En Monteiro Lobato, Bernardo y Bruno tardaron casi dos años en construir solos una residencia hecha de bambú, tierra y materiales reutilizados, en medio de la naturaleza
En medio de la Serra da Mantiqueira, entre ríos y vegetación densa, dos hermanos decidieron transformar un terreno virgen en un proyecto de vida. Bernardo y Bruno, bioconstructores autodidactas, levantaron con sus propias manos una casa hecha mayoritariamente de bambú y tierra — un proceso que llevó casi dos años y que hoy resulta en uno de los espacios más buscados de la región de Monteiro Lobato, en el interior de São Paulo.
La historia comenzó desde cero. Cuando los hermanos llegaron al terreno, no había energía eléctrica, infraestructura o cualquier estructura previa. Ante este escenario, decidieron que toda la construcción seguiría principios de sostenibilidad, reutilización y bajo impacto ambiental. La información sobre el proceso completo de construcción fue divulgada por el canal Entre Pra Morar, en YouTube, en un reportaje publicado el día 23 de agosto de 2024.
La elección del bambú y los desafíos de levantar una estructura natural

El primer gran desafío del proyecto fue la selección del material principal: el bambú. Según los hermanos, no se trataba de cualquier variedad. Optaron por un tipo específico, conocido como bambú de bosque — diferente del bambú de macolla, más común en construcciones improvisadas. Para dar inicio a la obra, se seleccionaron, una a una, 100 varas de cinco metros de longitud, todas traídas para secar y pasar por tratamiento antes del montaje de la estructura.
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Solo esta etapa inicial, de selección y preparación del bambú, consumió cerca de tres meses de trabajo. Luego, vinieron las etapas de cierre de las paredes, hechas con la técnica de bahareque — método tradicional que combina estructura de madera o bambú con barro. En total, considerando retrasos causados por la pandemia, la obra completa llevó aproximadamente dos años para ser concluida.
Sin embargo, el uso del bambú como material estructural exige cuidados específicos. De acuerdo con Bernardo y Bruno, la planta es resistente, pero delicada: puede agrietarse con naturalidad, lo que exige refuerzos con abrazaderas — práctica común en la mayoría de las construcciones de este tipo. Además, el bambú no puede quedar expuesto a ciclos constantes de lluvia y sol sin protección adecuada, lo que hizo necesario proyectar un techo más amplio, capaz de evitar la incidencia directa del agua sobre la estructura.
Para garantizar la durabilidad del material, los hermanos también realizaron un proceso de tratamiento por inmersión. En una fosa revestida con lona, el bambú ya seco fue sumergido en una solución diluida de sulfato de cobre y ácido bórico, en la proporción de 1 a 100, por un período de siete a diez días. Este proceso hace que el bambú reemplace su savia natural —atractiva para insectos— por componentes minerales, volviéndose menos vulnerable a plagas. Según los bioconstructores, esta etapa es lo que garantiza la longevidad de la estructura a lo largo de los años.
Una casa suspendida, sostenible y construida con materiales reutilizados

Otra decisión importante del proyecto fue erigir la casa suspendida del suelo. La elección tiene explicación técnica: la región, situada entre dos ríos, presenta humedad elevada constante. Por este motivo, los hermanos optaron por elevar la estructura —35 centímetros en la parte trasera y más de un metro en la parte frontal— utilizando madera de demolición para componer el piso y el cimiento, la base que sostiene las paredes.
Esta elección trajo beneficios además de la protección contra la humedad. Según los bioconstructores, mantener la casa suspendida también ayuda a evitar la entrada de animales como serpientes y arañas, comunes en áreas rurales como la Serra da Mantiqueira. Aun así, el beneficio va más allá de la seguridad: la estructura elevada preserva la permeabilidad total del suelo, contribuyendo al equilibrio ambiental del entorno. Desde el punto de vista térmico, el resultado también es positivo —en verano, el espacio se mantiene más fresco; en invierno, más cálido.
