La antigua Vila Amaury, inundada en 1959, expone estructuras, objetos y relatos que revelan la vida cotidiana de los trabajadores y el impacto de la creación del Lago Paranoá
Una transformación histórica marcó la construcción de Brasilia y, al mismo tiempo, dio origen a uno de los escenarios más curiosos del país, ya que la Vila Amaury, que albergó a cerca de 16 mil obreros durante la construcción de la capital, fue completamente sumergida en 1959 con la formación del Lago Paranoá. Este proceso creó una ciudad sumergida preservada a unos 15 metros de profundidad, que hoy funciona como un verdadero registro del pasado y, además, pasó a ser reconocida como un yacimiento arqueológico subacuático, donde los buceadores encuentran vestigios de la vida cotidiana de los pioneros. La presencia de cimientos, escaleras y objetos personales refuerza el valor histórico de la región y evidencia la dimensión de la antigua comunidad, que permanece viva en la memoria de la construcción de la capital.
La formación del lago alteró el destino de la comunidad
La Vila Amaury no era solo un alojamiento provisional, ya que contaba con iglesias, escuelas y un comercio activo, lo que caracterizaba una comunidad estructurada, aunque su ubicación en un valle determinó que el espacio fuera directamente afectado por la construcción de la presa. En el año 1959, con el avance de las obras y el cierre de las compuertas, la salida de los residentes se volvió obligatoria, aunque hubo resistencia, ya que muchos buscaban garantías de vivienda antes de abandonar el lugar. Según la profesora Maria Fernanda Derntl, de la Universidad de Brasilia (UnB), en una declaración al periódico O Globo, la ocupación ya se consideraba temporal desde el principio y, por lo tanto, la villa estaba destinada a desaparecer con la formación del lago. Con el rápido aumento del nivel del agua, que llegó a alcanzar las rodillas de los residentes, la NOVACAP ordenó la evacuación inmediata, lo que llevó a la reorganización de la población y contribuyó al surgimiento de regiones como Taguatinga, Gama y Sobradinho.
Objetos abandonados refuerzan el valor histórico
La retirada acelerada hizo que muchos residentes dejaran atrás objetos personales y, así, artículos como botellas, gafas, zapatos e incluso vehículos permanecen sumergidos hasta hoy, funcionando como testimonios materiales de aquel período. Actualmente, buceadores técnicos exploran la zona y registran estas estructuras, mientras que el fotógrafo Beto Barata, nacido en Brasilia, destaca que la experiencia va más allá de la actividad profesional e implica una conexión directa con la memoria de la ciudad. Según él, el lugar representa un depósito de recuerdos de los obreros, donde cada objeto encontrado revela parte de la historia de la construcción de la capital y refuerza la dimensión humana de este proceso.
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Las condiciones del lago exigen buceo técnico avanzado
El buceo en el Lago Paranoá exige preparación técnica, ya que la visibilidad es limitada y dificulta la navegación subacuática, lo que hace la actividad más desafiante. Según Beto Barata, esta característica contribuye a la formación de buceadores más experimentados, ya que el control de la flotabilidad y la orientación se vuelve esencial durante las exploraciones. En áreas más profundas, cercanas a la presa, el lecho puede alcanzar unos 40 metros de profundidad, y, en una de estas incursiones, se identificó un antiguo muelle a aproximadamente 37 metros, ampliando la comprensión sobre la estructura de la antigua villa y su organización.
El proyecto del Lago Paranoá consolidó la visión de JK
La creación del Lago Paranoá fue defendida por el presidente Juscelino Kubitschek, responsable de la construcción de Brasilia, quien consideraba el lago esencial para la ciudad, definiéndolo como el “marco líquido” de la capital. A pesar de los desafíos geológicos enfrentados durante las obras, dirigidas por la empresa Raymond Concrete Pile of the Americas, el proyecto se completó según lo planeado, lo que confirmó la viabilidad de la propuesta y consolidó el lago como parte fundamental del paisaje urbano. Ante las críticas iniciales, JK respondió directamente al éxito de la obra, reforzando el impacto de la construcción no solo en el aspecto urbano, sino también como símbolo de la ingeniería y de la consolidación de la capital.
Legado sumergido conecta pasado y presente
La antigua Vila Amaury permanece como uno de los principales registros históricos de la construcción de Brasilia, incluso sumergida, pues sus estructuras continúan revelando detalles de la vida cotidiana de los trabajadores y de la formación de la ciudad. La combinación de historia, ingeniería y memoria transforma el lugar en un punto de interés para investigadores y buceadores, al mismo tiempo que refuerza la importancia de preservar este patrimonio invisible que resiste bajo las aguas del Lago Paranoá, planteando una pregunta inevitable: ¿cuántas historias permanecen aún escondidas en este escenario silencioso?

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