En Barcelona, caminatas térmicas con sensores midieron el calor urbano a nivel de la acera, revelaron cómo los árboles, la sombra, el asfalto y los edificios cambian la temperatura sentida y ayudaron a identificar lugares donde caminar o esperar transporte se vuelve más difícil en días calurosos, una realidad que recuerda la rutina de muchas ciudades brasileñas y refuerza la importancia de más comodidad para quienes se desplazan a pie.
Más de 300 personas participaron en caminatas térmicas en Barcelona para medir el calor donde realmente pesa, en las aceras, plazas, calles y puntos de paso utilizados todos los días. La campaña de verano de 2024 realizó 52 caminatas y contó con 481 participantes en cinco áreas.
La información fue divulgada por la Universitat de Barcelona, institución pública española de enseñanza e investigación. Los participantes usaron sensores para registrar la temperatura y también relataron cómo sentían el calor en cada tramo del camino.
El resultado ayuda a explicar una situación común en las ciudades: una acera con árboles puede ser mucho más cómoda, mientras que otra, a pocos metros, se convierte en un espacio difícil de atravesar debido al sol directo, el asfalto y la falta de sombra.
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Caminatas térmicas muestran el calor en el lugar donde las personas pasan
El proyecto reunió a residentes para elegir los espacios que más forman parte de la rutina de cada barrio. Calles, plazas, parques y caminos utilizados para ir al trabajo, a la escuela o al transporte entraron en las observaciones.

Luego, los grupos realizaron caminatas con sensores. Estos equipos registraron la temperatura durante el trayecto y ayudaron a mostrar lo que una aplicación de clima muchas veces no puede explicar, la diferencia de calor entre puntos muy cercanos.
Los participantes también evaluaron el confort térmico, expresión utilizada para describir si un lugar parece soportable o agotador para caminar, esperar o permanecer por algunos minutos.
Esta combinación de medición y experiencia real permitió ver cómo el calor urbano afecta cada espacio. Una temperatura general para toda la ciudad no muestra, por ejemplo, el impacto del sol en una acera sin árboles.
Cinco áreas de la región metropolitana entraron en el mapa del calor urbano
Las caminatas pasaron por Congrés i els Indians y Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera, en Barcelona. También incluyeron Collblanc y Torrassa, en L’Hospitalet de Llobregat, además de Sant Vicenç dels Horts y Montcada i Reixac.
La Universitat de Barcelona, institución pública española de enseñanza e investigación, registró la participación de 481 residentes durante las 52 caminatas térmicas de la campaña de verano de 2024.
Cada área presentó usos diferentes de las calles y de los espacios públicos. Algunas rutas involucraban aceras más expuestas, mientras que otras tenían lugares de sombra o vegetación que cambiaban la sensación de calor.
El trabajo no midió solo el número mostrado por el sensor. Consideró cómo residentes de edades y perfiles diferentes enfrentan el calor en la vida real, lo que ayuda a entender qué lugares requieren más atención.
Las islas de calor hacen que una caminata simple se vuelva más pesada
Las islas de calor urbano surgen cuando áreas con mucho concreto, asfalto, coches y edificios acumulan calor. Esto hace que el ambiente sea más cálido, especialmente en lugares con poca vegetación y poca circulación de aire.
Quien camina a pie suele sentir este efecto de forma más directa. Una persona puede salir de una calle arbolada y encontrar, justo después, una avenida sin sombra, con suelo caliente y sol golpeando todo el cuerpo.
La diferencia no está solo en la temperatura marcada en un termómetro. También aparece en la sensación de cansancio, en la dificultad de esperar autobuses y en la incomodidad de atravesar espacios abiertos durante períodos de calor intenso.
Por eso, el calor urbano necesita ser observado a nivel de calle. Es allí donde los residentes caminan, trabajan, hacen compras, llevan a los niños a la escuela y usan el transporte público.
Árboles, sombra y lugares de descanso pueden reducir la exposición al calor
El levantamiento ayuda a señalar dónde la ciudad puede estudiar respuestas para reducir la incomodidad. Arborización, estructuras de sombra, fuentes, cambios en el suelo y áreas para descanso son posibilidades que pueden ser evaluadas en cada lugar.
Una calle muy expuesta al sol puede necesitar más árboles. Una parada de autobús puede requerir cobertura. Una plaza con suelo que se calienta demasiado puede necesitar soluciones que reduzcan la permanencia directa bajo el calor.
No existe una medida igual para todos los barrios. Lo que funciona en una acera arbolada puede no resolver el problema en una avenida ancha, llena de concreto y sin espacio para sombra.
Los sensores ayudan precisamente porque muestran dónde el problema es mayor. Con datos sobre la temperatura percibida por los peatones, la planificación urbana puede enfocarse en situaciones que normalmente permanecen ocultas en mapas generales de clima.
El verano brasileño ayuda a entender el problema de Barcelona
La experiencia de Barcelona recuerda situaciones comunes en Brasil. Esperar en una parada de autobús sin cobertura, caminar al trabajo bajo un sol fuerte o atravesar una plaza sin árboles puede transformar unos pocos minutos en un trayecto agotador.
En días calurosos, la movilidad cambia. Algunas personas evitan caminar, hacen pausas más largas o buscan rutas con sombra, incluso si son más largas. Esto muestra cómo calor y movilidad están ligados en la rutina de quienes dependen de las calles.
Una ciudad preparada para altas temperaturas no depende de un solo cambio. Puede ofrecer árboles, sombra, agua, bancos y caminos más cómodos para quienes necesitan circular a pie.
Las caminatas térmicas de Barcelona muestran que el calor no se distribuye de manera igual por toda la ciudad. Dos aceras vecinas pueden ofrecer experiencias muy diferentes, incluso bajo el mismo día de sol.
Los datos ayudan a ver dónde está el problema y por qué pequeños cambios en el espacio urbano pueden hacer la diferencia para residentes, trabajadores y pasajeros. Medir el calor a nivel de la acera también ayuda a pensar en ciudades más humanas para quienes caminan.
En tu ciudad, ¿qué lugar se vuelve más difícil de atravesar con el calor y qué podría hacerlo más soportable para quienes dependen de ese camino todos los días? Comparte tu experiencia en los comentarios.
