Las marcas de mordida en hueso del pie ayudan a los científicos a entender cómo los tiranosaurios aprovechaban los cadáveres hace más de 75 millones de años
Un hueso fosilizado encontrado en Montana, Estados Unidos, reveló un comportamiento poco recordado cuando se habla de tiranosaurios. El análisis indica que un tiranosaurio menor se alimentó del cadáver de un pariente mucho mayor, royendo hasta una región con poca carne.
El descubrimiento refuerza la idea de que estos grandes depredadores del Cretácico no dependían solo de la caza activa. También podían actuar como necrófagos oportunistas, aprovechando restos de animales muertos cuando había alimento disponible.
El estudio llama la atención porque las marcas aparecen en un metatarso, hueso del pie, una parte poco atractiva si el cadáver aún estuviera fresco. Esto sugiere que el animal llegó a los restos en una fase avanzada de descomposición, cuando buena parte de la carne ya había sido consumida.
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La investigación fue realizada por Josephine Nielsen, de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, y publicada en la revista científica Evolving Earth en enero de 2026.
Las marcas de mordida muestran que el hueso fue roído después de la muerte del animal
El fósil analizado presenta 16 marcas de mordida distribuidas en un hueso del pie de un tiranosaurio de gran tamaño. La ausencia de señales de cicatrización fue uno de los puntos centrales del análisis, porque indica que las mordidas ocurrieron después de la muerte del animal.

En paleontología, este detalle marca la diferencia. Cuando un hueso sufre daño mientras el animal aún está vivo, puede haber una reacción biológica y señales de recuperación. Como esto no apareció en el fósil, la hipótesis más fuerte es que el tiranosaurio menor se estaba alimentando de un cadáver.
La ubicación de las mordidas también refuerza esta interpretación. El pie tiene poca carne en comparación con otras partes del cuerpo, como la cola, las patas y el tronco. Por ello, roer esta región puede indicar una fase final de aprovechamiento, cuando el alimento más fácil ya había desaparecido.
Esta lectura transforma el fósil en una especie de registro congelado de comportamiento. No se trata solo de saber que un animal mordió a otro, sino de entender en qué contexto ocurrió la mordida y qué revela esto sobre la ecología de los dinosaurios.
Los tiranosaurios no eran solo cazadores y podían aprovechar cualquier fuente de alimento
La imagen popular de los tiranosaurios suele asociar a estos animales con depredadores dominantes, siempre cazando grandes presas. El nuevo descubrimiento no elimina este papel, pero muestra un lado más práctico de la supervivencia en el Cretácico.
Grandes carnívoros modernos también pueden alternar entre caza y carroña. Leones, hienas, cocodrilos y otros depredadores aprovechan los restos cuando surge la oportunidad. Con los tiranosaurios, el comportamiento pudo haber seguido una lógica similar.
El estudio indica que estos animales no desperdiciaban recursos, ni siquiera cuando solo quedaban huesos duros y poca carne. En un ambiente competitivo, cualquier fuente de energía podría ser importante.
Este punto ayuda a que el descubrimiento sea relevante. No solo muestra un episodio aislado, sino que contribuye a entender cómo los tiranosáuridos disputaban el alimento, ocupaban la cima de la cadena alimentaria y sobrevivían en ecosistemas llenos de otros grandes animales.
El descubrimiento no confirma una comida de T. rex y apunta a un pariente mayor
Un detalle importante es que el descubrimiento involucra a tiranosaurios, pero no confirma que el cadáver fuera de un Tyrannosaurus rex. El fósil tiene más de 75 millones de años, mientras que el T. rex clásico vivió más tarde, cerca del final del Cretácico.
Por ello, la lectura más precisa es que un tiranosáurido menor se alimentó de un pariente mayor, posiblemente de un taxón cercano o del mismo grupo. Esta diferencia evita confusiones entre el famoso T. rex y otros miembros del linaje de los tiranosaurios.
Aun así, el descubrimiento es relevante para entender el comportamiento del grupo en su conjunto. Los tiranosáuridos incluían animales de diferentes tamaños y formas, muchos de ellos también adaptados a morder con fuerza y explorar carne, huesos y restos de presas.
El análisis del espaciado y la forma de las marcas sugiere que el animal responsable de las mordidas era menor que el dueño del hueso. El patrón no parece aleatorio, sino compatible con dientes de un tiranosaurio menor royendo un cadáver de gran tamaño.
La tecnología 3D ayudó a transformar un pequeño fósil en prueba científica
El hueso analizado tiene unos 10 centímetros y fue encontrado en la Formación del Río Judith, en Montana. Esta región es conocida por preservar fósiles de un antiguo ecosistema del Cretácico, con registros importantes de dinosaurios y otros animales prehistóricos.
Como transportar el fósil original hasta Dinamarca sería arriesgado, la investigadora trabajó con una versión digital y una copia impresa en 3D. Esta estrategia permitió observar el material con precisión, sin poner la pieza original en peligro.
La tecnología ayudó a medir la profundidad, el ángulo y la posición de las marcas. Con esto, el análisis dejó de depender solo de la apariencia general del hueso y pasó a usar criterios más objetivos.
Este tipo de herramienta ha ganado espacio en la paleontología. Los modelos digitales permiten ampliar detalles, comparar marcas y compartir datos entre equipos sin mover fósiles raros o frágiles.
En el caso de este estudio, la técnica fue decisiva para sustentar la interpretación de que las mordidas fueron hechas por un tiranosaurio menor en una carcasa mayor. El resultado acerca la investigación paleontológica a un análisis forense, en el que pequeñas pistas ayudan a reconstruir una escena ocurrida hace millones de años.
Fósil amplía el debate sobre canibalismo y carroña entre dinosaurios
El descubrimiento también reaviva una antigua discusión sobre el canibalismo entre dinosaurios carnívoros. Cuando un animal se alimenta de un pariente cercano o del mismo grupo, el episodio puede interpretarse como consumo intraespecífico o, en un sentido más amplio, alimentación entre parientes evolutivos cercanos.
Sin embargo, el estudio no apunta a una lucha directa entre los dos animales. La ausencia de cicatrización y la posición de las marcas favorecen la hipótesis de consumo de carroña, no de ataque durante la vida.
Esta diferencia es esencial para no exagerar el descubrimiento. El fósil no prueba que los tiranosaurios cazaran parientes mayores regularmente, pero muestra que podían aprovechar sus restos cuando encontraban una carcasa disponible.
El hallazgo refuerza una visión menos romantizada de los dinosaurios. En lugar de monstruos siempre en combate, eran animales insertos en ecosistemas complejos, sujetos al hambre, la competencia, la oportunidad y la descomposición, como ocurre en la naturaleza actual.
La nueva lectura también muestra cómo fósiles pequeños pueden responder preguntas grandes. Un único hueso del pie, marcado por mordidas, ayudó a revelar cómo los depredadores gigantes lidiaban con el alimento escaso y los restos dejados atrás.
Al final, el descubrimiento provoca una pregunta incómoda para quien creció viendo a los tiranosaurios solo como cazadores implacables. ¿Eran reyes de la caza o supervivientes oportunistas que comían hasta los últimos restos cuando lo necesitaban? Deja tu comentario y dinos si este descubrimiento cambia la forma en que imaginas a estos depredadores prehistóricos.

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