El techo, por su parte, fue hecho con placas recicladas de envases larga vida, proporcionadas por una empresa especializada. Ligero, resistente y con buen rendimiento térmico y acústico, el material redujo significativamente el costo de la obra, ya que permite un mayor espaciamiento entre las vigas de madera —de hasta un metro de distancia entre ellas.
En este sentido, la búsqueda de sostenibilidad no se limitó al bambú y a la estructura general. Prácticamente todos los elementos internos de la residencia tienen origen en reutilización: puertas y ventanas fueron adquiridas a través de grupos de donación en línea y marketplaces de redes sociales; piezas de hierro vinieron de chatarrerías; e incluso electrodomésticos, como estufa y refrigerador, fueron conseguidos por donación. El sistema de tratamiento de aguas residuales también sigue una lógica ecológica, con el uso de círculo de bananeras y balsa de evapotranspiración —métodos naturales de tratamiento de aguas residuales. El abastecimiento de agua de la propiedad proviene directamente de un manantial local.
Identidad, reutilización de bambú y planes futuros para el espacio Entre Ríos
Pasado el período intenso de construcción, los hermanos iniciaron una nueva fase: dar identidad a la casa. Cerca de un año después de la mudanza, pequeños ajustes comenzaron a moldear el espacio de forma más personal y funcional. Uno de los destaques de este proceso fue la reutilización creativa de los restos de bambú de la obra, transformados en macetas, encimera, perchero y otros elementos de decoración artesanal.
Además, los detalles estéticos internos también incorporan soluciones sostenibles. Para cubrir paredes hechas parcialmente con ladrillo — usado estratégicamente en áreas que reciben tuberías, como cocina y baño —, los hermanos crearon una pintura de tierra natural, producida con cola, agua y tierra tamizada. El resultado, según ellos, es prácticamente indistinguible del resto del enlucido de barro, hecho con cal virgen hidratada, agua, tierra y arena.
Por otro lado, la casa también guarda planes para el futuro. Ya está en construcción un altillo, pensado desde el inicio del proyecto para ampliar el espacio de convivencia. También está prevista, para los próximos días, la construcción de un domo geodésico — otra estructura suspendida por el mismo motivo de la casa principal: la presencia constante de humedad en la región.
La propiedad, bautizada como espacio Entre Ríos, suma 62 mil metros cuadrados. Aunque el objetivo inicial era crear vivienda para los propios hermanos y un espacio para recibir amigos, voluntarios, cursos y eventos culturales, el lugar también pasó a operar como hospedaje de corta duración a través de plataformas de alquiler. Según Bernardo y Bruno, la demanda de hospedaje en la región ha crecido, especialmente entre visitantes de São Paulo en busca de descanso — lo que abrió espacio para la construcción de nuevos chalés en el terreno, ampliando la fuente de ingresos y viabilizando otros proyectos futuros.
Aun así, el propósito cultural permanece central en el proyecto. Los hermanos pretenden seguir promoviendo eventos y actividades educativas en la región, además de ofrecer orientación gratuita para quienes desean emprender en bioconstrucción. Según ellos, este intercambio de conocimiento técnico — bautizado por ellos como «democratización del conocimiento» — es parte esencial de la misión detrás del espacio Entre Ríos.
Historias como la de Bernardo y Bruno refuerzan un movimiento creciente en Brasil: el de personas que buscan alternativas más sostenibles de vivienda, uniendo técnicas tradicionales, materiales naturales y reutilización consciente. Por lo tanto, más que una simple residencia, la casa de bambú y tierra erigida en la Serra da Mantiqueira se consolida como símbolo de un estilo de vida que prioriza simplicidad, conexión con la naturaleza y responsabilidad ambiental — demostrando que es posible construir un hogar funcional, bonito y ecológicamente equilibrado con paciencia, creatividad y pocos recursos.
