La trayectoria de Gabriel Fernandes Mello Ferreira muestra cómo una investigación escolar en Itajaí se convirtió en una solución ambiental contra partículas invisibles en el agua, ganó repercusión internacional y acercó la ciencia joven, el saneamiento básico y la innovación brasileña.
Un estudiante brasileño de Itajaí, en Santa Catarina, transformó una preocupación cada vez más presente en la ciencia en un proyecto de impacto: un filtro capaz de retener microplásticos en estaciones de tratamiento de agua. El nombre detrás de la idea es Gabriel Fernandes Mello Ferreira, quien comenzó la investigación aún en el Colegio São José y ganó proyección nacional e internacional.
El dato que llama la atención está en el propio tamaño de la solución. Según el material técnico presentado en el Stockholm Junior Water Prize, el prototipo fue hecho con materiales simples, como tubos de PVC, recipiente plástico, malla de nylon de 300 µm y bombas de acuario, con un costo aproximado de R$ 450.
Más tarde, el joven también apareció como becario ligado al programa Líderes Estudar, de la Fundación Estudar, y estudiante de la New York University Shanghai, en China. Una trayectoria que comenzó en una feria científica y entró en un debate mucho mayor: cómo mejorar la calidad del agua ante la contaminación por residuos plásticos.
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La idea nació en Itajaí y apuntó a un problema que pasa desapercibido

El proyecto de Gabriel recibió el nombre de “Desarrollo de un mecanismo de retención de microplásticos en Estaciones de Tratamiento de Agua”. De acuerdo con el Colegio São José, la investigación fue desarrollada con orientación de la profesora Fernanda Poleza y tenía como foco un punto sensible del saneamiento: la ausencia de una etapa específica para capturar microplásticos en muchas estaciones convencionales.
La propuesta no era crear un filtro doméstico. El objetivo era pensar en una estructura adaptable a las ETAs, las Estaciones de Tratamiento de Agua, donde grandes volúmenes pasan por procesos de eliminación de impurezas antes de llegar a la población.
En el estudio técnico del proyecto, Gabriel partió de una característica común de estas partículas: muchas de ellas tienden a permanecer en la superficie del agua por tener menor densidad. A partir de esto, el mecanismo fue diseñado para capturar esa capa superficial y conducirla a una estructura con malla de nylon.
Tubos, malla y bombas se convirtieron en una solución de bajo costo
El funcionamiento presentado por Gabriel es directo. Un tipo de skimmer capta el agua superficial, lleva el flujo por tubos y dirige el líquido a un cilindro plástico con fondo de malla. El agua pasa, mientras las partículas quedan retenidas.
Según el informe del Stockholm Junior Water Prize, la versión de prueba costó cerca de R$ 450. La estimación para una versión a escala real rondaba los R$ 500, valor que ayuda a explicar por qué el proyecto llamó la atención.
El punto estudiado para la instalación fue una canaleta entre el decantador y el filtro en la Estación de Tratamiento São Roque, en Itajaí. La ubicación fue elegida porque estaría después de la remoción de partículas mayores, reduciendo el riesgo de obstrucción, y permitiría filtrar la superficie del agua sin exigir grandes alteraciones en la estructura de la ETA.
Pruebas mostraron alta retención, pero hay diferencia entre los números divulgados

