Gobierno considera priorizar equipos de Europa, Rusia y China en futuras licitaciones, pero militares brasileños alertan sobre riesgos de dependencia e impacto en la logística de reposición
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva evalúa, según interlocutores del Palacio del Planalto, adoptar un boicot a equipos militares de Estados Unidos, repitiendo el modelo ya practicado contra Israel. La medida, sugerida por una ala radical del gobierno debido al tarifaço político de Donald Trump, ha sido discutida en las últimas semanas y ha provocado preocupación entre oficiales de las Fuerzas Armadas. El Ejército brasileño se opone a la propuesta, alertando sobre riesgos en la logística y en el suministro de piezas de reposición.
A pesar de las provocaciones recientes entre Lula y Donald Trump, las relaciones militares entre Brasil y Estados Unidos se mantienen estables, con ejercicios conjuntos programados para ocurrir en el Nordeste en las próximas semanas. Este ambiente de cooperación, según militares, contrasta con la posibilidad de ruptura en las compras de defensa.
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Planalto discute alternativas al mercado americano
De acuerdo con fuentes consultadas por el portal Radar de Veja, la orientación inicial del gobierno sería priorizar productos militares de Europa, Rusia y China en futuras licitaciones. El objetivo sería reducir la dependencia de proveedores norteamericanos en un contexto de tensiones políticas. Sin embargo, comandantes militares ven riesgos elevados en esta estrategia.
Según generales consultados, el boicot podría generar impactos logísticos inmediatos, ya que buena parte del arsenal brasileño es de origen americano. Esto incluye aviones, helicópteros y sistemas de armamento que requieren soporte constante de fabricantes de EE.UU. para mantenimiento y actualización tecnológica.
Dependencia de helicópteros y misiles norteamericanos
El Ejército Brasileño, por ejemplo, envió el año pasado una comitiva a los Estados Unidos para negociar la compra de veinte helicópteros H-60L Black Hawk, aeronave considerada esencial en operaciones militares y humanitarias. Además, en marzo de este año, el gobierno brasileño firmó un contrato de US$ 74 millones para adquirir misiles Javelin, junto con piezas de reposición, equipos de apoyo y paquetes de entrenamiento.

Para oficiales consultados por Radar, cualquier interrupción en las negociaciones con Washington podría comprometer contratos ya firmados y dificultar el suministro de suministros críticos, perjudicando la prontitud operacional de las Fuerzas Armadas.
Gobierno aún no ha confirmado posición oficial
Hasta el momento, el Planalto no ha oficializado la decisión. Interlocutores cercanos a Lula afirman que el presidente ha mostrado simpatía por la propuesta, pero aún evalúa los impactos estratégicos antes de tomar una posición definitiva. Mezclar disputas políticas con acuerdos militares es visto con cautela dentro de la caserna, que busca preservar la cooperación técnica con socios extranjeros independientemente de tensiones diplomáticas.
La información fue divulgada por la columna Radar, de Veja, en un reportaje firmado por Robson Bonin. El texto destaca que el gobierno aún no ha establecido un cronograma o una directriz formal sobre la posible restricción.
Relaciones bilaterales en punto de atención
Analistas militares consultados por la prensa apuntan que un rompimiento en las compras de defensa con EE.UU. podría afectar no solo el suministro de equipos, sino también programas de entrenamiento, intercambio y ejercicios conjuntos, que son vistos como estratégicos para mantener la interoperabilidad de las fuerzas.
En este escenario, la caserna sigue atenta a los desarrollos políticos, mientras presiona para que eventuales cambios consideren la necesidad de preservar la capacidad operacional y la integración internacional de las Fuerzas Armadas.

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