Un Fiat Uno antiguo recibió motor eléctrico reutilizado de BYD, caja de cambios manual, batería de Volvo y controladora genérica en un proyecto casero que necesitó rebobinar el motor, lidiar con corriente alta y probar en la calle si la adaptación realmente podría andar.
Funcionó de verdad.
El Fiat Uno aún tenía aspecto de coche antiguo, ruidos de lata, freno pesado y ajustes pendientes. Pero, cuando el motor eléctrico comenzó a girar y el coche se movió casi sin ruido, el taller se convirtió en escenario de una transformación improbable.
La idea parecía simple en el papel, pero estaba llena de obstáculos. En el video publicado por el canal LetraJota en YouTube, el equipo responsable del proyecto muestra, en un taller mecánico, la etapa práctica de la conversión de un Fiat Uno en coche eléctrico: instalar un motor reutilizado de BYD, ya rebobinado para trabajar en baja tensión, y acoplarlo a la caja de cambios manual del coche.
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La grabación registra el montaje el 3 de junio, cuando el conjunto con controladora genérica de bajo costo y baterías reutilizadas fue instalado para verificar si el Uno podría moverse aún en esa fase del proyecto.
El desafío estaba en el corazón de la adaptación. El motor original trabajaba en 300 V, mientras que la controladora elegida funcionaba entre 70 V y 100 V. Para que el proyecto despegara, no bastaba solo con encajar piezas. Era necesario alterar el funcionamiento del motor para que pudiera responder a una nueva realidad eléctrica.
Motor de 300 V necesitó ser rebobinado antes de entrar en el Uno

Antes de llegar a la prueba en la calle, el motor pasó por una etapa decisiva. Según la propia transcripción del video, el conjunto necesitó ser estudiado internamente para que las conexiones fueran comprendidas y el motor pudiera ser rebobinado.
La meta era adaptar el equipo para un rango de tensión más bajo, sin perder el máximo posible de potencia. Con esto, los cables pasaron a ser más gruesos, ya que la corriente sería cerca de tres veces mayor que la aplicada originalmente.
Después de eso, vino la parte mecánica. El grupo fabricó una brida de acero para unir el motor a la caja de cambios y también un eje para conectar el rotor al conjunto del Fiat Uno. Era el puente entre dos mundos: un motor eléctrico moderno y un coche popular antiguo, hecho originalmente para combustión.
En la bancada, el sistema ya había funcionado. Pero la prueba real era otra. Colocar todo dentro del coche, conectar las baterías, engranar marcha y descubrir si el Uno se movería.
La caja de cambios manual se convirtió en parte de la experiencia

Una de las dudas del proyecto era cómo reaccionaría la caja de cambios manual al motor eléctrico. En un coche de combustión, el cambio de marcha depende del giro del motor, de la rotación de los engranajes y del sincronismo entre las piezas. En el Uno eléctrico, la lógica cambió.
Como el rotor del motor era ligero, con poco más de 2 kg según la conversación del vídeo, la caja de cambios no sentiría el mismo peso de un motor de combustión con cigüeñal, volante y pistones. La expectativa era que las marchas entraran con más facilidad.
El grupo también discutió recursos electrónicos que podrían ser programados en la controladora, como freno motor y regeneración. La controladora fue tratada como el cerebro del sistema, responsable de organizar buena parte del comportamiento del motor.
Aun así, el proyecto estaba lejos de ser simple. Además del motor rebobinado, había una batería reutilizada de Volvo, una controladora que habría costado cerca de R$ 4 mil y una serie de adaptaciones hechas en el taller.
Baterías, cables e improvisaciones marcaron el montaje

En la instalación, el Uno recibió baterías posicionadas en la parte delantera. Cada unidad fue citada con cerca de 13 kg, y el grupo discutió que cuatro baterías podrían acercarse al peso del conjunto original de motor y caja de cambios, estimado en torno a 70 kg.
La preocupación no era solo hacer que cupiera. Era distribuir el peso, evitar que la parte delantera del coche quedara desbalanceada y pasar los cables de forma funcional. En medio del montaje, aparecieron detalles típicos de un prototipo: cable de tierra roto, dudas sobre el positivo de la llave, frenos revisados a toda prisa, tornillos, abrazaderas y piezas reutilizadas.
También hubo una advertencia importante sobre baterías. En determinado momento, dos unidades tenían una diferencia de 0,6 V entre sí, suficiente para generar una corriente de 8 A entre ellas. El grupo comentó que, si una batería estuviera completamente descargada y otra completamente cargada, el riesgo sería mucho mayor.
Era una prueba de taller, no un coche listo. Pero el momento decisivo llegó cuando encendieron el sistema en neutro y el motor giró.
El Uno se movió y sorprendió en la subida
La primera salida fue cautelosa. Uno aceleraba, otro estaba en el freno, y el coche comenzó a moverse poco a poco. Con solo el 15% de activación en el modo inicial, el Uno ya se movía.
Luego, el ajuste fue a una configuración más fuerte. El grupo mencionó 600 A de batería y 1200 A de fase, con una estimación teórica de 55 caballos. En la práctica, ellos mismos evaluaron que el controlador usado en ese momento probablemente no entregaba todo, hablando de algo cercano a 30 a 40 caballos durante la prueba.
Aun así, el coche se movió. En primera marcha, alcanzó alrededor de 60 km/h. Luego, subió una calle inclinada, arrancó en subida detenido en medio de la colina y rodó en segunda marcha, cuando el ruido de la caja de cambios disminuyó.
El contraste llamaba la atención. Por fuera, era un Uno antiguo. Por dentro, la experiencia recordaba a un coche eléctrico improvisado, silencioso y extraño justamente porque el motor casi no hacía ruido. Lo que quedaba eran los ruidos del propio coche, antes ocultos por el motor de combustión.
La prueba también mostró los límites del proyecto
La emoción vino acompañada de cautela. El controlador se calentó después de las aceleraciones, y el motor aún estaba sin un sistema definitivo de refrigeración. El grupo llegó a echar agua para reducir la temperatura y continuar la prueba, siempre dejando claro que el conjunto aún no era la versión final.
También hubo preocupación con el freno, con los comandos eléctricos del coche y con el propio montaje. El Uno se movió, subió y sorprendió, pero aún necesitaba ajustes para dejar de ser una experiencia de garaje y acercarse a un proyecto confiable.
La gracia del video está justamente en esa tensión. No es solo un coche antiguo convertido. Es un intento de demostrar, en la práctica, que piezas reutilizadas, ingeniería casera y mucho improviso pueden poner un vehículo eléctrico en marcha.
Al final, el Uno eléctrico no impresiona solo por moverse en silencio. Llama la atención porque muestra la distancia entre hacer girar un motor en el banco de pruebas y transformar eso en un coche que sube colinas, cambia de marcha, se calienta, requiere frenos y revela todos los problemas que la teoría suele ocultar.