Durante la pandemia, Gabriel no pudo realizar la primera etapa directamente en la estación. Por eso, simuló las condiciones a escala reducida, usando un acuario y bombas con diferentes caudales.
El material técnico señala que el aumento del flujo de agua mejoró la retención y que casi todas las micropartículas iguales o mayores a 300 µm quedaron atrapadas en la malla. Por su parte, el Colegio São José citó una eficiencia del 80% en una publicación sobre el proyecto.
Reportajes posteriores llegaron a mencionar un desempeño de hasta el 100%, pero el camino editorial más seguro es decir que el filtro mostró alta eficiencia en simulaciones. El propio contraste entre los números muestra cómo la invención salió del ambiente escolar para una discusión técnica más amplia.
De feria científica a premio internacional
Antes de ganar proyección fuera de Brasil, Gabriel ya había sido premiado en la FEBRACE 2021, la Feria Brasileña de Ciencias e Ingeniería. La institución informó que esa edición reunió 345 proyectos finalistas, 716 estudiantes, 482 profesores orientadores y 295 escuelas de todos los estados y del Distrito Federal.
El proyecto conquistó el 3º lugar en Ingeniería y destacó a Santa Catarina. El Colegio São José también informó que la investigación quedó entre las finalistas para representar a Brasil en el Premio Joven del Agua de Estocolmo.
En 2021, Gabriel representó al país en el Stockholm Junior Water Prize, una competencia internacional dirigida a jóvenes de 15 a 20 años con proyectos relacionados con los desafíos del agua. La ganadora principal de ese año fue Eshani Jha, de los Estados Unidos, pero Gabriel ganó el People’s Choice Award.
Según la Stockholm Water Foundation, más de 55 mil personas participaron en la votación popular. Fuentes brasileñas indican que el proyecto de Gabriel recibió más de 26 mil votos, asegurando la victoria en esa categoría.

Invención fue ligada al abastecimiento de Itajaí y Navegantes
El impacto regional también entró en la historia. Reportajes brasileños, incluyendo Só Notícia Boa y Portal 49, señalaron que el sistema fue adoptado o anunciado para una estación responsable de cerca del 70% del abastecimiento de Itajaí y Navegantes, en Santa Catarina.
Este punto exige cautela. La investigación enviada no trajo una confirmación reciente y oficial del Semasa sobre el funcionamiento actual del filtro en 2025 o 2026. Por eso, la forma más precisa es afirmar que la tecnología fue anunciada en reportajes como aplicada o ligada a la ETA de la región.
La conexión con empresas del sector también apareció en una publicación de Águas de São Francisco do Sul, asociada a Aegea SC. La nota afirma que Gabriel y la profesora Fernanda Poleza hicieron una visita técnica a empresas del grupo, en un momento en que el proyecto pasaba por un proceso de patentamiento y había intención de producción a escala industrial.
Del agua de Santa Catarina a la universidad en China
El capítulo más reciente de la trayectoria amplía la historia. La Fundación Estudar lista a Gabriel Fernandes Mello Ferreira entre los Fellows Estudar de 2024, ligado a la New York University Shanghai. El perfil del Millennium Fellowship 2025 lo presenta como estudiante de Computer Systems Engineering en la universidad e investigador brasileño.
La página también afirma que él desarrolló, a los 16 años, el primer filtro de microplásticos para plantas de tratamiento de agua. Hoy, su nuevo proyecto citado en el Millennium Fellowship se llama “Unequal Heat: Temperature in Rio’s Favelas” y trata de islas de calor urbanas, desigualdad socioambiental y soluciones como techos verdes y techos fríos.
La Stockholm Water Foundation publicó además que Gabriel continuó dando conferencias sobre microplásticos, habló con más de 600 estudiantes y trabajó con Xylem en el desarrollo del prototipo creado para la competencia.
El caso va más allá de una invención escolar
El tema crece porque los microplásticos ya son una preocupación global. La Organización Mundial de la Salud tiene un informe específico sobre microplásticos en el agua potable, evaluando presencia en el ciclo del agua, procesos de tratamiento y posibles impactos en la salud.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que entre 19 y 23 millones de toneladas de residuos plásticos llegan todos los años a ecosistemas acuáticos, contaminando lagos, ríos y mares.
En este escenario, el caso de Gabriel no es solo la historia de un estudiante premiado. Es el retrato de cómo una idea creada en la escuela, con materiales simples y bajo costo, puede abordar un problema ambiental invisible, acercar ciencia joven al saneamiento básico y mostrar que la innovación también puede nacer lejos de los grandes laboratorios.

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