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Imágenes satelitales revelan en América del Sur un sistema con 76 trampas antiguas y casi 800 asentamientos, mostrando que grupos humanos ocuparon altitudes extremas durante mucho más tiempo de lo que se pensaba.

Escrito por Noel Budeguer
Publicado el 16/04/2026 a las 01:31
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Arqueólogo de la Universidad de Exeter localizó 76 chacus en el río Camarones, en el norte de Chile, para revelar una red antigua de captura, movilidad y ocupación humana en altitud

Un descubrimiento a gran escala en el norte de Chile sacó a la luz un sistema antiguo que permaneció oculto durante siglos en plena paisaje andino. En la región de Arica y Parinacota, un conjunto de 76 chacus fue identificado en la cuenca del río Camarones y comenzó a llamar la atención por su dimensión, técnica e impacto histórico.

El hallazgo muestra que grupos humanos organizaron estructuras monumentales en áreas extremas de altitud para llevar a cabo capturas colectivas de manera eficiente. Más que una curiosidad arqueológica, este conjunto ayuda a recontar cómo las comunidades antiguas vivieron, circularon y aseguraron recursos en un territorio difícil.

La revelación también cambia la forma en que se percibe la ocupación del altiplano chileno. En lugar de una presencia rara o pasajera, lo que surge es un escenario de permanencia, adaptación y planificación a lo largo de muchos siglos.

Muros de piedra de 1,5 metros de altura y hasta 150 metros creaban un embudo de captura

Los chacus tenían forma de V y estaban construidos con muros de piedra seca posicionados para funcionar como un corredor. La estructura conducía grupos en movimiento hasta un recinto circular en el punto final, donde la fuga se volvía mucho más difícil.

En promedio, los muros alcanzaban 1,5 metros de altura y alrededor de 150 metros de longitud. En la etapa final del recorrido, el sistema terminaba en un espacio cercado con pozos de aproximadamente 2 metros de profundidad, lo que reforzaba el efecto de retención.

La ingeniería impresiona porque no dependía solo de la construcción en sí. El diseño aprovechaba el relieve, las pendientes y la circulación natural en áreas abiertas. Así, todo el paisaje se transformaba en una herramienta de captura colectiva, con una lógica simple y al mismo tiempo sofisticada.

Imágenes de satélite y registro en campo muestran estructuras circulares de piedra en la cuenca de Camarones, en América del Sur, identificadas como parte de un antiguo sistema de captura colectiva en áreas de altitud extrema.

Área de 4.600 km² reveló casi 800 pequeños asentamientos ligados al sistema

La investigación cubrió alrededor de 4.600 km² en la cuenca del Camarones y concentró el análisis en áreas altas de la cordillera. El uso de imágenes de satélite permitió mapear no solo las trampas, sino también una amplia distribución de vestigios de presencia humana asociados a este modo de ocupación.

Junto a las estructuras principales, aparecieron cerca de 800 pequeños asentamientos esparcidos por el territorio. Estos puntos sugieren permanencias temporales, desplazamientos planificados y aprovechamiento continuo de áreas estratégicas para abastecimiento y circulación.

Este panorama amplía el alcance del descubrimiento. No se trata de estructuras aisladas en un ambiente remoto. Lo que se dibuja es una red organizada, con puntos de apoyo, áreas de uso recurrente y conexiones entre diferentes zonas del altiplano.

La lectura del territorio cambia de escala cuando las trampas son observadas junto a estos asentamientos. El espacio pasa a ser entendido como un paisaje activo, moldeado por grupos humanos que sabían exactamente dónde quedarse, cuándo moverse y cómo usar el ambiente a su favor.

La práctica comenzó en 6000 a.C. y avanzó hasta el siglo XVIII

La cronología asociada a los chacus ayuda a explicar por qué el hallazgo ganó destaque internacional. Las evidencias apuntan a prácticas que comienzan al menos en 6000 a.C. y siguen hasta el siglo XVIII, mostrando una continuidad mucho mayor de lo que se había estimado durante años para áreas de gran altitud.

Esto altera una visión tradicional sobre el norte chileno. En lugar de imaginar un abandono precoz de las zonas más hostiles, el descubrimiento sugiere una ocupación persistente, con grupos humanos manteniendo estrategias propias de supervivencia incluso a lo largo de transformaciones sociales y económicas.

De acuerdo con Antiquity, revista académica internacional especializada en arqueología, la concentración encontrada en Camarones es una de las más expresivas ya documentadas en el contexto andino y refuerza la convivencia entre prácticas de recolección, captura y formas agropastorales en un mismo espacio.

