entre Brasil y EE. UU. en la ONU señala una profunda reorganización de las alianzas globales. Ante estas visiones opuestas, ¿cómo evalúas el posicionamiento brasileño? ¿Brasil debe priorizar alianzas tradicionales o enfocarse en la expansión de bloques como los BRICS? Deja tu opinión en los comentarios, queremos entender tu perspectiva sobre este nuevo momento de la diplomacia.

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