En Maricá, en la Región de los Lagos de Río, la Laguna de Jacaroá comenzó a brillar de azul por la noche al menor movimiento del agua. Científicos de la UFF explican que la bioluminiscencia proviene de microalgas traídas del mar, mientras que la alcaldía atribuye el espectáculo a las obras de dragado que reconectaron la laguna con el océano.
Quien pasó por la orilla de la Laguna de Jacaroá, en Maricá, después del anochecer, juró haber visto magia. A cada remada, a cada ola golpeando la orilla, a cada pez cruzando el agua, la superficie de la laguna se encendía en un azul fluorescente, como si alguien hubiera derramado un pedazo de cielo estrellado dentro de ella. El fenómeno de la bioluminiscencia transformó la laguna de la Región de los Lagos, en Río de Janeiro, en un espectáculo nocturno que se viralizó en las redes y llevó a residentes y turistas a la orilla del agua solo para ver el brillo.
La parte más curiosa no es el brillo en sí, sino la disputa por explicar de dónde vino. Por un lado, los científicos dicen que se trata de un fenómeno natural, con microalgas traídas del océano. Por otro, la alcaldía atribuye buena parte del espectáculo a una obra de dragado reciente, que reconectó la laguna con el mar. Naturaleza y acción humana se cruzan en la misma agua que brilla, y entender ambos lados es lo que hace que la historia sea aún mejor.
El espectáculo: una laguna que se convirtió en cielo líquido

El agua de la Laguna de Jacaroá solo se enciende cuando es agitada, así que cada movimiento se convierte en un rastro luminoso. Remadores dejan un camino azul detrás de la canoa, los peces dibujan líneas de luz al nadar, y quien pasa la mano por la superficie ve su propia piel contorneada por un resplandor. Por la noche, con poca luz alrededor, el efecto es hipnótico.
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Fue este visual lo que hizo que el fenómeno explotara en las redes sociales. Videos y fotos de la bioluminiscencia recorrieron el país, y la laguna, antes solo otra postal de Maricá, se convirtió en un punto de peregrinación nocturna. El fenómeno es considerado rarísimo en lagunas brasileñas, más común en playas tropicales de lugares como Maldivas y Australia, lo que explica el frenesí de quienes nunca imaginaron ver algo así tan cerca de casa.
La buena noticia para los curiosos es que el espectáculo duró más de lo normal. La bioluminiscencia suele aparecer y desaparecer rápidamente, pero en Maricá persistió por un período más largo, dando tiempo para que mucha gente pudiera ver el brillo de cerca antes de que la caída de la temperatura amenazara con terminar la fiesta.
La ciencia: microalgas que se encienden al tacto
Detrás de la magia hay miles de millones de seres microscópicos. El brillo de la Laguna de Jacaroá es producido por microalgas llamadas dinoflagelados, que emiten luz cuando reciben un estímulo mecánico. Según el investigador de la UFF Alexander Ventura, gerente científico del Proyecto Lagoa Viva, citado por Codemar, el efecto es una reacción química de defensa del organismo.
«Lo que vemos es una reacción de defensa: las microalgas liberan una enzima que, al contacto con el oxígeno, produce esta luz azulada característica», explicó Ventura. En la práctica, la microalga se enciende para asustar a los depredadores, y cualquier agitación en el agua, ya sea una ola, un pez o una persona, dispara el destello azul. Es autodefensa convirtiéndose en arte.
El color no es coincidencia. De acuerdo con los científicos del proyecto, entre ellos la química Beatriz Gonçalves y el ingeniero ambiental Joel Júnior, ambos de la UFF, el azul predomina porque es la tonalidad que mejor se propaga en el agua, siendo más eficiente que otros colores de bioluminiscencia. Y, punto importante, estos dinoflagelados se multiplicaron en el océano abierto y fueron traídos al sistema lagunar de Maricá por las mareas y resacas, lo que refuerza la tesis de un fenómeno natural.
La acción humana: el dragado que reconectó la laguna al mar
Aquí es donde entra la versión del ayuntamiento. Para el municipio, el brillo de la Laguna de Jacaroá tiene motivos naturales, pero también de inversión. Desde febrero de 2025, el ayuntamiento de Maricá, a través de la autarquía Somar, ha estado realizando el dragado de los canales de la ciudad, removiendo basura, madera y lodo acumulados durante años en puntos como los canales de Guaratiba, Bambuí y Cordeirinho y la Laguna del Padre.
Este trabajo de dragado, según la prefectura de Maricá, mejoró la oxigenación de las lagunas y reabrió la conexión del sistema lagunar con el mar. Con los canales limpios y el intercambio de agua con el océano restablecido, la entrada de las microalgas marinas y el aumento de la salinidad habrían creado el ambiente perfecto para que el fenómeno ocurriera y durara más.
En otras palabras, la lectura oficial es la del efecto colateral feliz: la ciudad dragó los canales pensando en saneamiento y en evitar inundaciones, y terminó, de paso, ayudando a encender la laguna. Es el tipo de giro que nadie planea, en el que una obra de infraestructura termina entregando un espectáculo de luz.
¿Naturaleza u obra? La explicación que une los dos
La verdad es que las dos versiones no se anulan, se complementan. Los investigadores de la UFF son claros al decir que la bioluminiscencia es, en origen, un fenómeno natural, proveniente del mar, y Codemar llega a enfatizar que el brillo no indica, por sí solo, mejora ni empeoramiento de la calidad del agua. Es decir, ver la laguna encendida no significa automáticamente que se ha vuelto más limpia.
Por otro lado, es razonable que el dragado haya dado un impulso. Una laguna más conectada al océano intercambia más agua, recibe más organismos marinos y mantiene condiciones más estables, lo que ayuda a explicar por qué el fenómeno apareció ahora y duró semanas, y no solo una noche. La naturaleza trajo las microalgas, la obra abrió la puerta para ellas.
Este encuentro entre el azar de la naturaleza y la mano del poder público es justamente lo que hace de la Laguna de Jacaroá un caso especial. No es solo otra playa que brilla en el exterior, es un pedazo de Río de Janeiro donde una decisión de gestión urbana y un organismo microscópico del mar se encontraron para crear, sin planearlo, uno de los paisajes más bonitos que la Región de los Lagos ha visto.
La Laguna de Jacaroá mostró que incluso una obra de dragado puede terminar en poesía. La bioluminiscencia de las microalgas pintó de azul las noches de Maricá, encantó a medio Brasil por las redes y aún abrió un bonito debate entre la fuerza de la naturaleza y la acción del ayuntamiento, con ambos lados teniendo razón. Mientras el brillo dure, vale la pena la visita.
¿Y tú, te atreverías a ir a la orilla de la laguna por la noche para ver el agua encenderse en azul, o crees que este tipo de fenómeno es mejor admirarlo por la pantalla del celular? Cuéntanos en los comentarios.


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