Este punto es decisivo porque muestra superposición de modos de vida. El paisaje no fue utilizado de una única manera en una única fase. Sostuvo experiencias diferentes a lo largo del tiempo, con permanencia humana en un ambiente que exigía conocimiento preciso del terreno.

Vegetación en la Cuenca de Camarones durante las estaciones húmeda y seca, con base en el análisis de la vegetación sobre el suelo mediante el índice de vegetación MSAVI en imágenes acumuladas del Sentinel 2 entre 2018 y 2021 (10 metros por píxel). En rojo aparece la vegetación disponible tanto en la estación seca como en la húmeda, mientras que en verde aparece la vegetación que solo queda disponible después del período de lluvias en los Andes, entre marzo y abril.

Estructuras gigantes garantizaban alimento, materia prima y control del territorio

La función de estas trampas estaba ligada a la obtención de recursos esenciales para comunidades andinas antiguas. La captura colectiva ofrecía acceso a alimentación, materia prima para vestimentas e insumos valiosos en un contexto de supervivencia en altitud.

Esto ayuda a entender por qué la construcción era tan robusta. Levantar muros largos, organizar recintos finales y elegir puntos de paso en áreas elevadas exigía esfuerzo colectivo y conocimiento acumulado. El retorno compensaba porque la operación permitía ganancia en escala.

La importancia de estas prácticas también aparece en el arte rupestre local. Las representaciones sugieren acciones colectivas y rituales asociados al proceso de captura, indicando que la actividad iba más allá de la utilidad inmediata. Formaba parte de la organización social y de la memoria cultural de estas comunidades.

Cuando este elemento simbólico se suma a la dimensión económica, el descubrimiento gana aún más fuerza. Los chacus dejan de ser solo ruinas antiguas y pasan a ser evidencia concreta de cómo técnica, trabajo y cultura se mezclaban en pleno altiplano.

Antes eran pocos ejemplos y ahora el número salta a 76

Hasta hace poco, este tipo de estructura era conocido en número muy reducido en los Andes. Con la documentación de 76 trampas en una única cuenca, la escala del fenómeno cambia de forma contundente y obliga a los investigadores a revisar estimaciones anteriores.

Aún hay señales de que nuevas estructuras pueden existir más al sur, lo que amplía el potencial de futuras investigaciones. Incluso sin transformar toda indicación en un conteo definitivo, el escenario ya es suficiente para mostrar que esta tecnología fue mucho más difundida de lo que se pensaba.

La comparación con trampas antiguas de otras regiones áridas del planeta surge con naturalidad por causa de la forma en embudo y de la lógica de conducción colectiva. Aún así, el conjunto documentado en Chile tiene características propias y gana destaque por su singularidad en América del Sur.

Esta diferencia pesa en el debate arqueológico porque muestra que grandes soluciones de ingeniería para captura en masa no quedaron restringidas a otras partes del mundo. También formaron parte de la historia andina en una escala ahora mucho más visible.

Sentinel 2 y Google Earth expusieron un paisaje antiguo que estuvo escondido por siglos

La identificación de los chacus solo fue posible con el apoyo de herramientas modernas de observación de la superficie. Imágenes del Sentinel 2 y del Google Earth ayudaron a localizar marcas discretas en un territorio amplio, seco y difícil de recorrer por métodos tradicionales.

Este uso de la tecnología muestra cómo la arqueología actual puede releer paisajes enteros con otra precisión. Lo que antes parecía solo relieve natural pasa a revelar líneas, recintos y conexiones que indican planificación humana a gran escala.

El resultado va más allá del descubrimiento visual. Las estructuras confirman que poblaciones antiguas desarrollaron soluciones complejas para vivir en altitud, organizar desplazamientos y garantizar recursos de manera colectiva. Esto refuerza la capacidad técnica de esos grupos y amplía el peso histórico de la región.

Al final, la cuenca de los Camarones deja de ser solo un espacio remoto de la cordillera chilena y pasa a ser vista como un territorio de alta densidad histórica. Cuando 76 trampas gigantes reaparecen con ayuda de satélites, el pasado cambia de tamaño y reposiciona América Latina.

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Noel Budeguer

Sou jornalista argentino baseado no Rio de Janeiro, com foco em energia e geopolítica, além de tecnologia e assuntos militares. Produzo análises e reportagens com linguagem acessível, dados, contexto e visão estratégica sobre os movimentos que impactam o Brasil e o mundo. 📩 Contato: noelbudeguer@gmail.com

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