Estudio de la NASA con Scott y Mark Kelly reveló cambios en telómeros, genes, inmunidad y cognición después de 340 días en la ISS.
En marzo de 2015, la NASA puso en práctica uno de los experimentos más importantes jamás realizados sobre los efectos del espacio en el cuerpo humano. El astronauta Scott Kelly pasó 340 días consecutivos a bordo de la Estación Espacial Internacional, mientras su hermano gemelo idéntico, Mark Kelly, permaneció en la Tierra como grupo de control. Los resultados integrados del llamado Twins Study fueron publicados en 2019 en la revista Science, transformando el experimento en una referencia de la medicina espacial moderna.
El punto central del estudio no fue probar una mutación definitiva del organismo humano, sino mostrar que la permanencia prolongada en el espacio produce cambios reales y medibles en procesos biológicos cruciales.
Según la NASA, hubo alteraciones en telómeros, expresión génica, inmunidad, microbioma intestinal y desempeño cognitivo, con parte de estas respuestas volviendo al patrón anterior después del aterrizaje y otra parte permaneciendo alterada por más tiempo.
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Scott Kelly en el espacio y Mark Kelly en la Tierra crearon uno de los controles biológicos más valiosos de la medicina espacial
La fuerza científica del experimento estuvo precisamente en la comparación entre dos hermanos con prácticamente el mismo material genético. De acuerdo con la NASA, este diseño permitió observar con mucha más precisión qué era efecto del ambiente espacial y qué podría ser solo variación biológica normal entre individuos diferentes.
El estudio reunió 10 equipos de investigación e integró análisis fisiológicos, moleculares y cognitivos en una única base de observación.

Este modelo elevó el Twins Study a un nivel raro dentro de la investigación biomédica aplicada al vuelo espacial. En lugar de medir solo efectos aislados, los investigadores pudieron comparar respuestas del cuerpo en múltiples niveles, desde la actividad de los genes hasta la cognición, usando un control biológico casi ideal.
Por eso, el experimento pasó a ser tratado como un hito para la planificación de misiones largas, especialmente aquellas dirigidas a la Luna y Marte.
Telómeros cambiaron en el espacio y derribaron explicaciones simplistas sobre envejecimiento fuera de la Tierra
Uno de los hallazgos más llamativos involucró los telómeros, estructuras que protegen los extremos de los cromosomas y suelen asociarse al envejecimiento celular.
Según la NASA, Scott Kelly presentó un cambio relevante en la dinámica de longitud de los telómeros durante el vuelo y también en los días inmediatamente posteriores al regreso. El dato sorprendió a los investigadores porque mostró que la biología celular en microgravedad no sigue un comportamiento simple ni lineal.
El resultado no autoriza la lectura apresurada de que el espacio “rejuvenece” el cuerpo humano. Lo que el estudio mostró fue una desorganización temporal y compleja de este marcador biológico, seguida de reajustes rápidos tras el regreso a la Tierra.
La propia NASA incluyó la dinámica de los telómeros entre los pocos factores que aún permanecían alterados al final del seguimiento, lo que refuerza el peso de este hallazgo para futuras misiones de larga duración.
Expresión génica bajo estrés reveló adaptación intensa del organismo al ambiente espacial
Otro núcleo decisivo del estudio fue el análisis de la expresión génica, es decir, de la forma en que el organismo activa o reduce la actividad de determinados genes en respuesta al ambiente.
La NASA informa que muestras recogidas antes, durante y después de la misión mostraron alteraciones importantes en Scott Kelly, mientras que Mark Kelly exhibió solo cambios dentro del rango considerado normal en la Tierra.
La mayor parte de estas alteraciones, cerca del 91,3%, volvió al nivel basal tras el regreso, pero un pequeño subconjunto permaneció diferente incluso después de seis meses.
Estos cambios se conectaron a otras señales observadas en el estudio, incluyendo respuesta a daño en el ADN, regulación de los telómeros, formación ósea y estrés inmunológico.
La NASA afirma además que parte del daño observado al ADN probablemente estuvo ligado a la exposición a la radiación, uno de los riesgos centrales del vuelo espacial prolongado. En términos prácticos, el resultado muestra que el cuerpo no se “apaga” en el espacio: entra en modo de adaptación continua, rediseñando procesos internos para soportar un ambiente extremo.
El sistema inmunológico permaneció funcional y el microbioma intestinal cambió de forma profunda
En el campo de la inmunología, el estudio trajo una noticia relevante para futuras expediciones. Según la NASA, Scott Kelly recibió tres vacunas contra la gripe en momentos diferentes, incluyendo una aplicación en el espacio, y el organismo respondió de forma adecuada.
Este resultado dio más seguridad a la agencia para considerar que el sistema inmunológico puede continuar funcional incluso en misiones prolongadas, algo crucial para tripulaciones que estarán meses lejos de la Tierra.

Al mismo tiempo, el microbioma intestinal de Scott quedó profundamente diferente durante el vuelo en comparación al período pre-misión. La NASA atribuye este cambio posiblemente a la alimentación de la estación y a otros factores específicos del ambiente espacial.
Después del retorno, la flora intestinal volvió al estado anterior al vuelo, lo que fue visto como una señal alentadora. Aun así, el estudio reforzó que el espacio afecta no solo tejidos y órganos humanos, sino también el ecosistema microscópico que ayuda a regular digestión, metabolismo e inmunidad.
La caída cognitiva apareció sobre todo después del aterrizaje y encendió alerta para misiones largas
Uno de los resultados más importantes para operaciones futuras apareció en la parte cognitiva. La NASA relata que, con pocas excepciones, el desempeño mental de Scott Kelly permaneció ampliamente estable durante la misión, incluso en pruebas de alerta, orientación espacial y reconocimiento emocional.
El problema más fuerte surgió después del aterrizaje, cuando hubo una caída más pronunciada en la velocidad y en la precisión de algunas tareas, persistiendo por cerca de seis meses.
Este detalle cambia la forma en que el tema suele ser resumido. El principal riesgo cognitivo señalado por el Twins Study no fue exactamente una degradación continua a lo largo del vuelo, sino una dificultad más marcada en la readaptación a la gravedad terrestre y al período inmediatamente posterior a la misión.
Para programas tripulados de exploración, esto es decisivo: astronautas que necesiten aterrizar y ejecutar tareas complejas justo después de meses en el espacio pueden requerir protocolos más robustos de recuperación y reacondicionamiento.
Estudio de la NASA se convirtió en pieza central en el debate sobre la Luna, Marte y límites biológicos de la exploración humana
La propia NASA describe la misión de Scott Kelly como un escalón científico para viajes aún más largos, incluyendo expediciones a Marte, que pueden consumir años entre ida, permanencia y regreso. El valor del Twins Study está justamente en mostrar que el cuerpo humano puede adaptarse al espacio, pero no sin costo biológico.
Varios sistemas regresaron al patrón anterior, sin embargo, otros dejaron señales persistentes que requieren monitoreo, contramedidas médicas y planificación operativa mucho más sofisticada.
En el balance final, el estudio no sostiene ni el alarmismo fácil ni el optimismo ingenuo. Lo que entrega es algo más útil y más serio: un mapa concreto de los ajustes que el organismo humano necesita hacer para soportar meses en órbita.
Para la exploración tripulada del espacio profundo, esto significa que la tecnología de navegación y propulsión no bastará por sí sola. La frontera también será biológica, y el Twins Study mostró, con datos reales, dónde comienza esta disputa.


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